Messi vs. Brasil: el primer gol, la noche de Doha y el origen de la leyenda argentina

Doha, 17 de noviembre de 2010. La noche ardía sobre el desierto cuando Lionel Messi tomó la pelota y empezó a correr. La escena se ralentizó, como si el tiempo entendiera que estaba ante algo irrepetible. En un puñado de segundos, el capitán del futuro dejó atrás camisetas amarillas, recortó hacia el área y definió cruzado con la zurda. La pelota rozó la red y el grito viajó por todo Qatar. Argentina 1-0 Brasil.

El actual futbolista de Inter Miami concedió una entrevista al Diario SPORT en la que la próxima Copa del Mundo fue un tema ineludible, pero se mantuvo en su línea precavida al hablar de las expectativas para decir presente: "El Mundial y jugar con la Selección es especial, más después de haberlo ganado. No quiero ser una carga, me quiero sentir bien físicamente, estar seguro de que puedo ayudar y aportar cosas al grupo".

No era una final ni había un trofeo en juego. Era apenas un amistoso. Pero ese gol, el primero de Messi ante el eterno rival, fue mucho más que una estadística: fue una declaración. A los 23 años, en el mismo país donde el fútbol lo consagraría campeón del mundo doce años después, Messi escribía el primer capítulo de su épica con la Selección Argentina.

El primer rugido de Messi ante Brasil

Hasta aquella noche, Messi arrastraba una cuenta pendiente. Había ganado todo con el Barcelona, pero en Argentina aún se lo miraba con lupa. Frente a Brasil, el espejo donde se mide la grandeza sudamericana, buscaba romper ese hechizo. Y lo hizo a su manera: con una jugada que nació en la mitad de la cancha y terminó en poesía.

Sergio Batista, el técnico de aquel equipo, lo resumió con admiración: “Messi lo significa todo para nosotros. En un minuto mostró por qué es el mejor del mundo”. Y lo mostró justo ante Brasil, el rival que más duele, el que más vale vencer.

Messi y un deseo cumplido con la Selección Argentina

Después del partido, sin gestos grandilocuentes, Messi dejó una frase que hoy suena profética: “Quería ganarle a Brasil, y lo pude hacer. Nunca lo había logrado con la mayor”.

Ese gol fue su liberación. Un pequeño punto de inflexión que transformó el vínculo entre Messi y la camiseta argentina. A partir de esa noche, ya no hubo vuelta atrás: la Selección empezó a sentirse su casa.

De Doha a la eternidad

Con el paso del tiempo, aquel grito se volvió un presagio. En el mismo país donde dio su primer golpe ante Brasil, Messi levantaría la Copa del Mundo en 2022. Doha fue el escenario del comienzo y del final perfecto: del chico que buscaba su lugar, al líder que lo encontró.

A veces la historia se escribe con sutileza, y otras, con un disparo al arco. El 17 de noviembre de 2010, Lionel Messi convirtió un amistoso en una promesa. Doce años después, en el mismo Qatar, esa promesa se convirtió en eternidad.