NUEVA YORK (Enviado especial) -- El fútbol suele sorprender, pero no tanto. En este juego la imprevisibilidad es rasgo fundamental, aunque a la larga los mejores jugadores y equipos casi siempre triunfan. Por eso, este Mundial de Clubes que había comenzado con sorpresas terminará con una final entre equipos europeos, tal y como se había imaginado.
Chelsea y PSG definirán el título del mundo de clubes el próximo domingo 13 de julio en el estado MetLife de New Jersey. Dos de los últimos cinco campeones de la UEFA Champions League. Dos equipos acostumbrados a jugar instancias definitivas del máximo torneo de Europa. Dos gigantes que crecieron en las últimas décadas a fuerza de billetera pero también de un buen trabajo de dirigentes y entrenadores.
Este campeonato pasó por dos etapas claras. Al principio, todos elogiamos la capacidad de los equipos sudamericanos para competir contra cualquiera. Fue revalorizada la estirpe del fútbol nuestro. Desde finales de los noventa, los grandes de Argentina y Brasil se alejaron cada vez más de los de Inglaterra, España, Alemania, Italia y Francia. La diferencias financieras entre ambos continentes hizo que pareciera casi imposible un enfrentamiento parejo.
Sin embargo, esa distancia en la cotización de los futbolistas y de los entrenadores no se notó durante la primera etapa. Boca compitió mano a mano con Benfica y Bayern, Botafogo le ganó a PSG, Flamengo venció a Chelsea, Fluminense empató contra Borussia Dortmund. Y todos mostraron una fortaleza milenaria, que tiene que ver con la grandeza histórica del continente.
Ya lo dijo Josep Guardiola: "salvo uno o dos, todos los partidos son parejos. La gente dice 'qué sorpresa, perdió un equipo europeo'... Bienvenidos al mundo real, amigos. Yo amo cuando en este torneo juegas contra equipos sudamericanos. Cómo te desafían, cómo compiten. Admiro cómo defienden". Al no poder jugar de igual a igual en el terreno de la creación y la definición, los representantes de nuestra región buscaron acortar distancias con intensidad defensiva. Y lo hicieron... por un tiempo.
Las diferencias se empezaron a notar en las fases de eliminación directa. Allí, el Flamengo que había superado con autoridad a Chelsea no tuvo respuestas contra Bayern. River perdió el mano a mano con Inter sin atenuantes. Chelsea eliminó sin sufrir demasiado a Palmeiras y Fluminense. Cuando los torneos se definen, apareció la mayor jerarquía individual y colectiva.
Es muy difícil competir con planteles como Chelsea, PSG o Real Madrid. Fluminense eliminó a Inter, un equipo que venía con muchos problemas físicos y muy disminuido. Los grandes de Europa que estaban en un nivel aceptable no tuvieron problemas para avanzar. A la larga, el Mundial tomó la forma que se esperaba, más parecida a la Champions que a la Libertadores.
¿Qué significa esto? Que la calidad técnica fue superior al rigor físico. Entonces, un equipo liderado por Vitinha se hizo imbatile. Y otro con Enzo Fernández, Moisés Caicedo y Cole Palmer sacó ventajas. El dominio de los partidos pasó por saber cómo manejar la pelota y a partir de la posesión controlar los tiempos y los esfuerzos, sobre todo cuando el calor fue más pesado.
