Scott McTominay, el inglés que eligió la inmortalidad en Escocia y Napoli para brillar en el Mundial 2026

El juego en Hampden Park recién comenzaba. Desde muy temprano se sintió el clima de partido grande en Glasgow, pero Escocia y Dinamarca apenas habían levantado temperatura sobre el campo cuando Ben Doak envió un centro perfecto para la espectacular chilena de Scott McTominay, que desde el momento mismo del impacto se convirtió en legendaria. Después, el seleccionado escocés logró la victoria necesaria para clasificar a la Copa del Mundo por primera vez desde 1998. Y McTominay, el hombre que eligió su patria, se hizo inmortal.

McTominay, el inglés que eligió ser de Escocia y Napoli

McTominay es un gran futbolista, con calidad y temperamento, pero aún más es un símbolo. Una bandera de dos pueblos. De Escocia y de Napoli. Dos pueblos opuestos desde lo geográfico pero hermanados desde lo espiritual. Dos pueblos de los márgenes. El norte y el sur. La periferia. Entonces él, un inglés que desechó su nacionalidad privilegiada para representar a los relegados, se hizo líder de las ilusiones de escoceses y de napolitanos. Y las dignificó. Y cumplió sus sueños.

"I'll love you 'till my heart breaks, he loves the tartan army, he turned the English down: Scott McTominay" ("Te amaré hasta que se me rompa el corazón, él ama al ejército del tartán, él rechazó a los ingleses: Scott McTominay"), cantan los hinchas de Escocia para honrar a su mejor jugador, que sería un ídolo también si hubiese nacido en las tierras bajas o en las altas, pero que cuya figura se eleva todavía más porque lo hizo en Lancaster, corazón de Inglaterra.

En 2018, cuando a sus 21 años apenas despuntaba como una promesa en Manchester United, Alex McLeish, en ese entonces seleccionador de Escocia, emprendió un viaje bajo el crudo invierno del norte británico para "convencer" a la joven figura de representar a la nación de su padre, oriundo de Helensburgh, un pueblo del oeste escocés. Sin embargo, la travesía no fue lo que esperaba porque McTominay ya había tomado su decisión mucho tiempo antes: "Viajó muchísimo para venir a hablar conmigo y tengo que agradecérselo, pero la conversación que tuvimos fue sencilla. Quería jugar para Escocia y siempre lo he querido desde que era un niño".

La herencia paterna y su arraigo patriótico con Escocia fueron las principales motivaciones de la elección de McTominay, pero no las únicas. Sir Alex Ferguson, compatriota y personaje omnipotente de Manchester United, y Jose Mourinho, entrenador del club en ese entonces, también lo persuadiaron de vestirse del azul del tartán en lugar del blanco albión. ¿Por qué? Tal vez porque ambos divisaban en el futuro un premio demasiado grande por triunfar con la insignia del tartán: la inmortalidad.

A los 29 años, McTominay ya tiene más de 70 partidos internacionales y 14 goles. Disputó dos Eurocopas y se prepara para jugar su primer Mundial, que también es el primero de la selección escocesa desde el siglo pasado. Un Mundial en el que buscarán un logro inédito, esperado por generaciones: superar la primera ronda. Con Brasil, Marruecos y Haití como rivales, Escocia tiene buenas posibilidades porque cuenta con un equipo que sabe lo que es jugar bajo presión y con un líder futbolístico que llega en gran nivel gracias a que encontró su lugar en el mundo: Napoli.

McFratm, le dicen a McTominay en Napoli. Un juego de palabras entre su apellido y la frase "fratello mio" ("mi hermano"). En pocos meses tras su llegada, el rubio de más de un metro noventa se convirtió en un napolitano más. Su apariencia no es la más común en las callejuelas del Quartieri Spagnoli (el Barrio español), la barriada popular más emblemática de la ciudad, pero el fútbol es religión en el sur de Italia y su talento lo convirtió en hermano. O en algo más que eso.

"Si Maradona es Dios, McFratm es Jesús", dice una bandera en las afueras del estadio que lleva el nombre del héroe máximo de los tifosi. Ya figurar en la misma frase que Maradona alcanza para describir el amor que le tiene este pueblo a su número 8. Llegó a mediados de 2024 y supo interpretar a la perfección a los napolitanos, como lo había hecho con los escoceses. Sin dudas, McTominay tiene una sensibilidad especial para relacionarse con hinchadas pasionales. Una sensibilidad que completa su calidad futbolística.

Arribó a las costas del Mediterráneo después de una turbulenta salida de Manchester United, el club de su vida que no supo esperar su explosión. La Serie A no suele ser un destino habitual para jugadores de la Premier, pero el destino tiene salidas misteriosas. Napoli estuvo a punto de contratar a Marco Brescianini, de Frosinone, aunque su fichaje se truncó y entonces se fijó en el deshauciado McTominay, que necesitaba un club diferente para relanzar su carrera. Y tal vez no hay club más diferente de Manchester United que Napoli.

Allí, encontró el sitio ideal para ser el futbolista que el mundo esperaba. Antonio Conte supo ubicarlo en una posición ideal: con libertad para llegar al área y jugar en la zona ofensiva por sorpresa. En su primera temporada se coronó campeón de la Serie A, fue el mediocampista más goleador y también se quedó con el premio al mejor futbolista de la temporada. Su relación con Napoli fue amor a primera vista. Un amor que ya es eterno.

"Vi una oportunidad, la aproveché y nunca miré atrás. No tardé mucho en tomar la decisión, porque sabía que venir a Napoli era lo que quería, y nunca tendré remordimientos en mi vida. Una vez que me propongo algo, quiero hacerlo; punto. No hay nada que me detenga", dijo al explicar los motivos de su singular fichaje. El futuro dice que no podría haber hecho una mejor elección.

"Ganar un título aquí es lo más importante para mi carrera", dijo poco antes de quedarse con el Scudetto. Así de rotunda ha sido su fusión pasional con el pueblo napolitano. "La pasión de esta hinchada es increíble. La verdad es que nunca había visto nada igual. Me encantó. Amo este lugar; amo a los aficionados; amo a mis compañeros de equipo". Como para subrayar la identificación, adorna el jardín de su casa una estatua a tamaño real de Diego Maradona, réplica de la obra del artista Stefano Ceci que se encuentra ubicada fuera de los vestuarios. En el hogar de su amigo y compatriota Billy Gilmour está la misma estatua.

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Se puede ver el hilo conductor. No es difícil comprender por qué el amor y la identificación crecieron de forma tan natural. La bandera azul con la cruz de San Andrés blanca luce muy bien mezclada con las celestes napolitanas. Hay una forma de entender la vida en común. Hay un impulso de lucha que hermana.

Sin dudas, el gran nivel al que llegó McTominay en Napoli fue fundamental para que Escocia lograra la clasificación directa al Mundial. En las Eliminatorias, tuvo un futbolista diferencial. El mejor de una de las mejores ligas de Europa. Tal vez, sin aquella silenciosa transferencia de menos de treinta millones de libras en 2024, no habría Escocia mundialista.

Casi tres décadas pasaron para volver a ver a una de las dos selecciones más antiguas del planeta en el torneo más importante de todos. Y ha sido una verdadera pena. Porque Escocia no es un país más en el concierto del fútbol internacional. Sus pioneros han nutrido a decenas de naciones alrededor del mundo. A fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, fueron los escoceses quienes misionaron por este juego. Por eso su presencia en el Mundial con más participantes de todos los tiempos era necesaria.

Escocia falló en seis Eliminatorias. Nunca antes había estado tanto tiempo sin jugar el Mundial. Ahora, el gran objetivo será superar la fase de grupos por primera vez, algo que también el fútbol le debe a este pueblo.

Caminar por las calles de Napoli es una experiencia que todo futbolero debe vivir. En pocos lugares del mundo se vive con semejante intensidad este juego. Allí, los futbolistas que han logrado generar felicidad son algo más que ídolos deportivos. Son redentores. Y con la máxima deidad de Diego Maradona, como un impertinente Zeus en una ciudad plagada de iglesias, hay otros hombres que han dejado de ser simple humanos para, como Heracles, subirse al olimpo. McTominay es uno de ellos. El inglés que negó a la corona por la patria de su familia. El escocés que condujo a la Tartan Army a un mundial. El rubio de corazón napolitano.