DALLAS -- Llegó el momento de que los Dallas Cowboys deben buscarse otro entrenador en jefe y quizá cambiar a la gran mayoría de los asistentes.
Es un hecho que el tiempo de Jason Garrett al mando de los Cowboys debería terminar la próxima semana en cuanto pite el árbitro con la última jugada del partido contra los Washington Redskins en Arlington.
Garrett ha recibido más oportunidades que ningún otro entrenador en la “era Jerry Jones” para demostrar que puede regresar a este equipo a las épocas de gloria o al menos a ganar “algo”.
Sin embargo, el domingo siguiente los Cowboys de Garrett van a cerrar temporada fuera de playoffs por quinta ocasión en los seis años bajo su gestión.
Peor aún, es un entrenador que parece que ya perdió la credibilidad entre sus jugadores; una credibilidad en todos los aspectos que poco a pocos se ha ido mermando al punto que ya suceden cosas que por respeto al mismo deporte del futbol americano deberían ser impermisibles.
No se trata de despedir jugadores para poner ejemplos con pretextos tan simples como la falta de disciplina al no vestir de traje durante un viaje, como sucedió en los casos del corredor Christine Michael y el esquinero Corey White.
Tampoco se trata de echar gente porque se grita con los compañeros, como parece que sucedió en el caso del esquinero Tyler Patmon, quien jugaba al menos con mucha más energía y ganas que varios de sus compañeros “estrellas”.
Se trata de sacar del campo a jugador que hace tiempo se rindieron, que ya no quieren jugar, que huyen del contacto o que evitan tacklear a cualquier precio, a pesar de que cobran mucho, pero mucho dinero.
Los entrenadores en Dallas deberían haber desequipado a jugadores incapaces de cubrir, de hacer buenas trayectorias, de correr con ángulo de persecución o cualquier otro fundamento que cualquier jugador desde categorías infantiles ha aprendido.
Hace tiempo que Garrett y sus asistentes deberían haber sacado del campo a jugadores que cometen los mismos errores de manera rutinaria.
Ejemplo hay muchos. El esquinero Brandon Carr parece que decidió nunca más tratar de “sacrificar el físico” para bajar a tacklear o hacer algún contacto.
Este domingo, en la derrota que frente a los Bills alguien comentó en Twitter “si no le daba pena que su familia lo viera jugar así”, después de que se tiró al piso cuando el corredor pasaba junto a él.
Rolando McClain tampoco quiere jugar ya, como ha sucedido en diversas ocasiones. Su evidente nivel de apatía este domingo en Buffalo era más que evidente, luego de que hace una semana en el partido contra los New York Jets dijo tener síntomas de conmoción cerebral y quedó fuera del juego.
Los médicos de los Cowboys no vieron tal cosa. McClain incluso pasó el protocolo de conmociones cerebrales de la liga entre lunes y martes, porque el miércoles ya estaba libre para entrenar.
A la ofensiva debutaron este domingo al quarterback Kellen Moore, quien mostró más motivación, coraje y ganas de jugar vertical que los dos reemplazantes de Tony Romo anteriores, Brandon Weeden y Matt Cassel.
Pero sus precarias condiciones físicas y de futbol americano para el nivel NFL tampoco le ayudaron.
Tomó malas decisiones, su brazo necesita más fuerza para lanzar el balón y evitar que la defensiva secundaria se recupere en algunas coberturas, así como mayor habilidad para moverse y sentir la presión atrás de él.
Garrett también debe mostrar mayor carácter, agresividad, en los partidos. ¿Cómo es posible que en situación de cuarta y tres yardas por avanzar en territorio enemigo, cuando el partido aún está en la línea, mande despejear, en un equipo que en ese momento tenía marca de 4-10?
Al final, la ofensiva, defensiva y entrenadores de los Cowboys fueron más de lo mismo: Incapaces de generar puntos, en especial en zona roja, y de detener al ataque rival en los momentos más trascendentes de los últimos minutos de juego.
“Es decepcionante. Parece como que hemos jugado este partido 10 veces”, comentó el vicepresidente de los Cowboys Stephen Jones después de que perdieron su décimo primer juego de la campaña. “Estamos ahí, estamos peleando, pero desafortunadamente no movemos el balón y simplemente no hacemos las jugadas para ganar al final”.
Cuando las situaciones y errores son tan repetitivos de ambos lados del balón, y hay claro desgano de varios jugadores que se supone deberían ser la “espina vertebral” de un equipo que se suponía era contendiente a Super Bowl, entonces hay que voltear a ver a la cabeza.
Garrett ha sido incapaz de ajustar en todos los aspectos, incluido a sus principales coordinadores. Y si el argumento es la falta de Tony Romo, entonces están peor aún.
Llegó el momento en que los Cowboys tienen que comenzar a pensar en otra solución y otro líder al frente del equipo, desafortunadamente porque Garrett tarde o temprano será un gran entrenador en jefe.
Lástima para su afición que los Cowboys han tenido que pagar por su proceso de aprendizaje, que aún ni siquiera supera.
Por lo pronto, es muy, pero muy poco probable que Garrett se vaya, según el dueño y gerente general del equipo, Jerry Jones, así que ojalá por el bien de su fiel afición que pueda recuperar la credibilidad que en realidad nunca ha tenido al 100 por ciento.
