¿Debería preocuparle a Atlético que Simeone siga los pasos de Wenger de cara al derbi de Madrid?

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Incluso durante la semana previa al importantísimo derbi madrileño, potencialmente decisivo en su carrera, y con su equipo primero en la tabla, como lo ha estado prácticamente toda la temporada, hay lecciones que el técnico de Atlético de Madrid, Diego Simeone, puede aprender del ex DT de Arsenal, Arsene Wenger. Está la lección de evitar "conformarse" y no tener miedo de conquistar los desafíos más grandes. La lección de no satisfacerse con lo "seguro" en vez de atreverse a soñar. Y la lección de no permitir que el éxito financiero, y sus recompensas personales asociadas, amortigüen esa actitud de "el que arriesga, gana", sin la cual la verdadera gloria sería imposible de alcanzar.

Si dejamos de lado el primer amistoso de Inglaterra, el Charity/Community Shield, Wenger ganó 10 copas importantes en 22 años en Arsenal. Durante los nueve años completos que Simeone lleva a la cabeza del Atleti, el argentino ha inspirado a los rojiblancos a siete (tres de ellas en Europa), quizá el mejor ciclo en la historia del club.

Simeone ya es el entrenador más victorioso en los 118 años de existencia del Atleti, y ahora, mientras sus tropas compiten por el primer título de liga del club desde 2013-14, deben enfrentarse cara a cara con su archirrival, Real Madrid, una vez más.

Es un derbi que le ofrece a Atleti una oportunidad de oro para sacar ocho puntos de ventaja en la punta de La Liga, con un partido en mano y 13 por delante. Una gran oportunidad, ¿verdad? La clase de desafío que te llena la sangre de endorfinas; el instinto de "lucha" le advierte a su hermano "huida" que desaparezca para que la mentalidad guerrera pueda tomar el control. ¿O es un momento de nervios y excitación, o "squeaky bum time", como diría el legendario Sir Alex Ferguson, de Manchester United? ¿Será el tipo de amenaza/oportunidad que últimamente vuelve a Simeone más conservador, temeroso y reacio a correr riesgos?

La realidad es que estas últimas temporadas Atleti se ha encogido ante esta clase de desafíos -- no ha tenido lo que hay que tener. Uno empieza a sentir que el equipo, y Simeone, podrían estar atravesando una Wenger-ización.

Han pasado cinco años desde la última vez que Atleti superó a Madrid en La Liga; seis años desde que logró imponerse de local. Son estadísticas horribles. Seguro, los colchoneros superaron a Barcelona 1-0 a principios de esta temporada, pero eso también era algo que venían debiendo hacía tiempo -- fue el primer triunfo de Simeone en 18 partidos de La Liga contra los catalanes, ¡período que vio pasar a ocho DTs diferentes por Barça! Otra estadística horrible.

Pero con las notables excepciones de una emocionante victoria por 4-2 sobre Madrid en la final de la Supercopa de Europa 2018 y la conquista de la Europa League unos meses antes, la incapacidad de Atleti de producir grandes actuaciones en los grandes partidos desde que perdió la final de la Champions League 2016 está empezando a pintarlo como un equipo que se queda en blanco.

¿Es por su DT? El técnico de PSG, Mauricio Pochettino, ex compañero de Simeone en el fútbol internacional, me dijo recientemente que anhela que sus jugadores sean "lobos, no perros domésticos". ¿Será que Simeone, como Wenger, se ha domesticado?

En 2017, Atleti perdió el partido de ida de las semifinales de la Champions League contra Madrid 3-0. La serie estaba prácticamente definida y la final fuera de alcance después de apenas 90 minutos, y ni siquiera un triunfo por 2-1 en la vuelta pudo salvarlos.

Un año más tarde lograron un excelente triunfo por 3-0 sobre Marsella en la final de la Europa League, pero la oportunidad sólo cayó en su regazo porque cayeron de locales contra Chelsea y perdieron cuatro puntos contra el humilde Qarabag de Azerbaiyán para quedar terceros en el Grupo C de la Champions League.

En 2019, el equipo de Simeone fue vapuleado 4-0 en el Signal Iduna Park por Borussia Dortmund y los dos equipos quedaron empatados en la punta del Grupo A, pero Atleti perdió por criterio de desempate y tuvo que enfrentarse a Juventus en octavos por haber terminado segundo. Luego de imponerse 2-0 en la ida, viajaron a Turín y quedaron eliminados por una paliza de 3-0 -- un resultado profundamente ignominioso para un equipo cuya marca registrada siempre ha sido su gran capacidad de defender una ventaja de un gol y ganar 1-0.

La temporada pasada, en medio de los cambios impuestos por la pandemia de coronavirus, no lograron imponerse en su serie de octavos contra Liverpool, pero gracias a un error de Adrian, arquero suplente de los Reds, y una breve aparición ganadora del suplente Marcos Llorente, quien marcó dos goles en la prórroga, lograron avanzar con un resultado global de 4-2. Sin embargo, luego sufrieron una derrota por 2-1 ante RB Leipzig en cuartos de final tras el gol de Tyler Adams en el cierre.

Los dos partidos más importantes de Atleti esta temporada sólo han reforzado su creciente perfil de ser un equipo que sabe ganar contra equipos más flojos o debilitados, pero que no es implacable o capaz de "sobrevivir a cualquier costo". Primero fue desmantelado 4-0 en Múnich por el campeón reinante en el Grupo A de la Champions League, y luego Madrid lo hizo lucir ingenuo como un niño y ágil como un jubilado en su triunfo por 2-0 en el Estadio Alfredo Di Stéfano en diciembre.

Lo preocupante, por encima y más allá de sus incruentas actuaciones en partidos que pueden ser vías de acceso a campeonatos, es que Simeone esté camino a un declive como el de Wenger, perdiendo el "filo" por jugar demasiado "cómodo". Por más sobresaliente que siempre vaya a ser el legado del francés en Arsenal, Wenger empezó a alejar al equipo, al club, y sus propias ambiciones del éxito cuando Arsenal encaró la construcción de un ambicioso y carísimo estadio nuevo. ¿No les hace sonar alguna alarma, hinchas de Atleti?

Arsenal y su entrenador sin dudas tenían la responsabilidad de ganar tanto dinero como fuese posible en cada oportunidad, pero el objetivo de Wenger comenzó a ser quedar dentro del "top 4". No era ganar el título, no era ganar la Champions League. No. El objetivo terminar cuartos en la liga para garantizar el dinero que ingresa de la competencia europea durante otra temporada.

En 2012, Wenger, el entrenador que había conquistado el mítico "Doble" en 1998, que había tenido el coraje suficiente para ir cabeza a cabeza con Ferguson y para quien los "Invencibles" de 2003-04 avanzaron una y otra vez, comenzó a decir que "clasificar a la Champions League ya era como un trofeo".

No, para nada. Es vital, es lucrativo y puede que sea la clave para que un entrenador conserve su puesto – pero no es y nunca será lo mismo que ganar un trofeo. Si confundes el esfuerzo brutal que requiere ser “ganadores” con los cálculos necesarios para ser exitosos financieramente y en términos deportivos, ya estarás muerto a medias.

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Wenger duró más de seis años, período durante el cual Arsenal no fue competitivo de cara al título inglés; el standard que pasó a apuntar a ser "los segundos mejores" fue lo suficientemente bueno para el club hasta que inevitablemente no lograron quedar dentro de los primeros cuatro en 2017 y desde entonces no han podido ser parte de la Champions League.

Fue un deterioro lento y debilitante; fue un detrimento triste de ver y un declive que aún ahora no se encuentra ni cerca de estar completamente recuperado. Por supuesto, todo esto tiene que contrastarse con el hecho de que 20 clasificaciones consecutivas a la Champions League y múltiples victorias en la FA Cup, les significaron miles de millones de dólares a un club que tiene una nómina salarial de gran tamaño, que ha intentado competir por fichajes decentes y que ha construido un impresionante estadio de £390m (alrededor de unos £590m si hablamos de un valor actual).

Para 2017, cuando Atleti inauguró su estadio Wanda Metropolitano les había costado €310m. Incluso con la transferencia de jugadores, la venta de su antiguo estadio Vicente Calderón y el préstamo de las instalaciones, este logro no se hubiese materializado sin los €530m provenientes de ganancias de la UEFA tras los logros de Simeone en el fútbol europeo desde que se sumó al club.

Tanto en términos financieros como en cuanto a trofeos, Simeone es el "Niño Mimado" de Atlético Madrid, pero ese record en partidos importantes que he detallado más arriba ha encontrado su punto más bajo la semana pasada contra Chelsea.

Atleti no sólo se vio humillado, sino que además toda la estrategia fue cobarde. Tras la decepción de perder cinco puntos en dos partidos contra Levante – y tras ver lo que en un momento fue una ventaja en la cima de La Liga reducida a tres puntos para sentir el caliente y feroz aliento de Real Madrid en el cuello -- Simeone planteó el partido "de local" ante Chelsea como si Atleti fuese un club pequeño. Su formación fue 5-3-2… ¡pero Los Rojiblancos en general defendieron con seis!

Chelsea sabía que un Luis Suarez de 34 años no iba a poder correr con velocidad 30 metros hacia un espacio sin cobertura, adivinó que Simeone iba a cometer la tontería de mantener a Moussa Dembélé en la banca y que Marcos Llorente, que brilla corriendo detrás de las defensas y creando oportunidades de cara al arco, iba a quedar relegado al extremo derecho (lo cual fue un error calamitoso). Por lo que los Blues defendieron arriba, presionaron al fondo de Atleti y ganaron todas las apuestas tácticas que hizo el entrenador, Thomas Tuchel. Ganaron por 1-0, con un gol de visitantes.

Podría decirse que fue la actuación mas débil y menos aceptable de toda la era Simeone. Si un entrenador en preparación intentando ganarse su licencia de la UEFA mostrara esta clase de torpeza táctica y estratégica, hubiese fallado antes de que le dijeran que regrese el siguiente año luego de hacer el trabajo correspondiente para mejorar.

El fin de semana pasado, de visita ante Villarreal, Atleti resurgió: duro, reconocible y firmemente comprometido para conservar lo poco que quedaba de su ventaja en La Liga, se quedó con un botín de tres puntos que podría terminar siendo el más importante de su temporada.

Después de conceder en ocho partidos seguidos, el peor record en todo el reinado de Simeone, de repente llegó un juego en el que no permitieron que sus rivales anotaran y terminaron con un triunfo por 2-0. Real Madrid subsiguientemente perdió puntos en casa ante Real Sociedad y ahora, en un parpadeo, la redención está sobrevolando al alcance de Simeone.

Cuando este argentino alguna vez beligerante y sediento de victoria llegó para hacerse cargo de Atleti y llevarlo de vuelta a la contienda, puso fin a una racha de 14 años durante la cual Atleti, de una forma u otra, simplemente no pudo superar a Madrid en un derbi.

La final de la Copa del Rey de 2013 terminó con esa brutal mancha en la historia de Atleti. Ahora, tal como lo he dicho anteriormente, nuevamente han pasado seis largos y dolorosos años desde que superaron a Los Blancos en territorio de Atleti. Cuando Simeone tomó el mando, hacía 15 años que Los Rojiblancos no ganaban el titulo – también resolvió eso.

Si es que Atleti puede o no rectificar la actuación atroz contra Chelsea cuando viajen a Stamford Bridge más tarde este mes no es algo relevante. El premio clave estará en convertirse en campeones de España. Incluso con la ausencia de sus extraordinarios fanáticos, Simeone cuenta con los recursos futbolísticos y el total de puntos, mientras que hay dificultades suficientes en el campo rival, para que Atleti se quede con el que sería apenas su tercer título español en 44 años.

Lo que ahora está en dudas es si este hombre, alguna vez feroz y voraz, todavía cuenta con la astucia táctica, la energía eléctrica, la ambición, el deseo, la confianza y la admirable desfachatez que pueda hacer que Atleti cruce la línea de llegada en mayo. O si es que Simeone, por razones similares, después de un éxito similar y con un grado casi idéntico de poder dentro del club que él ha convertido en un gigante, se ha transformado en el Wenger "cómodo" de los últimos tiempos. El domingo por la tarde contra Madrid podremos tener una respuesta parcial a este interrogante.