Costa de Marfil, el legado de Drogba en un plantel criado por la guerra civil

“Hoy probamos que todos los marfileños pueden coexistir y unirse por un objetivo en común. Les rogamos: perdonen, perdonen, perdonen. Por favor, bajen las armas. Organicen elecciones. Todo será mejor”. El que hablaba era Didier Drogba. Tanto él como sus compañeros se pusieron de rodillas durante el mensaje. Lo escucharon todos los marfileños, entre ellos los principales destinatarios de su súplica: los líderes del Gobierno y de las facciones rebeldes, que eran las caras visibles de la guerra civil que desangraba al país desde 2002 y que dejó hasta 4.000 muertos y 750.000 refugiados.

El capitán estaba en el centro de un vestuario en el que reinaba el júbilo después de haber conseguido la histórica clasificación al Mundial 2006. Aquel 8 de octubre de 2005, luego de la victoria 3-1 como visitante ante Sudán, el mejor jugador de la historia de Costa de Marfil consiguió algo superior al logro deportivo, como poner un freno a una guerra civil. Dos décadas después, chicos que crecieron con él como referente y a la vez con todo el sufrimiento a cuestas por ese conflicto, serán los encargados de ir en busca de la gloria en otro Mundial, con una de las camisetas más pesadas de África.

Sin tantas estrellas como en el pasado reciente, Costa de Marfil volverá a ponerse a prueba en 2026 en un Mundial. Enfrentará en la fase de grupos a Ecuador, Alemania y Curazao e intentará superar la fase de grupos, algo que no pudo lograr en sus tres presentaciones previas pese a las individualidades estelares con las que contó y a algunos buenos partidos puntuales.

El hecho de que haya estado ausente en las dos últimas Copas del Mundo resulta extraño para un seleccionado que hasta no hace tanto marcaba el ritmo del fútbol africano. Esa etapa de esplendor estuvo signada por un jugador único como Drogba, que en el amanecer del nuevo milenio se instaló sin dudas en el grupo selecto de los mejores delanteros del mundo. Pero está claro que no sólo será recordado por eso, sino también porque eligió usar su influencia para mejorar la vida de sus compatriotas. Sin proponérselo, estableció así una diferencia abismal con otros futbolistas que, desde su posición privilegiada, eligen caminar con comodidad las anchas avenidas que regala el poder y distanciarse de las tragedias que padecen quienes los rodean.

En un país joven, que declaró su independencia de Francia recién en 1960, aquel discurso de Drogba es uno de los hitos de la historia de la república. Porque consiguió un cese del fuego al menos momentáneo y ayudó a que se retomaran las conversaciones entre las partes, que terminaron con un acuerdo en marzo de 2007. Y fue todavía más allá el capitán, que después de haber sido nombrado como mejor futbolista del continente llevó su trofeo a Bouaké, la segunda ciudad en importancia del país y uno de los epicentros de la violencia armada.

Además, como para hacer otro aporte a la unión de sus compatriotas, impuso que se jugara allí el choque previsto para junio de ese año contra Madagascar, por la clasificación para la Copa de África. Cualquier análisis sobre lo que es hoy el fútbol de Costa de Marfil será incompleto si se omite lo que pasaba en ese tiempo, cuando los actuales integrantes del equipo nacional empezaban a construir su propia historia.

Jugar para vivir lejos de Costa de Marfil

Amad Diallo es hoy la principal referencia de un seleccionado que busca recuperar el prestigio aunque todavía no muestra las luces de los tiempos de Drogba o los hermanos Yaya y Kolo Touré. En 2015, cuando Costa de Marfil venía de clasificarse a tres Mundiales consecutivos y era difícil vislumbrar que le costaría tanto regresar, Diallo se incorporó a las divisiones juveniles de Atalanta. Pero antes, su llegada a Europa en 2010 estuvo enmarcada por la cruel realidad de su país de origen, que sufría las secuelas de la guerra civil y aún viviría una segunda etapa del conflicto durante dos meses en 2011.

Cuando ya lucía su talento en el fútbol europeo, una investigación judicial en Parma reveló que el escape de Diallo a Italia se había logrado mediante una red de tráfico de personas, que falsificaba documentos y vínculos con personas que ya vivían en Europa. Lo inscribieron con el apellido “Traoré”, el de la familia con la que se inventó el vínculo. Cuando se descubrió la estafa. Amad pidió en sus redes sociales que sólo lo llamaran por su nombre verdadero y llegó a un arreglo judicial para cerrar el tema. Luego del pago de una multa, empezó a dejar atrás una realidad dolorosa que, de todos modos, siempre será parte de su historia.

No hace falta ser muy perspicaz para imaginar que la gran referencia de Diallo en su camino como futbolista es Didier Drogba. Esa admiración, apuntalada también por lo que significa para su país el ex delantero de Chelsea, se sostiene al día de hoy por la conexión personal entre ambos. “Encontrármelo y hablar con él cuando llegué al seleccionado fue una de las grandes emociones de mi vida. Me aconsejó, me habló de la importancia de convertir goles. Es una gran persona”, expresó Amad en 2024 en el podcast talkSPORT’s Premier League.

El futuro llegó para Costa de Marfil en el Mundial 2026

Con una realidad diferente a la de Diallo y la de otros compañeros más veteranos, Yan Diomande simboliza a sus 19 años el renacimiento de Costa de Marfil. Nació en noviembre de 2006, cuando ya el seleccionado había jugado su primer Mundial y la primera guerra civil estaba más cerca de cerrarse. Llegó a comienzos de 2025 desde Leganés a Red Bull Leipzig, en Alemania, a cambio de 20 millones de euros. Ya jugó como titular algunos partidos en el seleccionado, en el que, más allá del tiempo transcurrido, su gran referencia sigue siendo Didier Drogba.

A raíz de una lesión en el hombro, Diomande se tuvo que bajar de los amistosos preparatorios para el Mundial ante Escocia y Corea del Sur, aunque espera estar totalmente recuperado para la Copa del Mundo.

Como otros chicos marfileños de su edad y algunos más jóvenes, el delantero de Red Bull Salzburg es parte de una generación que sólo piensa en jugar. Puede hacerlo porque antes, cuando fue necesario, hubo muchos como Didier Drogba que ayudaron a construir un futuro mejor para ellos. Hoy, a ellos les toca disfrutar de una realidad diferente. En el Mundial, todos ellos buscarán ser el reflejo de este presente con más motivos para sonreír.