Doha nos deja varias lecciones de vida y deportivas; vimos coronar a Messi, el mejor del mundo

René Tovar te cuenta los pormenores de Qatar 2022. ESPN

Todo principio tiene un fin y la sede que albergó a la vigésima segunda Copa del Mundo vuelve a su día a día

DOHA -- Qatar es otro. Doha tiene un ambiente diferente. Es normal, sí. Lo que no me parece que sea tan natural es que apenas acabó el Mundial se respira un aire distinto. Un chofer de Uber me confesó que extrañaba la tranquilidad de la ciudad. El tránsito fluido. No el caos en el que el lugar estuvo durante un mes.

Quizá aparece uno u otro aficionado de Argentina. La gran mayoría de los periodistas destacados en la cobertura saben que hoy es el día de las compras de último momento, porque regularmente la FIFA pone al 50 por ciento de descuento, lo que durante la competencia tiene un valor regularmente alto al ser una marca oficial, por lo que realizan las afamadas compras de ‘pánico’.

Doha amaneció con otro aroma, insisto. Hoy es el último día en el que los comunicadores viajan ‘gratis’ en el metro, pero ya se ve cómo los ciudadanos retoman la cotidianidad y utilizan las tarjetas de pago para acceder a los andenes de trenes, cuando durante un mes fueron libre de acceder sin costo alguno. Hay nostalgia. Todo principio tiene un fin y la sede que albergó a la vigésima segunda Copa del Mundo vuelve a su día a día.

La organización de Qatar fue impecable. Al menos en 20 días muchos nos sacudimos con ideas infundadas de lo que veríamos en este país tan desarrollado. Les aseguro que quienes estuvimos aquí fuimos bien tratados, con el mayor de los respetos y con grandes atenciones. Nos limpiaron la mente, vaya.

Cuento apenas un botón de esa amabilidad. En tres ocasiones, en el metro citadino, cedí el lugar para que una mujer o un niño se sentara cuando no había lugares, pero apenas pasaban unos minutos y una persona de la nada aparecía para decirme que por favor tomara su lugar, luego de ver que yo había cedido el mío.

Y aunque en broma jugaba que no estaba ‘viejo’ ni ‘cansado’, para hacerme ese gran detalle, decirle a los qatarís que no, es imposible. Su mirada de amabilidad no acepta una negativa ante una mirada atenta y afable. Entonces tenía que tomar ese espacio y agradecerlo con una sonrisa, la misma que me profería previamente la mujer a quien le daba mi lugar.

Qué decir de gente que te encuentras en restaurantes o tiendas. Me hice muy cercano al dueño de una tienda de lentes que amablemente de la nada me obsequió unos y aunque los quise pagar en todo momento, me dejó en claro que hacerlo era una terrible falta de respeto en su sociedad, entonces, no había forma de decir que ‘no’. No se trata del regalo, no, por supuesto, es el ejemplo de la nobleza que hay en la gente independiente de temas de derechos humanos que por supuesto no son correctos y que en este lugar no me corresponde abordarlos.

Ejemplifico lo que yo viví y lo que a mí me advirtieron. Ir al super y cargar bolsas luce casi ‘imposible’, porque las personas o ‘cerillos’, como se le conocen en México, toman tus viandas y te preguntan dónde hay que llevarlas porque están prestas hacerlo incluso sin que tengan una ‘propina’ de por medio. O qué decir de lugares donde si te notaban cansado te abrían un espacio para que no caminaras de más en las serpenteantes vallas que eran eternas y se hacían incansables al concluir la jornada laboral. Una ayudadita por supuesto que no caía nada mal.

A mí, y repito, a mí porque para otra gente la versión puede ser diferente, Qatar me cambió 360 grados la idea con la que llegué a este país. Bajo conceptos erróneos de cuidar lo que uno hace o dice o bien pasar por aspectos de seguridad que yo no sentí en ningún momento en ninguno de los partidos que fui a el Mundial de Oriente Medio que sin duda dejó el listón muy, pero muy alto para el 2026 que se llevará a cabo en México, Estados Unidos y Canadá.

Es ahí donde un cúmulo de personas que acudimos a Qatar nos preguntamos si estamos preparados. Desde México llegan noticias, sobre violencia, atentados, ejecutados, politiquería, desorganización y acá nos llenan de etiquetas que ni siquiera por aquí son dignas de mencionarse. ¿Por qué? Porque las series de violencia que se ven en estos países les hacen preguntarte si existen verdaderamente los personajes violentos que aparecen en las mismas. No lo creen. Piensan que es ficción. Como las películas de El Santo y Blue Demon. Qué pena. Da pena. Siente uno tristeza porque estoy seguro que usted ama a México lo mismo que yo, pero da vergüenza saber cómo nos cataloga el mundo en general.

¿Ya se enfrió el fracaso o va tibio?

Han pasado ya varios días de la eliminación de México en Qatar. Anuncios sin fundamento real de que verdaderamente van a cambiar las cosas en nuestra liga. Yon de Luisa se paseaba por las calles de Doha --me aseguran-- como si nada. Y no es que tampoco tenga que resguardarse en casa, no, por supuesto, ni tampoco va la vida de por medio, ni tampoco es responsable directo de lo sucedido, pero este fracaso mexicano acabado el Mundial ya comenzó a enfriarse.

Lo dije, la historia es cíclica. Los 60 días, tiempo en el que se dará un informe sobre lo acontecido, servirán para que se olvide la pésima actuación. Ese tiempo será utilizado para que noticias del futbol vayan y vengan y sólo hasta que se vuelva a tocar el ‘fracaso de Doha’ se ponga nuevamente todo en la mesa de debate. No cambiamos. Somos los mismos. Ojalá algún día lo hagamos o como bien lo dijo Bora, aunque después lo negó: “México nunca va a ser campeón del mundo”.

El serbio, por supuesto que no está alejado de la realidad. Los que anoche estuvimos en el Lusail Stadium sabemos que tocar los niveles de Argentina y Francia, en una de las Finales mejor jugadas en las historia, no es fácil. Y vuelve la mente a traerme a nuestra selección. No, no estamos ni cerca de un equipo A. Ni en carácter, ni en personalidad, ni en jugadores, ni en futbol, ni en entrenadores y tampoco en periodistas. Cada quien tiene lo que merece. El juego donde se coronó Argentina tocó lo superlativo. Mostró al mundo que el futbol no sólo son hombres que le pegan al balón, sino es una suma de virtuosismo puesto al servicio de lo colectivo, con armonía, clase y competitividad. Ni hablar de Messi. Los que presenciamos la obtención de la tercera copa del Mundo de Argentina vimos historia y a uno de los tres mejores jugadores del planeta desde su origen.

Qatar cierra el telón y nosotros nos tomamos un breve descanso. Gracias a todos ustedes por seguirnos en nuestra cobertura y plataformas de ESPN. Agradezco a esta gran y extraordinaria empresa --no es cliché-- haberme traído a mi quinta Copa del Mundo. Les deseo suerte a todos ustedes y que pasen una Navidad y Año Nuevo inolvidable. Hasta pronto.