La FMF autoriza que cada estadio en México sea una jaula para UFC

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Al Estadio Azteca le está quedando grande todo (0:46)

En raza Deportiva analizan los últimos acontecimiento que se han vivido en el Estadio Azteca. (0:46)

Se esperaban castigos drásticos, desde la opereta mímica del Turco Mohamed hasta una decena de jugadores que protagonizaron una danza grotesca


LOS ÁNGELES -- Seducía ver al pópulo en esas ansias en busca de histeria justiciera. Seducía ver la inocencia con la que aguardaba ver humo blanco emanando de las seseras negras del futbol mexicano. Seducía esa fe ciega, tan candorosa, tan pizpireta, por que el dictamen de la Comisión Disciplinaria impusiera el reglamento con la esencia de rigor y justicia.

Seducía, sí, seducía ver cómo —bobaliconamente— aguardaba “La Famiglia del futbol mexicano” (dixit Decio de María) un acto de sedición, de rebeldía contra un futbol que se maneja entre la impunidad, como el país mismo, porque México tiene tipificado un 95 por ciento de homicidios sin resolver, según investigaciones de Aleteia e Impunidad Cero.

Seducía, sí, ver a tanto querubín reprimido en su desesperado anhelo por ver rodar la guillotina, como si fuera la de la Revolución Francesa, que en diez años decapitó 17 mil personas. Sí, seducía tanta inocencia.

Recuérdese que la Comisión Disciplinaria es un organismo dependiente de la Federación Mexicana de Futbol, y sus agremiados reciben debidas compensaciones por ejercer la justicia sobre los débiles, y refrenar sus obligaciones e instintos salomónicos ante los poderosos.

La actual Comisión Disciplinaria es herencia de los hermanos Íñigo y José Riestra, ese binomio que engendró al Atlas Bicampeón, bajo su titiritero Alejandro Irarragorri. Ellos eligieron a Jesús Martínez Iglesias, para que fuera el Lutero escéptico de la justicia.

Dicha comisión, en un alarde de precoz justicia, sólo habría necesitado de un par de horas para resolver los temas pendientes.

1.- Castigar al director técnico de la Comisión de Árbitros, el argentino Horacio Elizondo, por irrumpir en la cabina del VAR y revocar decisiones, algo estrictamente prohibido por FIFA. Elizondo ya había manifestado esos actos de prepotencia en el arbitraje de Paraguay y Costa Rica.

2.- Sancionar a todos los involucrados en la reyerta en cancha y pasillo rumbo a vestidores, del partido América contra Toluca. Y claro, incluido castigar al Estadio Azteca, por falta de garantías, al permitirse que aficionados y hasta jugadores cerca del retiro (Henry Martín), trasgredieran los límites de acceso al espacio privado del Toluca.

Sí, seducía ver cómo, en la antesala de la histeria y el desmayo, esa, “La Famiglia”, bautizada así por Decio de María, esperaba veto para la plaza, que en semanas será la sede inaugural del Mundial 2026. Inocentones. O cómo se esperaban castigos masivos y drásticos, desde la opereta mímica del Turco Mohamed, procaz e incestuosa, hasta una decena de jugadores que entre empujones, jaloneos y arañazos que les deterioraron la manicure, protagonizaron una danza grotesca.

Al final todo quedó negociado. Consecuencia de un choque de poderes políticos entre el Bicampeón vigente y el Tricampeón errante.

Entiéndase que, de apego al reglamento, con hombres de absoluta solvencia moral en la Comisión Disciplinaria, habría tomado minutos imponer sanciones, con base en la Cédula Arbitral y los videos disponibles. Pero, había que negociar, porque Toluca no se iba a quedar cruzado de brazos, y menos aún el América, y menos aún sobre la integridad del Estadio Azteca, de cara al Mundial.

Fueron horas de negociación, de cónclaves implacables y amenazantes. Los minutos se convirtieron en horas. Y, ya se sabe, ningún veredicto de la Disciplinaria se oficializa, hasta que, con refunfuños, apartándose de su tarea favorita (La Rosa de Guadalupe, el boom de los ratings de Televisa), Emilio Azcárraga Jean da el visto bueno.

¿Y Horacio Elizondo? Tampoco pasó nada. El ex silbante argentino, de antecedentes tormentosos en partidos de Copa Libertadores, confrontó y desarmó a su jefe, el presidente de la Comisión de Arbitraje, Juan Manuel Herrero, ex jugador del América, ex empleado de Televisa, y hoy, nuevamente, hombre servicial de Emilio Azcárraga Jean.

Elizondo amenazó con renunciar, y obligado a ello, Herrero decidió incluso mentir a través de un comunicado, demostrando que, o desconoce los reglamentos de FIFA o prefirió delinquir estatutariamente al falsearlos. Ni castigo interno ni de la Comisión Disciplinaria.

El futbol mexicano tuvo la gran oportunidad de sentar un precedente de justicia. El parteaguas habría sido la masacre documentada en el Estadio Corregidora, tras la embestida de fuerzas de seguridad y fanáticos de Querétaro sobre los aficionados del Atlas, aquel aciago 5 de marzo de 2022.

Pero, tres días después, Yon de Luisa, entonces presidente de la FMF, y su caballerango Mikel Arriola, comparecieron con sanciones que no se cumplieron al pie de la letra. Por ejemplo, Querétaro debía ser vendido ese mismo año, 2022, pero su traspaso final se concreto casi tres años después.

Además, de los 18 puntos, irrestrictos, intocables, para evitar actos de violencia en los estadios de México y su periferia, ninguno se ha cumplido, y desde esa fecha hasta hoy, se han perpetrado numerosas broncas en las tribunas, un acuchillado en el Estadio Akron, agresiones contra paramédicos, y hasta aficionados embestidos con auto por fanáticos rivales.

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Sí, ese 8 de marzo, Yon de Luisa y Mikel Arriola, sin siquiera prestar atención a la Comisión Disciplinaria, negociaron sanciones que no se cumplirían. Y oficializaron la impunidad y la inmunidad en el futbol mexicano.

Por otro lado, el mismo Juan Manuel Herrero es trepado al patíbulo. ¿Cómo asigna a uno de sus árbitros más grises y erráticos en su hoja de vida como Ismael López Peñuelas a un partido tan bravo, riesgoso y caliente como América contra Toluca? De nuevo, Herrero fue un jugador de medio pelo, ha sido un dirigente de medio pelo, pero sigue ahí como triste y onerosa herencia de Juan Carlos Rodríguez, ex comisionado de la FMF.

Los videos han demostrado que la expulsión de Helinho era improcedente y que el VAR pudo haber reconvenido a Ismael López para que se retractara, pero se vino la zacapela y la barbarie conducente. Una decisión totalmente torpe en la elección del silbante, responsabilidad de Herrero y Elizondo, desató una conflagración, que, al final, ocultando la gravedad de lo ocurrido, se castigó con un pusilánime manazo. Y todos contentos.

Así, quedó oficializado que las canchas, los túneles a los vestidores, y las tribunas del futbol mexicano, desde aquel 5 de marzo, con resello de autenticidad este sábado 18 de abril, pueden ser considerados coliseos autorizados para funciones improvisadas de UFC y hasta acciones innobles como la del Turco Mohamed.