Cerveza, asados y llegar al entrenamiento de 'ride', las vivencias de 'Loco' Abreu en Cruz Azul y América

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Así eran los asados en América y Cruz Azul (4:07)

Christian Ramírez y Julio César Pinheiro declaran que las convivencia eran como 'tomar terapias'. (4:07)

Los famosos asados del uruguayo son recordados por sus excompañeros de Cruz Azul y América

Sebastián Abreu es recordado, fuera de la cancha, en Cruz Azul y América, por los asados que organizaba en su casa, donde no podía falta la cerveza “Barrilito”, una de las más económicas en México, pero que se convirtió en la predilecta del ‘Loco’. Otra de las cosas que sorprendió del uruguayo en los conjuntos capitalinos, fue que a la Noria siempre llegó de raid, en la mayoría de veces en el carro de Ángel Morales.

El ‘Loco’ llegó a la Ciudad de México para jugar con Cruz Azul en el Verano 2002, luego de su paso por Tecos. En la Máquina coincidió con Julio Cesar Pinheiro, quien recuerda al uruguayo como una persona alegre. Sin embargo, algo que le llamó la atención, por las cosas extravagantes que había escuchado de él, fue que siempre llegó a las intenciones en carro de algún compañero, mientras Abreu tomaba su mate.
 “Se me hizo muy raro porque siempre agarraba raid. Le decíamos que era muy codo porque no quería gasta ni con la gasolina. Siempre le hacíamos bromas con eso, siempre se iba a entrenar con ‘Matute’, iba con su mate y llegaba a entrenar, pero era una muy buena persona, le hacía muy bien al grupo, al vestidor. ‘Matute’ vivía cerca de su casa, yo creo que por eso”.

‘Loco’ Abreu fue campeón de goleo con Cruz Azul en el primer semestre como celeste. “Los pies los tenía en la cabeza porque era increíble lo que saltaba y la manera fuerte cómo cabeceaba la pelota”, externó Pinheiro a ESPN Digital.

El brasileño recuerda que aquel título individual del uruguayo se gestó en las charlas previas al entrenamiento. Ahí el ‘Loco’ hablaba con sus compañeros a la ofensiva para decirles cómo quería los centros. En los partidos replicaban lo pedido y Sebastián, en forma de agradecimiento, invitaba los asados, la especialidad de Abreu, fuera de las canchas.

“Pagaba muy buenos asados en la Noria. Siempre nos pagaba el ‘Loco’ los asados, era muy bueno correr para él, desbordar, sacar los centros a su cabeza para que consiguiéramos los asados, la verdad sí era muy buen pagador”, recuerda entre sonrisas Pinheiro.

De manera inesperada pasó al América para el Apertura 2003, luego de tres torneos con Cruz Azul. En las Águilas no vivió su mejor momento. Su relación con Leo Beenhakker no fue buena, además de que no compaginaba con el estilo de juego del holandés, situación que pagó con pocos minutos en el terreno de juego.

“Se desesperaba, obviamente. Un jugador de su trayectoria, de su renombre, el estar relegado a la banca y a veces, incluso, ni a la banca, pues lo fue fastidiando un poco en el transcurso del torneo hasta que acabo saliendo del equipo por la puerta de atrás, pero sin lugar a dudas fue una gran experiencia tenerlo como compañero”, recuerda Jesús Mendoza compañero del uruguayo en el aquel plantel azulcrema.

Christian Ramírez, otros de los integrantes de ese América que contaba con Cuauhtémoc Blanco, Germán Villa, Pavel Pardo, entre otros, recuerda que el ‘Loco’ salía sacar su frustración en el gimnasio o incluso llegaba a ejecutar ejercicios de disparo a portería con mucha fuerza, con aparente molestia.

“No es que le pegara a dónde fuera, pero era una ejecución que necesitaba una aplicación muchísimo más orientada a lo técnico, sin tanta fuerza, y ya estaba tan enojado que le pegaba, no con mala técnica, pero pegaba muy fuerte y era evidente que estaba molesto, que estaba haciendo el ejercicio, pero molesto. Al final del entrenamiento, Sebastián se metía al gimnasio para desquitar o para calmar un poquito lo enojado que estaba”.

Fuera de la cancha, Abreu era un tipo alegre. Solía hacer asados en su casa con su familia e invitaba a sus amigos más allegados, del América u otros equipos. En esas reuniones no faltaban las risas, las pláticas de futbol, ni las cervezas, en especial las ‘Barrilito’, las favoritas del uruguayo.

“Le encantaban las mollejas. Me acuerdo mucho que le ponía mollejitas, chorizo, morcilla y le gustaba tomar la cervecita. Nos tomábamos unas cervezas y le gustaba mucho tomar la cerveza de ‘Barrilito’, esa era como la cerveza que más le gustaba, la de ‘Barrilito’. En los asados ni hablábamos del equipo, hablábamos de locuras que hacía Claudinho o del futbol colombiano con Harold Lozano o Germán Villa se ponía a cantar un poquito. La verdad es que fueron episodios muy padres que viví con estos jugadores. Era como ir al psicólogo porque era platicar nuestras experiencias, no se hablaba de trabajo, pero eran muchas risas y al final terminaba con un buen sabor de boca”, dijo Ramírez.

En el terreno de juego, además de los tres goles que marcó vestido de azulcrema, quedaron grabados en sus compañeros los “folclóricos” festejos del uruguayo. El ‘Loco’ planeaba sus celebraciones y al momento de marcar sorprendía con sus ocurrencias.

“De la licra y del short se sacó un babero, un chupón, traía todo el kit. Me imagino que era de su hija o su hijo que acababa de nacer y sacó todo. Se puso todo, se puso el chupón, ese tipo de cosas son lo más que recuerdo de él. Tal vez el estado de ánimo no le daba para hacer lo que en algún momento hizo en Cruz Azul o Tecos o en algún otro lado donde hizo goles al mayoreo”.