Países Bajos: La condena del eterno aspirante en el Mundial

“La gente solo recuerda al campeón”, suele repetirse. ¿Con razón? Tal vez, pero apenas en parte. Los amantes del fútbol saben que aquella Hungría del Mundial 1954 será admirada por siempre, más allá de su final perdida. También, que el equipo que quedó grabado en la memoria colectiva de quienes pudieron ver el Mundial de 1974 es aquel de Países Bajos que comandaba Johann Cruyff.

Esa verdad convive con algo obvio: la caída ante Alemania Federal, sumada a las que vinieron después, configuran una enorme frustración para Países Bajos. Es uno de los seleccionados que de manera constante mejor juega al fútbol en el mundo pero al que siempre le falta algo para llegar a lo más alto. ¿Se puede determinar la razón principal por la que un país con tan grandes jugadores y entrenadores nunca consiguió un título? Parece difícil, pero nada se pierde con intentarlo, y para eso conviene analizar en detalle qué fue lo que faltó cuando la consagración estuvo más cerca.

Primero, cuesta entender que los neerlandeses hayan tenido que esperar hasta 1974 para asomar la cabeza en un Mundial, cuando buena parte de los grandes valores de esa generación, incluido Johann Cruyff, ya habían debutado en las Eliminatorias para México 1970. Esa oportunidad -la menos recordada de una de las tantas que el seleccionado dejaría pasar a lo largo de la historia- se escapó a manos de una Bulgaria que después se marcharía en la fase de grupos, con una actuación irrelevante.

Parte de la leyenda que se armó alrededor de aquel equipo de 1974 tiene que ver con la forma en que pateó el tablero con respecto a sus propios antecedentes en Mundiales. Hasta entonces, Países Bajos apenas registraba participaciones en 1934 y en 1938, y en ambas se había despedido después de perder sin mayores estridencias en el debut. Así, con un currículum prácticamente en blanco, apareció un equipo que de repente estaba en condiciones de mostrar un presente muy superior al de oponentes con un palmarés nutrido.

Países Bajos presentó un fútbol distinto a todos

Tan cierto como que era virtual debutante en las Copas del Mundo, es que antes del torneo había una enorme expectativa alrededor del seleccionado neerlandés, que tenía su base en el Ajax tricampeón de Europa (1971, 72 y 73), con cracks como Ruud Krol, Johan Neeskens, Arie Haan, Johnny Rep y, obviamente, Cruyff. Aquel conjunto poderoso se había gestado de la mano de Rinus Michels, considerado el padre del “Fútbol Total”, una revolución por aquellos años, con un legado que va más allá de cualquier título. “La pelota es siempre más rápida que el jugador”, solía repetir, como para marcar la esencia de su filosofía, con un plan táctico de mucha dinámica y casi sin posiciones fijas, que desconcertaba a los rivales.

En marzo del año del Mundial, el entrenador se fue de Barcelona, donde ya con Cruyff en el equipo acababa de consagrarse campeón de la Liga de España después de 14 temporadas, y asumió en el seleccionado. Era la puntada final para apuntar a la gloria y que, por el particular color de su casaca, empezara a hablarse de La Naranja Mecánica, tres años después de que se estrenara en los cines la obra maestra de Stanley Kubrick, basada en la novela homónima de Anthony Burgess.

Países Bajos marchó a paso de candidato en el Mundial. Despachó en la fase de grupos por 2-0 a Uruguay (semifinalista cuatro años antes) y luego de un 0-0 contra Suecia goleó 4-1 a Bulgaria. Ratificó su chapa de favorito con un aplastante 4-0 a Argentina y aseguró el pase al partido por el título al vencer sin despeinarse por 2-0 a Brasil, que aunque ya no contaba con Pelé seguía teniendo grandes individualidades y defendía el título.

El comienzo de la final siguió en la misma sintonía. Países Bajos pasó al frente a los 2 minutos con un penal de Neeskens sin permitir que un solo jugador alemán tocara la pelota hasta entonces. Había olor a baile. Pero Alemania siempre será Alemania, y mucho más como local. Con una presión constante y perseverancia, consiguió emparejar el partido y dar vuelta el resultado ya en el primer tiempo. Y en el complemento, contó con una gran actuación del arquero Sepp Maier para aguantar y generar así la primera gran frustración neerlandesa en los Mundiales, en la que, según coinciden los analistas, fue la mejor versión de ese seleccionado.

"Estábamos decepcionados, evidentemente. Sin embargo, me recompuse rápido y finalmente me afectó muy poco. Creo que esto fue así por la enorme carga positiva que nos rodeaba, por la admiración universal por nuestro juego", expresó Cruyff en sus memorias.

Historia repetida en el Mundial

Cuatro años después llegó el Mundial de Argentina 1978 y, ya sin Cruyff, se volvió algo forzado seguir hablando de La Naranja Mecánica, aunque conservaba muchas de las virtudes que lo habían llevado a la más alta consideración en el altar futbolero. Aunque tuvo algún tropezón en el camino, como la caída 3-2 frente a Escocia, otra vez cautivó con su juego y se metió en la final después de vapulear a Austria 5-1, igualar 2-2 con Alemania -en la revancha de la final del 74- y vencer 2-1 a Italia en el partido decisivo.

En la final, detalle no menor, esperaba otra vez el seleccionado del país organizador. Fue un partido disputado con mucha intensidad, en el que Argentina pasó al frente al final del primer tiempo con un gol de Mario Kempes y contó, como los alemanes en 1974, con una actuación memorable de su arquero. El Pato Ubaldo Fillol, el mejor del mundo en su puesto por aquel entonces, atajó todo lo que tiraron los neerlandeses, que no fue poco, con excepción del cabezazo de Dick Nanninga que igualó el partido en el complemento.

Tal vez en esta final se dio la chance más grande que tuvo Países Bajos de subirse a lo más alto del podio, cuando a los 45 minutos del segundo tiempo Rob Rensenbrik estrelló un remate contra un palo del arco que defendía Fillol. Después de aquello, todo fue de Argentina, que se impuso por 3-1 en el tiempo suplementario. La diferencia de efectividad en las áreas dejó otra vez a los neerlandeses con las ganas.

Países Bajos: en la elite, pero sin el título soñado

Tras el impacto que construyó en los 70, la Naranja -no siempre Mecánica- tuvo como constantes el intento de jugar bien al fútbol y una irregularidad que se volvió por momentos una traba demasiado importante. Tanto que el equipo, por ejemplo, ni siquiera se clasificó a España 1982 y México 1986, pero resurgió con todo, de nuevo con Michels a cargo, para llevarse con otra gran demostración de fútbol la Eurocopa de 1988, el título más importante de su historia.

La esperanza renovada con la que llegó a Italia 1990 terminó en una nueva frustración. El equipo que contaba con Ruud Gullit, Marco van Basten y Frank Rijkaard, pilares del Milan bicampeón de Europa, se despidió en octavos de final sin poder ganar un solo partido, y con Rijkaard expulsado tras escupir a Rudi Voller en el choque de octavos que Alemania ganó 2-1. Con la misma base pero ya sin Gullit ni Van Basten, llegó un poco más lejos en 1994 pero esta vez fue Brasil el que bajó la cortina en cuartos de final.

Francia 1988 fue otro Mundial en el que Países Bajos, con una muy buena actuación, se quedó en la orilla. Con dos delanteros estelares como Dennis Bergkamp y Patrick Kluivert, se metió en semifinales después de eliminar a Argentina en cuartos, y en la semifinal casi da el golpe ante Brasil, que defendía el título, pero después del 1-1 en tiempo regular cayó en la definición por penales.

La última gran oportunidad se esfumó en 2010. Pese a contar con un equipo con dos flechas como Arjen Robben y Wesley Szneijder y a haber llegado a la final con su vieja receta de buen fútbol, Países Bajos mostró una cara diferente en el encuentro decisivo. Tal vez presionado por su fama de perdedor de finales, o por tener enfrente a una generación mágica de España, con Casillas, Sergio Ramos, Busquets, Xavi Alonso, Xavi Hernández e Iniesta entre otros en su apogeo, los neerlandeses presentaron un libreto diferente. Apelaron al juego brusco e incluso desleal y, aunque sin renunciar al ataque, parecieron resignarse a la superioridad técnica del rival.

Así y todo, otra vez hubo una chance concreta y un arquero que se interpuso, cuando en el complemento Casillas tapó con un pie un remate de Robben que tenía destino de red. En tiempo suplementario, cuando ya los neerlandeses estaban con uno menos por la expulsión de Heitinga, Iniesta puso el justo 1-0 final para que la Roja se llevara el primer título de su historia. Ese que se le sigue negando a la Naranja, que después vio como sus últimas dos ilusiones se apagaban ante Argentina por penales, en semifinales de 2014 y en cuartos de 2022.

Qué falló y qué necesita cambiar Países Bajos en el Mundial 2026

Parece difícil objetar a un seleccionado que no sólo marcó el libreto del mundo del fútbol en diferentes etapas, sino que además siempre fue relevante en los Mundiales, al punto de que desde 1974, cuando logró clasificarse, nunca fue eliminado en la primera ronda. No se puede culpar sólo a la mala suerte por la falta de títulos, aunque sería caprichoso ignorar que le faltaron centímetros para coronarse en 1978 con el palo de Rensenbrink o en 2010 con el mano a mano fallido de Robben ante Casillas.

Pero tampoco se puede ignorar que Países Bajos, a diferencia de sus primeras ediciones, ahora tiene en su contra la carga de su fama de perdedora en las instancias difíciles. En el Mundial 2026, esta selección que ya se ganó un lugar en el recuerdo a pesar de no ser campeona, irá por el gran resultado que le falta. A ese juego que ya es parte de su esencia, tendrá que sumarle algo más para no volver a caer en la frustración. Ese “algo más” tan difícil de definir que tienen los campeones.