LaLiga: El corazón castigó a la desidia del Barça

El Espanyol creyó hasta el último suspiro y el Barça, con una desidia inexplicable cuando tenía el partido en sus manos, se dejó la victoria cuando la abrazaba, más por lógica que por merecimientos. El Barça trató el derbi como si fuera un partido de entreguerras, como un ejercicio de obligado cumplimiento y su poca garra le acabó castigando.

Al grito de 'Sí se puede' despidió la hinchada 'periquita' a sus jugadores, eufórica a pesar de que su Espanyol sigue siendo colista y de que sigue sin conocer la victoria como local. Por una vez no le hizo falta ganar al equipo blanquiazul para sonreír mientras que en el bando azulgrana, como se suponía, el empate le provocó un cortocircuito de difícil explicación.

Si dijo en la víspera Ernesto Valverde que esta clase de partidos se ganan con el corazón. El Barça se dejó ese corazón en casa. Si la diferencia, a todos los niveles, entre los dos clubes se antoja hoy por hoy enorme, se vivió un derbi como antaño en terreno periquito, donde la grandeza de uno queda empequeñecida por la ilusión del otro. Las ganas y amor propio de un Espanyol que si cada derbi lo quiere pelear hasta el último suspiro, esta vez tenía, además, la urgencia llamando a la puerta.

Y al bueno de Abelardo Fernández le costó menos de una semana convertir un vestuario deprimido en un ejército entregado a la causa, que entró en el partido revolucionado, disfrutó de un primera parte idílica y que no se entregó cuando tras el 1-2 parecía condenado a sumar una nueva decepción.

El Espanyol peleó hasta el último suspiro por evitar la derrota mientras, enfrente, al Barça daba la sensación de bastarle con el 1-2 para irse contento a casa. Sin rabia ni ganas, perdonando hasta dos ocasiones claras por medio de Suárez sin que ello provocase una tímida rebelión entre sus jugadores y con De Jong expulsado por tener que multiplicarse en facetas defensivas porque el equipo, el colectivo, no le daba más fortaleza a su razón de ser.

Al Barça le condenó su apatía y conformismo. El fútbol, o la ausencia de fútbol, le castigó en una recta final que mostró a un líder de barro, que mantiene la primera posición por su mejor diferencia de goles pero que respondió a la goleada del Real Madrid en Getafe con una debilidad impropia de quien quiere ser campeón.

Son partidos que desde la óptica azulgrana pasarán a un segundo plano si al final del campeonato no evitan el título... Pero que, de momento, quedan marcados como explicación a una personalidad alejada, demasiado, de lo que debería. Porque el Barça necesita fútbol y también corazón. Cuando no tiene de uno, necesita demasiado de lo otro porque sino... No alcanza.