El colombiano que pasó de fumigar en México y vender en el mercado, a ser portero en Guatemala

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La historia de Alejandro Aponte el guardameta de Plataneros FC de la Primera División de Guatemala

GUATEMALA -- Cuando Alejandro Aponte Chaverra dejó su natal Colombia, en febrero del 2019, jamás imaginó la terrible situación que viviría en México y Guatemala. Partió de su natal Zarzal, en el Valle del Cauca, con apenas 21 años. Lo hizo con la ilusión de encontrar en México al equipo idóneo para iniciar su carrera como futbolista profesional. No encontró eso, al contrario, le tocó vivir una experiencia nada agradable.

En poco más de un año el joven guardameta ha trabajado como exterminador de plagas, ha vendido en un mercado municipal y ha tenido que ‘chamusquear’ para comer. Su relato impacta, apenas hace unos meses su familia se ha enterado de todo. El campamento por el que pagaron resultó ser una estafa. Hoy cuenta su historia con orgullo. Nunca se rindió y el premio finalmente llegó. Ahora juega para Plataneros FC, de la Primera División guatemalteca.

La historia

Alejandro ha jugado al fútbol desde niño, en la adolescencia también practicó futbol sala. Siempre tuvo que sortear problemas económicos para continuar su sueño. Eso sí, nunca faltó el apoyo familiar. Se graduó de Tecnología en Control Ambiental.

En los primeros días del 2019 Aponte veía como su sueño de ser portero profesional se empezaba a esfumar. “En Colombia si no haz debutado a los 20 años prácticamente ya no servís para el fútbol”, cuenta. Un conocido le presentó a una persona que tenía una promotora que le ofrecía un campamento en México.

“El proyecto era ir a Cancún durante un mes y hacer pruebas con equipos de la zona. Nos enviaron un documento en PDF con todos los detalles: equipos, programación de juegos, costos, todo. Nosotros no teníamos plata, pero mi mamá dijo que lo hiciéramos. Eran dos mil dólares, más el vuelo. Conseguimos el dinero”.

Todo empezó mal. Las cosas no eran como se las habían pintado. “Llegué a principios de febrero a un Centro de Alto Rendimiento, había una casa club. La persona que me llevó dijo que estaría un mes ahí, pero resulta que el mercado de fichajes ya estaba cerrado”.

“Jugábamos torneos locales, no habían pruebas con equipos y para quedarme más tiempo debía pagar 400 dólares mensuales. Rompí relaciones con el señor de Colombia, el ‘man’ se desapareció. Fue una tristeza increíble porque mis papás habían hecho un esfuerzo y prácticamente nos estafaron”.

El fumigador

Cualquiera hubiese renunciado al sueño en ese momento, pero ya sus papás habían hecho la inversión y Alejandro no quería volver a su país con las manos vacías. Decidió aceptar la oferta que le hizo el dueño de la Casa Club de quedarse durante seis meses más. Pagó por la estadía. “El ver que mis papás se esforzaban me motivaba. Entrenábamos durante la semana y jugábamos los domingos”.

En la Casa Club les prometieron una gira de pruebas por México y mientras eso llegaba los domingos les tocaba un plato de comida. “El señor de la casa club decía que la cocinera no llegaba los domingos. Todos andábamos ‘pelados’ y era difícil comer el día de juego”.

Entre los jugadores albergados en la casa juntaban dinero para hacer algo de comer. “El sábado comíamos muy tarde y nos dormíamos tarde para levantarnos tarde. Íbamos a jugar y regresábamos a comer”. Hacían arroz, plátano y huevo. “La idea era engañar al hambre”.

“Mis papás no sabían de eso. Ellos no sabían muchas cosas, yo no les quise contar. Una vez jugamos contra Atlante y otra contra Venados, el señor dijo que esos partidos eran las pruebas. Pero un partido no son pruebas, él con eso se defendió”.

Un día conoció a unos amigos que se dedicaban a fumigar y empezó a trabajar con ellos. “Fumigaba en la mañana y en la tarde entrenaba. Orábamos para que cayera un día de trabajo. Esa plata la guardábamos como que fuera una reliquia”.

Alejandro cuenta su historia a manera de aventura. “Surgió la gira de pruebas, pero había que pagar 700 dólares. No pagué, pero no me iba a devolver a Colombia. Imagínese, mi familia endeudada y yo sin trabajo”.

“Fui a la gira. Si nos quedábamos en un equipo debíamos pagarle al señor el 10% mensual de lo que ganáramos. Fuimos cuando faltaba una semana para que arrancará el torneo y ni jugábamos todo el partido, porque eran como 20 futbolistas. Le servíamos como fogueo a los equipos y después el señor llegaba y nos decía que no habían agarrado a nadie. El jugó con los sueños y la ilusión de unos jóvenes”.

Guatemala

Durante la gira conoció a un representante que le ofreció pruebas en equipos de Guatemala. Decidió aventurarse y fue así como llegó al fronterizo municipio de Malacatán, San Marcos, sede del Malacateco, equipo de la Liga Nacional, en julio del 2019.

“El representante me conectó con Franklin Barrios -jugador de Malacateco-. Él nos llevó a entrenar al equipo, nos presentó con los jugadores y nos dio donde dormir”. Era Aponte y Pedro Serpa, un joven venezolano, quien también buscaba una oportunidad en ‘los Toros’.

Nuevo engaño. El agente les había hablado de una prueba en el equipo mayor de Malacateco, pero fueron enviados a entrenar con la categoría sub-20. “También nos mintió, nos dejó tirados. Pero, encontramos muy buenos amigos en el club, seguimos entrenando y a las semanas nos subieron al equipo mayor. Fue una gran alegría”.

La familia Barrios tiene un puesto de verduras en el mercado municipal y Alejandro Aponte empezó a colaborarles vendiendo. “Yo vengo de una familia trabajadora, me dio pena estar ahí sin hacer nada”.

En busca de agenciarse de fondos el joven colombiano, también, empezó a participar en ‘chamuscas’. “Empecé a jugar en partidos del barrio, me pagaban entre 100 y 150, a veces mucho más si eran partidos importantes”. En Malacateco, Aponte no tendría oportunidad de quedarse, ocupaba casilla de extranjero. Llegó diciembre, pasó Navidad y Año Nuevo lejos de casa.

Pandemia

Con el 2020 llegó la pandemia y una situación que lo complicó todo. En ese tiempo un vecino del lugar le ofreció un cuarto para vivir y se mudó. “Ya no hubo partidos, me gasté los ahorros. Hubo una semana en la que tuve que comer sopa instantánea casi todos los días”.

Después, ese mismo vecino le ofreció el trabajo de cuidar un terreno en construcción, en el que estuvo durante unos tres meses y medio. “Ahí había espacio y aprovechábamos para entrenar. La verdad la gente de Guatemala se portó muy bien conmigo, me ayudaron siempre. Estoy muy agradecido con todos ellos”.

Durante las chamuscas antes de la pandemia integrantes del cuerpo técnico de Plataneros FC lo habían observado y al lograr el ascenso de Segunda a Primera División, decidieron contactarlo. “Muchos jugadores del equipo ya me conocían y me ayudaron. Arreglamos y hasta me presentaron”.

Le damos la bienvenida a una nueva promesa en el futbol nacional, Alejandro Aponte portero colombiano, bienvenido a tu nueva casa Alejandro a la tierra del Oro Verde!!

Publicado por Plataneros F.C. Oficial en Martes, 25 de agosto de 2020

“Mi mamá estaba contenta, me mandaba audios llorando. Ella siempre me apoyó, me decía ‘Hijo tranquilo, siga adelante, Dios nos está moldeando, sea fuerte’. Yo sé que estoy acá y he pasado lo que he pasado porque así lo ha querido Dios. Dios me dio fortaleza, mi familia estuvo ahí siempre y para ellos fue una noticia muy bonita”.

Ha pasado un año y nueve meses desde que Alejandro Aponte salió de Colombia en busca de un sueño. El 15 de noviembre, luego de recibir su pase internacional, logró debutar con el equipo en la Primera División del Fútbol de Guatemala. Ahora quiere escribir una nueva historia dentro de la cancha y sueña con llegar a Liga Nacional.