Estudiantes y la hazaña del tricampeonato con mística copera

El maestro rompió el molde. Cortó la siesta. Impuso mirar videos. Terminó con los almuerzos largos. Implementó las concentraciones. Al principio lo miraron como un bicho raro. Pero a fuerza de triunfos, Don Osvaldo Zubeldía logró la hazaña de que un club humilde, como lo era hasta entonces Estudiantes de La Plata, lograra conquistar tres veces consecutivas la CONMEBOL Libertadores. Ocurrió el 27 de mayo de 1970. Pero la historia se empezó a escribir antes...

En 1965, Estudiantes de La Plata contrató a Osvaldo Zubeldía, quien comenzó a armar un equipo apostando a una camada de jóvenes formados en el club, entre los que se destacaban Juan Ramón Verón, Oscar Malbernat, Carlos Pachamé y Eduardo Flores.

Dos años después, el Pincha ganó el Torneo Metropolitano rompiendo de esa forma la hegemonía que habían impuesto los cinco grandes del fútbol argentino. Y un año más tarde inició una inigualable conquista de América ya que Estudiantes fue campeón de la Copa Libertadores durante tres años consecutivos: 1968, 1969 y 1970.

¿Cómo lo logró? A lo largo del tiempo muchos de sus dirigidos revelaron algunos secretos. “El gran inspirador fue Zubeldía. Fue el creador de esta mística porque nunca dio por perdido un partido, un campeonato, nada. Nos inculcó el entrenamiento, la disciplina, la concentración, el discutir. Fue un maestro de verdad. Nos inculcó el nosotros en lugar del yo”, expresó Raúl Madero.

Juan Ramón Verón dijo en el libro de la historia de la Copa Libertadores de la CONMEBOL: “Fue el primero en hacer pretemporadas en la playa. El primero en las concentraciones, en el trabajo de pelota parada, en sacar todo tipo de pequeñas ventajas”.

Y Carlos Bilardo expresó: “Zubeldía era un adelantado. Todo lo que decía en los '70 se hace ahora. Nos hacía mirar videos en una época en la cual estaba mal hacer ese tipo de cosas”.

El recuerdo de la consagración en 1970

Como campeón de la edición anterior, Estudiantes accedió directo a las semifinales de la CONMEBOL Libertadores de 1970 donde se topó con River Plate. El primer partido se jugó en el Monumental y el Pincha ganó por 1-0 con gol de Verón. En la revancha, Estudiantes no dejó dudas y ganó por 3-1.

De ese modo clasificó a la final donde lo esperaba un grande del continente como Peñarol.

El elenco aurinegro llegó diezmado a la definición debido a que había perdido muchos jugadores que fueron convocados para defender a la Selección de Uruguay en el Mundial de México 1970. En ese sentido, ocho de sus habituales titulares fueron a la Selección, a saber: los dos arqueros Mazurkiewicz y Walter Corbo, Roberto Matosas, Pedro Virgilio Rocha, Omar Caetano, Julio César Cortés, Julio Losada y Rodolfo Sandoval. Por si fuera poco, Pablo Forlán fue vendido a San Pablo.

El partido de ida se jugó el 21 de mayo en el estadio de las calles 1 y 57, escenario que fue testigo de grandes hazañas. Aquel partido fue uno más. Estudiantes no tenía forma de romper el cerco defensivo que le planteó Peñarol hasta que Néstor Togneri probó con fuerza desde 30 metros y clavó la pelota en un ángulo del arco de Pintos marcando el golazo que fue determinante para ganar la Copa.

La revancha se disputó el 27 de mayo de 1970 en el Estadio Centenario. Estudiantes aguantó a pie firme cada ataque de Peñarol y el 0-0 final le permitió ganar por tercera vez consecutiva la Copa Libertadores.

Don Osvaldo Zubeldía explicó el éxito diciendo: “Estudiantes se formó extrayendo lo bueno de todos los adversarios, pero lo fundamental es actualizarse. Si en los Juegos Olímpicos se quiebran récords, ¿por qué en el fútbol no puede aprenderse una cosa nueva tras cada confrontación obligando al jugador a superarse? Yo creo en los genios, creo en la creación, en la inspiración, en el fútbol alegre, en el juego de ataque, pero fundamentalmente creo que en el trabajo. Sin materia prima, sin el valor humano, el trabajo tiene un valor limitado. Un factor importantísimo fue interpretar el entusiasmo que íbamos generando sin agradarnos. Como tanto el profesor Kistenmacher como yo manteníamos la conducta, los jugadores tenían el espejo de cómo comportarse”.