Guillermo Almada, el técnico que inicio como despachador de gasolina y "explota" una base de más 35 años

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Lejos del futbol, Almada es una persona cercana a la familia y a los amigos. De manera recurrente habla con “Quico”, quien desde Uruguay sigue de cerca a los equipos de “Guille”, tal como ahora lo hace con Pachuca

Guillermo Almada superó carencias para cristalizar el sueño de llegar al futbol profesional. Antes de llegar al máximo circuito, fue despachador de gasolina o secaba carros en las jornadas laborales de hasta 15 horas que tuvo en una estación de servicio de Francisco Salomón, persona clave en la vida de “Guille”. Además de apoyarlo económicamente, una vez que Almada se retiró, le dio la primera oportunidad de estar un banquillo, cuando lo llevó de auxiliar en el Club Atlético Progreso en el 2008, donde aprendió las bases que busca aplicar en sus equipos.

“Quico” Salomón, como le dicen a Francisco en Uruguay, es un futbolista y entrenador uruguayo retirado. Dirigió por un año a Guillermo Almada en la Quinta División del Defensor Sporting, momento en el que el actual entrenador de Pachuca tenía 15 años, ahora tiene 52. Entre canchas y la estación de servicio, se forjó la amistad que se mantiene viva a la distancia.

“Tenía carencias de todo tipo. Era un botija muy humilde, con carencia de toda la familia. Era de un barrio lejano, en la orilla de Montevideo e hicimos una amistad que llegué a ir a la cada fiesta, a los cumpleaños de él y vi las carencias que tenía de vivir Guillermo y le dije si quería jugar y trabajar con nosotros en la estación, que era otra entrada que podía tener la familia para salir adelante”, recuerda “Quico” Salomón en entrevista para ESPN.

Salomón destaca el carácter y la inteligencia como dos de las principales virtudes que tiene Almada, mismas que mostraba en el terreno de juego o incluso en las diferentes labores que tenía en la estación de servicio, en la que posteriormente trabajó Luis, hermano de Guillermo, quien es auxiliar técnico en Pachuca.

Guillermo era pitero, o sea que despachaba combustible, ayudaba en los lavados, ayudaba en todo, en general. Acá los piteros hacen de todo, despachan el combustible, secan los autos que lavan, entran a la fosa, atención general en una estación de servicio”.

Cuando “Quico” se percató que Almada se perfilaba al futbol profesional, le pidió que dejara la estación de servicio, en la que trabajó por año y medio, para dedicarse de lleno a su carrera como jugador: “no te iba a dar para todo, estás haciendo un doble esfuerzo, madrugas, vienes acá, estás todo el día parado, caminando y luego vas a entrenar”, recuerda Salomón el diálogo que tuvo con “Guille”, como le dice de cariño.

El futbol y sus respectivas responsabilidades separaron a Salomón y a Almada, pero los volvió a unir casi 20 años después. “Quico”, como entrenador del Tacuarembó, llevó a Guillermo como uno de sus refuerzos. Buscaba en “Guille” un ‘5’ de confianza, además de aprovechar los dotes de director técnico que ya mostraba en el terreno de juego.

“Siempre hay que tener uno o dos que hablen, que manejen, que tengan la voz cantante, que tengan una influencia en la cancha. A veces necesitan un mandato adentro, que les hable, que los observe, que los haga ver cosas que no ven otros jugadores y Guillermo tenía ese don, siempre lo tuvo”.

Almada se retiró en el 2007, pero ya tenía claro que su siguiente objetivo en el futbol era ser director técnico. En el 2008, un año, después recibe la invitación de “Quico” para que fuera su auxiliar técnico en el Atlético Progreso, que fue el último equipo que dirigió Salomón, pero significó la primera oportunidad de Guillermo desde los banquillos

“Lo conocía desde los 15 años, convivimos juntos años, acá era la manera de también ayudarlo, de tenderle la mano y entrar a progresar como director técnico, porque cuando uno trabaja de ayudante empieza en la escalera de la dirección técnica y va asimilando, va aprendiendo y va mirando, todo eso lo llevó Guillermo desde joven”.

Como auxiliar de “Quico”, Guillermo se encargaba de trabajar dentro de la cancha donde le reportaba hasta el mínimo detalle a Salomón. “Un tipo que veía todo y siempre tenía algo para informar, a parte de la confianza total. Nos llevábamos muy bien y ahí empezó su escalinata como técnico”.

Lejos del futbol, Almada es una persona cercana a la familia y a los amigos. De manera recurrente habla con “Quico”, quien desde Uruguay sigue de cerca a los equipos de “Guille”, tal como ahora lo hace con Pachuca, escuadra en la que ve reflejado aquel Atlético Progreso del 2008.

“Los veo (los partidos) y, disculpa que me meta, juega como jugábamos nosotros. Trabajando las líneas, haciendo pressing total, no dejando jugar al rival y cuando tiene la pelota juega, la base la tiene, la base la veo clarita de todo lo que trabajamos nosotros y él lo está llevando a cabo con mucha virtud”.

Por ahora, la tecnología los mantiene en comunicación, pero “Quico” espera tener pronto un asado con “Guille”, en el que no falte chorizo, chinchulines, morcilla y una copa de vino, mientras hablan de futbol, la pasión que los unió en una estación de servicio.