KANSAS CITY (Enviado especial) – El día después de la hazaña, todavía dura la emoción. Lo vivido en Argentina 3-2 Egipto difícilmente pueda olvidarse. Lo que pudo ser la despedida de Lionel Messi se convirtió en una épica clasificación a cuartos de final del Mundial 2026.
Por eso, valía la pena volver a ver esa media hora posterior al 0-2 para repasar con mayor frialdad cómo se gestó la remontada y para confirmar, una vez más, la resiliencia que tiene el capitán, emblema, bandera y líder del campeón del mundo.
De la posible despedida a un final con llanto y emoción
Cuando Mostafa Zico amplió diferencias en una contra letal, Messi se acomodó la cinta y miró cuánto tiempo quedaba en la pantalla gigante, mientras hacía el gesto de "NO" con la cabeza. La chance de que estuviera disputando sus últimos minutos en la Copa del Mundo era muy concreta.
"Lo de Leo…a los chicos les dije que lo tomen como ejemplo. Es algo maravilloso. Podría haber dicho ‘erré el penal, ya está’. Cuando nos hacen el 2-0, ‘se acabó, nos vamos’. Pero la vuelve a pedir, vuelve a intentar. Se me pone la piel de gallina", declaró Lionel Scaloni, ya sin lágrimas en los ojos, en la conferencia de prensa de Atlanta.
El encuentro se reanudó a los 68’28’’ y a los 70 llegó una pausa de hidratación clave para el desarrollo del juego. “Tratamos de transmitirnos confianza, ser pacientes, no volvernos locos porque estábamos haciendo el partido correcto”, contó Leandro Paredes en zona mixta. En los instantes siguientes, el 10 seguía sin poder desequilibrar. Abría los brazos para pedirla y la perdía. Trataba de tocar e ir a buscar, también se metía de 9. Le quedaban cortos los centros, pero insistía.
Hasta que a los 78’42’’, recibió por derecha y le puso la pelota como con la mano a Cuti Romero, autor del descuento. Hacía falta romper esa pared para confiar. En los tres minutos de furia siguientes, La Pulga encaró a toda velocidad, juntó marcas, pasó entre y casi desde el piso le mandó un centro a la cabeza a Lautaro.
82 minutos y 51 segundos: la muestra más evidente de no bajar los brazos. Su primer centro rebotó en un defensor y mandó nuevamente la pelota al área. Lautaro la bajó con esfuerzo y, aunque le quedó atrás, Montiel alcanzó a dejársela. Ahí entró “El Pibe de 39”, como una tromba, para romperle el arco al ya terrenal Mostafa Shoubir y estampar el 2-2 parcial. Después del festejo alocado, respiró hondo. Lo peor ya había pasado.
Hubo tiempo para algún sofocón más, que no pasó a mayores por un quite de Leandro Paredes que también quedará en el recuerdo. Y la frutilla del postre, el 3-2 agónico de Enzo Fernández que lo tuvo a Messi como “autor intelectual”. Porque luego del robo en el área propia, el capitán extendió su brazo derecho para indicarle a Julián que tenía que abrir con Lautaro.
"Le dijimos que todavía era temprano para irse a casa", dijo Enzo en zona mixta. “Jugamos para que su último partido no llegue nunca”, agregó Paredes. Su amigo De Paul fue más allá: “Nos toca fibras muy fuertes, en lo sentimental, en cómo corre, cómo contagia, personalidad, todo. No queremos que se termine nunca”.
“Arrancarmelo”, el tema de Wos con el que se musicalizaron tantos clips de Qatar 2022, dice: “Y no tengo pensado hundirme acá tirado. Y no tengo planeado morirme desangrado. Y no-oh-oh, no me pidas que no vuelva a intentar. Que las cosas vuelvan a su lugar”.
Y ahí va Lionel Messi. No importa si erra un penal o si el equipo va en desventaja. Siempre quiere más. Ya campeón del mundo, con 39 años. No le pidan que no vuelva a intentarlo.
