El futbol se juega su futuro

El futbol juega el partido que determinará su futuro y lo hace en una mesa política y no en el campo. De acuerdo con Gianni Infantino, presidente de FIFA, el reto de hoy es el rumbo que tomará el futbol del mañana. Tras una reunión con el consejo de FIFA, Infantino se ha posicionado como el líder que guiará al futbol hacia una mejor fortuna, buscando cuidar “el futbol del futuro. Es por nuestros hijos y por los hijos de nuestros hijos”. Lo tendrá que hacer en medio de un candente debate por el control del juego, en medio de una clara división entre los más poderosos jugadores políticos del deporte. Guiará a FIFA hacia una mayor fortuna o al infortunado cambio radical del juego que hasta hoy conocemos.

En el centro de ese debate, la idea de un Mundial cada dos años, a partir de 2026. Así se lo ha comunicado FIFA a las asociaciones miembro. Así lo ha impulsado en una campaña mediática que ha incluido a figuras del futbol internacional convertidas en promotores de una vieja idea que ahora resurge. La idea la propuso Joseph Blatter en 1999, argumentando que el Mundial cada cuatro años era una cita “desfasada”. Lo dijo ese año a la revista suiza SonntagsBlick y añadió que el Mundial “data de la década de los 30, cuando los equipos viajaban de uno a otro continente en barco".

La preocupación de Blatter entonces era la misma de Infantino hoy: crear un contrapeso a la fuerza del futbol europeo de clubes. En FIFA se ha generado una inquietud sin precedentes. Saben que el futbol europeo genera, en todos sentidos, más que el futbol del resto del mundo y que el único activo con el que FIFA cuenta para contrarrestar este dominio, sobretodo económico, es el Mundial. Hacerlo cada dos años permitiría aumentar el flujo de ingresos para FIFA. Hoy dijo Infantino: “son motivaciones deportivas, no financieras”. Será su verdad. Pero es por dinero y porque el dinero no sólo sea generado en Europa, ni sólo sea para los europeos. Es un juego geopolítico.

Cuando en 1999, Blatter habló de modificar la frecuencia de los Mundiales, las críticas de entonces fueron las mismas que hoy. Los calendarios están muy cargados. El Mundial disminuirá en importancia, la periodicidad llevaría al aficionado al empacho, se banalizaría el evento. Las presiones económicas eran grandes entonces y ahora. No es una idea práctica en las actuales condiciones del calendario de competencias. Ése es el gran problema. La solución no es un Mundial cada dos años, es un calendario con mayor sentido. Un calendario equilibrado se lograría únicamente con el beneplácito de todas las partes, europeos incluidos, y quizás entonces pueda entrar la idea de un cambio en la frecuencia de los Mundiales. Sin imposición y consensuado. Si la intención de Infantino es que todos se expresen, acá, está mi opinión. Siéntense a replantear el calendario de todas las competencias. Terminen con múltiples torneos de clubes y selecciones que lo único que provocan es desorden en la atención del aficionado. Primero, simplifiquen el calendario.

El Mundial de Rusia 2018 significó beneficios de 1,800 millones de dólares para FIFA. Las ganancias proyectadas para Catar 2022 serían 1,526 millones de dólares. FIFA depende excesivamente de los Mundiales para sus recursos. No es que el Mundial cada cuatro años haya quedado desfasado, es que urgen ingresos más frecuentes y competir por un pedazo del pastel que UEFA domina con su Champions League cada año. Entre risas, dejó claro que si se adopta esta propuesta: "estamos hablando de un Mundial cada año. Uno para hombres y uno para mujeres”. El Mundial es la máquina de billetes. El futbol que Infantino está guiando necesita una reestructuración en sus competencias. Clubes y selecciones urgen de espacios bien definidos, no la continua y antinatural convivencia actual que solo perjudica al jugador y luego al juego. Infantino ha pedido que todos trabajen sobre el calendario internacional, “por el bien del futbol” (frase de la FIFA de Blatter).