Con una victoria 1-2 ante Colombia en 2011, el técnico Alejandro Sabella levantó a la Selección Argentina y conformó un equipo confiable que perdió el título ante los alemanes en Brasil 2014.
Barranquilla es una especie de talismán para la Selección Argentina. Dos veces se miró al espejo en la capital del Atlántico, reconoció sus defectos y recompuso su orgullo para alcanzar alto vuelo futbolístico con destino a las grandes citas de la historia.
Fue ahí donde se estableció la generación campeona del 86, liderada en la cancha por Diego Maradona, Oscar Ruggeri y Jorge Valdano, bajo el comando de Carlos Bilardo. Salió fortalecida para ganar su segundo Mundial. Con Sabella pasó algo parecido.
El empate frente a Bolivia en el Monumental en su segundo partido oficial le costó silbidos a su selección. Ese 1-1 puso a tambalear ese proceso, al que la renuncia fallida de Martín Demichelis le sumó más desconcierto. “Este es un momento difícil”, reconoció el defensor Pablo Zabaleta. Cuatro días después, 15 de noviembre de 2011, el equipo se presentó en El Metropolitano con pocas señales de recuperación.
Se fue al entretiempo perdiendo 1-0 con un gol de Dorlan Pabón a los 44’. En el vestuario, el DT argentino hizo cambios profundos. Incluyó a Sergio Agüero para acompañar al tridente de ataque con Lionel Messi y Gonzalo Higuaín.
Pasó a 4-3-3 para remontar frente a una de las versiones más livianas de Colombia. Sin la personalidad que exigen esos partidos, la tricolor se rindió ante la conexión de Messi con la pelota. Agüero empató 1-1 y Lio puso el 1-2 a seis minutos del final.
Fue el punto de partida para la comunión entre el plantel y el entrenador hacia la final en el Maracaná en 2014. “Tuvimos más la pelota que ellos. Así es como tenemos que empezar a jugar”, explicó el 10. La derrota cortó el ciclo de tres partidos de Leonel Álvarez en la Selección en esa Eliminatoria. Lo reemplazó José Pékerman.
