Alfredo Talavera no condenó a Pumas a perder la Final, fue su 'maldita' experiencia

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Pumas ilusionó como hacía mucho tiempo no ocurría. A sus aficionados, antes que a nadie, por obvios motivos, ya que habían fracasado repetidamente en las Liguillas, y tras la hazaña ante Cruz Azul resurgió la pasión por el equipo de la UNAM, pero en la Final hubo un factor que los condenó a ceder el octavo título de Liga al León: Alfredo Talavera y su ‘maldita’ experiencia.

Andrés Lillini configuró un proceso de formación ‘sin quererlo’, pues no estaba destinado a ser el técnico que llevaría a Pumas de vuelta a una Final de la Liga MX. Llegó por la imprevista salida de Míchel, que se fue minimizando conforme avanzó la temporada del Apertura 2020.

Lillini no tenía experiencia como entrenador de primer equipo, pero sí una amplia trayectoria como coordinador de fuerzas básicas.

Como su mejor arma, Lillini apostó por la juventud de Pumas, un tema trillado, pero que realmente había quedado olvidado en un equipo que históricamente basa su ideología en la formación integral del futbolista.

Pumas luchó contra varios factores a lo largo del torneo, y había salido airoso. Pero uno con el que no contaban era la necesidad de un emblema, un símbolo, un artífice que representara el liderazgo de este equipo en renovación.

Carlos González ya había demostrado su efectividad como delantero. Y se le sumó Dinenno, que generó una alta competencia con el paraguayo y terminaron haciendo una dupla espectacular en el juego aéreo. Pero el paraguayo y el argentino no terminaron por cuajar como ese referente, pese a que ambos son carismáticos.

El resto eran jóvenes. A lo largo del Apertura 2020 comenzaron a destacar los defensas centrales Freire y Johan Vázquez, los laterales Mayorga y Mozo. En el mediocampo sobresalieron Iturbe, Fabio Álvarez, pero también los jóvenes Vázquez, López, Lira, Gutiérrez y el exatlista Vigón convertido en capitán y héroe de la semifinal ante Cruz Azul.

TALAVERA, EL REFERENTE
Esa necesidad de encontrar un referente se comenzó a forjar con la llegada de Alfredo Talavera. Experiencia, mucha experiencia para una portería de Pumas que había sufrido constantes decepciones con el Pollo Saldívar.

Talavera necesitó 10 partidos para volverse peligrosamente imprescindible. 10 partidos en los que atrajo los reflectores por su buena técnica bajo el marco, elasticidad, liderazgo. Un gran aporte para un equipo que lograba partidos equilibrados, con buen trabajo defensivo, organización en el mediocampo y despliegue ofensivo que Dinenno y González sabían explotar y culminar.

TALAVERA, EL IMPRESCINDIBLE

Talavera creció e hizo crecer a los Pumas, con orgullo, con paciencia. El primer aviso de que eso era peligroso fue en la Jornada 11. Pumas perdió su paso invicto en León. En ese partido, Talavera fue expulsado. Entró el desconocido Julio González a cubrirlo, y su actuación fue realmente heroica. Pumas perdió 2-0 ante León, pero González en realidad impidió una goleada en la hasta entonces peor demostración de los universitarios.

González cubrió a Talavera, castigado, en la Jornada 12 ante Necaxa (1-1), y en la Jornada 13 ante América (2-2) por el llamado del veterano portero a la Selección Mexicana.

Había una esperanza para Pumas. Julio González demostró en esas tres oportunidades que tenía buen nivel para evitar que Pumas dependiera de Talavera.

Talavera volvió para la Jornada 14 y los triunfos también. La última jornada marcó un dramático empate 2-2 ante Cruz Azul, aunque muchos se enfocaron en la desafortunada lesión de Talavera en el calentamiento.

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Después se supo que Talavera sufrió una lesión en el músculo aductor de la pierna derecha, con un pronóstico de recuperación de cuatro a seis semanas. Parecía definitivo que el portero se perdería la Liguilla de un torneo que había sido especial para él.

TALAVERA, EL MILAGROSO
Pumas aprovechó una pausa prolongada por la última fecha FIFA para ponerle un poco de ‘presión’, sana hasta cierto punto, a Julio González, ya que se seguía hablando de un milagroso regreso de Talavera, pues se entendía la importancia de que su mejor jugador de la temporada tuviera una oportunidad de regresar en la Liguilla.

Julio González cumplió y estuvo a la altura en los cinco juegos de Liguilla en los que cubrió la baja de Talavera. Cumplió. Punto. Incluso en la derrota 4-0 ante Cruz Azul cumplió, porque en el juego de Vuelta tuvo la gallardía de mantener su marco en cero para concretar el milagro de la remontada. Cumplió en el juego de Ida ante León, en el que Pumas dominó y fue mejor que los esmeralda, pero una desatención en la recta final le regaló un respiro muy importante a los hoy campeones.

LA MALDITA EXPERIENCIA
Lamentablemente, hoy, conociendo el resultado, la condena a Lillini y a Talavera es obvia, básica y sencilla. Lillini no debió alinear a Talavera. Más de un mes de inactividad no se puede ignorar, aunque al técnico le falte la experiencia y quiera que un jugador que regresa de una lesión sea la solución, cuando González había demostrado que podía con la responsabilidad. Premiar, consolar, compensar o respetar la jerarquía, cualquiera que haya sido el motivo de Lillini para colocar a Talavera en la portería hoy tiene a Pumas con un título de Liga menos que el León.

Era muy complicado que González no hubiera recibido los dos goles, pero la circunstancia seguramente habría sido diferente si Pumas no hubiera cojeado tan temprano en la Final de Vuelta, cuando el 1-0 de Gigliotti se le escurrió a Talavera entre su rodilla y el guante derecho. El portero, con toda su experiencia, no estiró la pierna derecha, solamente se quedó arrodillado y vio entrar el balón a su portería.

Un día después de perder la Final, Lillini justificó su decisión basado en la experiencia de Talavera... Una decisión que en su misma respuesta deja ver la incongruencia: “Me volqué por Talavera por la experiencia, sabíamos de que teníamos que apuntalar porque somos el equipo más joven de México”.

Lillini se dispara en el pie. Tener al equipo más joven era precisamente el mayor privilegio de Pumas. No se trata de crucificar a Talavera. Cualquiera entiende lo que impone un jugador de su trayectoria y jerarquía, lo que puede influir en sus compañeros. Pero parece que Lillini no pensó en el rival. El León superó con dos jugadas en las que falló la defensa, al dejar amplios espacios al equipo que mejor sabe aprovecharlos. Y Talavera no pudo justificar su presencia en la Final en una jugada de rutina en la que no puso toda su maldita experiencia.

Esa maldita experiencia condenó a una gran camada de Pumas a resignarse, pues aunque el futuro inmediato que augura Lillini es prístino, los rumores y futbol de estufa alertan un desmantelamiento del equipo subcampeón que difícilmente podrá repetir lo conseguido en el Apertura 2020.