Osorio, el ilusionista que rompió su varita mágica

En México tenemos la costumbre de comprar con facilidad todo lo que viene de afuera, pareciera que el hacerlo nos sube de categoría, nos da clase y revalida nuestras carencias. Así sean artículos básicos, de primera necesidad o de lujo, no importa, si vienen del extranjero siempre pensaremos que son mejores.

En el futbol, que es un reflejo de nuestra sociedad, no podría ser distinto, el futbolista que viene de afuera tendrá más oportunidades que el mexicano. Pero también pasa con los directores técnicos y para muestra tenemos a Sven Goran Eriksson y al más célebre de los ilusionistas: Juan Carlos Osorio. Estos dos reflejan lo fácil que es vender espejitos en Mexico.

Lo del bon vivant Sven, ni siquiera merece la pena recordarlo y lo de Osorio sería irrelevante si no fuera que él mismo acaba de dar una aberración de entrevista donde el ilusionista rompió su varita mágica.

Osorio se caracterizaba por utilizar términos muy rebuscados, lo que le permitía hablar de todo menos de futbol, mencionaba a cada jugador por su nombre, nunca por su apellido, su intención era clara: hacer mucho más personal la relacion director técnico-futbolista y así buscar el compromiso incondicional de sus jugadores… Y lo consiguió.

No hubo un solo seleccionado que no respaldara a capa y espada, dentro y fuera de la cancha al técnico colombiano, quien se dedicaba a “vender ilusiones”, a hablar después de un partido como si fuera el mismo David Copperfield y dar explicaciones que no eran sencillas, como sí es el futbol, él siempre se extendía en la respuesta, pero no contestaba nada.

Tuvo una gran eliminatoria, claro, contaba con la mejor generación de futbolistas mexicanos, incluyendo a Carlos Vela.

Asi llegamos a Rusia 2018, se le ganó Alemania en un extraordinario partido, el plato fuerte estaba listo para comerse caliente…

Y llegó la hora de la verdad, había que empatar con Suecia para acceder al primer lugar del grupo, situación que nos permitiría enfrentar a Suiza en octavos de final. ¿Pero qué creen?... ¡Al ilusionista se le atoró el conejo en el sombrero! Nos golearon 3-0.

Dos años después se le ocurre dar una declaración al respecto: Dijo literalmente: Reconozco que me equivoqué porque salí a ganar el partido… ¿¿¿Qué??? menos mal que salió a ganar el partido, porque si no, ¡¡nos meten 6!!.

Al ilusionista no le valieron sus años de experiencia en el futbol, ni tampoco sus palabras de literato consumado, para entender que le habría bastado sacar una calculadora y sumar 3 + 3 + 1 y comprender que con el empate México pasaría en primer lugar. Ya después con Brasil, en el acto final, donde el ilusionista pretendió ser más bien un escapista, lo ubicaron en su realidad. A Brasil no se le gana con magia, ellos son los magos del futbol te pueden aparecer y desaparecer la pelota, hacerla chiquita, a Brasil no le íbamos a ganar nunca con Juan Carlos Osorio en el banquillo. Ahí se acabó el sueño. La ilusión del ilusionista se esfumó.

Hoy, después de escuchar la desafortunada entrevista donde Osorio exhibe a sus jugadores, donde ya no los llama por su nombre, donde pretende salvarse él,, donde se justifica y destruye lo más sagrado del vestidor de un equipo: Los códigos.

Demostró claramente quién es, Juan Carlos Osorio hizo pedazos su más preciado tesoro, el colombiano destruyó su objeto vital… ¡El ilusionista rompió su varita mágica! ¿Qué dirán ahora aquellos que tanto lo defendieron y que todo le creyeron?