No era mi intención volver a escribir del equipo de mis amores otra vez en tan poco tiempo. Estoy cansado de hacerlo. No me harta dedicarle líneas y más líneas al 10 veces campeón del fútbol mexicano. Siempre hay y habrá una razón o algún motivo para plasmarlos por escrito. Mi hartazgo tiene que ver con el desmoronamiento deportivo e institucional que el día de hoy sufren los Diablos Rojos.
Justo esta semana en la mesa de Fútbol Picante, junto a mis compañeros Álvaro Morales, Mauricio Ymay y Dionisio Estrada, señalé que era una falta de respeto no incluir al Toluca dentro de los llamados “4 Grandes” de México. Mi principal argumento fue, y sigue siendo, que los rojos son el tercer equipo más ganador de títulos de Liga de la historia y el máximo vencedor desde que se instauraron los torneos cortos. Me faltó señalar, además, el rancio abolengo que posee, con más de 105 años de existencia, así como otros aspectos como el hecho de que jamás ha descendido a la división inferior; el contar con 8 campeones de goleo, siendo uno de ellos, el máximo anotador de todos los tiempos vistiendo una sola camiseta en el balompié mexicano como lo es José Saturnino Cardozo; el jugar en un estadio 2 veces mundialista y que hoy es una joya entre los escenarios de la Liga MX y muchos otros datos, hechos, cifras y estadísticas que varios omiten y/o desconocen para negarle la grandeza que de suyo posee.
Pero de nada sirve desgastarse una y otra vez para defender estos argumentos si aquellos que forman parte directamente de la institución no hacen nada, por si acaso muy poco, para mantener el brillo y el lustre que hoy ha desaparecido en el Toluca. Cero y van dos “Cartas a Don Valentín” en este mismo espacio, en donde hice referencia a la pérdida del prestigio futbolístico que se ha acumulado año tras año. Le pedí encarecidamente, entre otras muchas cosas, que no olvidara que el último título logrado por los suyos data desde el Bicentenario 2010 y que pronto se cumplirán 12 años de aquel suceso y en cuyo lapso, tres subcampeonatos (dos de Liga y uno de Copa) son lo único rescatable de un equipo que en ese entonces era sumamente poderoso y que fue admirado por casi toda la afición mexicana (lo acepten o no). Toluca se acostumbró a estar en los primeros lugares y por ende, fue considerado como un candidato habitual al título.
No fui ingenuo al pensar que el propietario y mecenas toluqueño desde el año 2000 me respondería en algún momento. He sido un cronista y comentarista deportivo que toda la vida ha manifestado su amor y devoción por los choriceros pero no por esa razón Don Valentín tenía que tomarse la molestia en leerme. Sin embargo, sí tenía la esperanza que alguno de sus allegados le manifestara que había un tipo involucrado en los medios de comunicación que le hacía un respetuoso llamado para que tomara cartas en el asunto y rescatara inmediatamente del ostracismo al equipo que tomó el nombre de la capital del Estado de México. Claramente observo que eso no ocurrió porque me temo que quienes están cerca de él se dedican, o a endulzarle el oído o a maquillarle la realidad. No quiero pensar y muchísimo menos aseverar que a Don Valentín ya no le interesa ser propietario de un equipo ganador sino solamente de un equipo. De uno cualquiera.
Porque hoy, el Toluca se ha convertido en un equipito al que, el que sea, le pinta la cara y se burla de él en su casa y fuera de ella. Hoy el Toluca se ha vuelto mediocre, pusilánime y hasta feo. Es uno más del montón que suspira con lograr, como sea, unos míseros puntos para ver si consiguen meterse a la no menos mediocre reclasificación que tanto desprestigia a la Liga MX. Hoy el Toluca ha extraviado su esencia. Su ADN está afectado por venenos que se introdujeron en su torrente por malas e irresponsables decisiones de quienes han tenido en sus manos la conducción de la muy lastimada institución choricera. Creo que la afición se merece, al menos, una profunda explicación de Francisco Suinaga Conde y Antonio Naelson Matías, presidente y director deportivos respectivamente, de lo que ha ocurrido, de lo que está pasando y de lo que sucederá a corto y mediano plazo con el proyecto que ellos se han encargado de fincar con Nacho Ambriz en la dirección técnica. Si no pueden con el paquete, sería muy honesto de su parte dar un paso al costado. Al menos, el entrenador ha dado la cara (no le queda de otra) para decir que no sabe por qué su equipo no funciona. Si él no lo sabe, que está adentro, nosotros menos. O quizá no nos lo quiere decir abiertamente pero tendrá que hacerlo sin pelos en la lengua tarde o temprano si es que desea evitar que su paso por el banquillo mexiquense sea otro estrepitoso fracaso, como el que sufrió recientemente en España. Está cerca de ello.
Cuando hablo de mi equipo y defiendo su grandeza, muchos me dicen burlonamente: ¿A quién le importa el Toluca? No me queda de otra que responderles con tristeza e indignación que, lamentablemente, a muy pocos.
