En el nombre del padre...

“Yo localicé a Jean Marie Massaud,

el diseñador del estadio, y le dije

que quería el mejor estadio del

mundo, que fuera impresionante”.

Jorge Vergara, entrevista con Expansión.

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GUADALAJARA -- Amaury Vergara Zatarain es el único que puede hacerlo. Sería un acto de amor, pero también de justicia. Este no es un estadio municipal ni estatal, ni se hizo con dinero público. Es el estadio que soñó su padre.

Sería como perpetuar el nombre de su creador y fundador.

Jorge Vergara Madrigal lo hizo. Es su obra.

A diez años de distancia, Amaury Vergara no puede ni debe, por respeto al sueño de su padre, por amor a sus hermanas, por el legado de un hombre poco común en nuestro medio, no puede esperar que termine el contrato con Akron (hasta 2028) para cambiarle de nombre al estadio del Guadalajara.

Primero fue estadio Omnilife, luego Chivas y ahora Akron. Tres nombres precedieron al que debe ser su nombre definitivo: Jorge Vergara.

Cuando Jorge se hizo de los terrenos de El Bajío, y luego adquirió la mayoría de voluntades en la tormentosa asamblea de socios del Club Deportivo Guadalajara del 30 de octubre de 2002, tras reunirse con 140 personas a festejar en el restaurante La Mentirosa de avenida Rubén Darío, en Guadalajara, se le escuchó decir a un grupo de socios Chivas: “Voy a construir el estadio más fregón del mundo”.

Tal vez exageró, pero tenía clara la idea en su cabeza.

Una vez tomado el control accionario de Chivas, tras convertir los certificados de aportación en acciones, Jorge Vergara comenzó a diseñar lo que él llamó “el renacimiento de Chivas”. Y dentro del renacimiento estaba la construcción de un estadio monumental, moderno y vanguardista.

Primero fue un visionario que supo darle el valor a la marca Chivas. Tuvo mayor visión que todos los miembros de la Asociación Civil. Comercializó a niveles increíbles porque era un mago del marketing. Vendió mejor que nadie los derechos de uso de marca y símbolos de Chivas. Puso muy pronto a un equipo casi quebrado en números negros.

Y entonces creyó que era momento de convertir uno de sus más grandes anhelos en realidad. A pesar de que Chivas era copropietario del estadio Jalisco, Jorge pensaba en un estadio de primer mundo, de vanguardia, de corte internacional. Sus sueños no tenían límite. El 9 de mayo de 2007 comenzó formalmente la construcción del nuevo estadio. Y la inauguración llegó hasta el 29 de julio de 2010, en aquel partido entre Guadalajara y Manchester United.

Total de la espera: tres años, un mes y 20 días. Todo ese tiempo, como padre que ve crecer a un hijo, Jorge Vergara daba vueltas con frecuencia a supervisar el avance de la obra. Metro a metro, revisaba la construcción, con el amor de quien está viendo crecer a un hijo.

Una inversión estimada en 120 millones de dólares creció hasta casi 200 millones. Y en uno de los atorones económicos, Vergara se vio forzado en 2008 a solicitar un crédito por 580 millones de pesos con Pure Leasing. Dicha deuda fue comprada por Banco Inbursa en el primer semestre de 2010, con vencimiento en el año 2015. Pero en noviembre de 2011, Jorge decidió liquidar anticipadamente su deuda con el banco de Carlos Slim y a partir de ese momento el estadio (entonces llamado Omnilife) pasó a ser enteramente de su propiedad.

Cuando hablaba de “su estadio”, a Jorge se le iluminaban los ojos. Cada partido se le veía caminar por los pasillos amplios, mirando de un lado a otro y recibiendo felicitaciones de los aficionados, antes de ingresar a su palco. El estadio era bellísimo, moderno, espectacular. Tal como lo había soñado. La experiencia para el aficionado era de primer mundo. Como recorrer cualquier estadio europeo o de los deportes norteamericanos. Era su prenda de orgullo.

En entrevista con Obras, Jorge Vergara dijo que antes de construir el estadio visitó decenas de inmuebles en el mundo, desde el Santiago Bernabeu de Madrid, hasta el Gillete de los Patriots en la NFL, o el Camp Nou del Barcelona.

El escepticismo de los aficionados cuando prometió “el mejor estadio del mundo” era muy grande, pero el sueño de Jorge era mayor. Dos años duró la preparación y elección del diseño, y una vez definido cómo sería el estadio, en dos años ocho meses comenzó la construcción.

Le preguntaron en esa entrevista si el estadio sería su legado: “No, la verdad yo prefiero que me recuerden por lo que resultó de un estadio y por Omnilife, por todo lo que hacemos con la gente. Que (me) recuerden como alguien que detonó cambios de vida en las personas. El edificio per se es más un monumento para detonar un proceso en toda la ciudad de Guadalajara, en todo el estado (de Jalisco), prácticamente en México. Y creemos que lo hemos logrado y que se va a volver un ícono mundial…”.

Chivas tenía su propio estadio, el Jalisco, construido en 1960, pero no llenaba el sueño de Jorge: “El estadio Jalisco es (un referente) por monumental y por el futbol. En cambio éste va más allá del futbol, será un referente por la parte arquitectónica, por la ingeniería, porque fue un reto hacer ese techo, por los millones de horas hombre sin accidentes… Va mucho más allá de un ícono, va a ser un detonador de muchos beneficios para la ciudad”.

Al diseñador del estadio, Jean Marie Massaud, le dijo que quería “el mejor estadio del mundo, que fuera impresionante, que la acústica fuera sorprendente, porque quería que aparte del futbol hubiera más y que todo el estadio fuera muy amigable, muy sensible a la gente”.

Interesado en la ecología, a Jorge también le interesaba que el diseño fuera original. Eligió uno en forma de volcán: “Esa fue idea de él (Jean Marie Massaud). Lo vi, inclusive fue en Barcelona (cuando) me enseñó un volcán y me encantó la idea. En la parte visual era muy impresionante no ver concreto, no queríamos lograr una mole de concreto que contaminara, sino una mole de pasto que, obviamente, reverdece y contagia”.

Cada que Jorge Vergara invitaba a la prensa “a un recorrido” para ver los avances de la construcción, pisaba con los pies del orgullo. Era “su obra”, era cumplir “su sueño”.

Su abrupta muerte, el pasado 15 de noviembre, antes de que la pandemia cambiara al mundo, presagiaba muchos cambios al interior de Omnilife y Chivas. Todos sabíamos que su hijo natural mayor, Amaury, sería el sucesor, con un consejo familiar de apoyo.

Pero ya pasaron ocho meses desde la muerte de Jorge y Amaury todavía no hace ningún pronunciamiento sobre este tema.

Tras la muerte de Jorge, el nombre del estadio debe salir del portafolio de activos para comercializar en el grupo de Chivas.

Que una marca patrocine el nombre de un estadio deja ingresos importantes. Es cierto. Pero en este caso, una negociación con Akron sería seguramente muy bien recibida por la comunidad rojiblanca, para no esperar hasta la terminación del contrato en el año 2028. Hay que negociar la cancelación anticipada del contrato.

Es el tiempo de Amaury. Es el tiempo de la decisión. Si algún nombre hay que colgar sobre las paredes del estadio es el de su padre, porque hizo realidad el sueño de tener un estadio que fuera una prenda de orgullo para Jalisco y para México.

Esperemos verlo pronto: nuevo estadio Jorge Vergara, casa de las Chivas.

Amaury podría decirlo así de simple: “Fue en el nombre de mi padre…”.