El nuevo dueño del Chelsea quizás quiera canjear jugadores, pero el fútbol no funciona así

Un consorcio encabezado por Todd Boehly, coproprietario de Los Ángeles Dodgers, tomó control del Chelsea mediante una transacción valorada en £4,250 millones. Adam Davy/PA Images via Getty Images

La organización de Los Angeles Dodgers son la respuesta del béisbol a la pregunta: "¿Qué pasaría si el Manchester United fuese uno de los clubes más astutos del mundo?"

En 2014, los Dodgers contrataron a Andrew Friedman, una especie de Billy Beane 2.0, proveniente de los Tampa Bay Rays, especie de Oakland Athletics 2.0, para que fuera su presidente de operaciones de béisbol. Friedman ayudó a construir el equipo de los Rays que clasificó a la Serie Mundial en 2008 y constantemente juega en los playoffs, a pesar de contar con una de las nóminas más modestas de la liga.

Los Dodgers no habían alzado un título de Serie Mundial desde 1988; sin embargo, persuadieron a Friedman, convirtiéndolo en el ejecutivo mejor pagado de su deporte… y luego darle un montón de dinero para gastar. Durante los últimos ocho años, los Dodgers han construido uno de los mejores departamentos de análisis estadístico de la liga, crearon uno de los mejores sistemas de granjas de todo el béisbol, desarrollaron un historial impresionante en lo que respecta a mejorar peloteros con problemas, y fueron uno de los equipos más dispendiosos en cuanto a salarios. Finalmente, los Dodgers ganaron la Serie Mundial en 2020 y hasta ahora, son los grandes favoritos para revalidar ese título temporada tras temporada. Tampoco parece que dicha tendencia vaya a cambiar en el futuro cercano: iniciaron la actual campaña con una nómina valorada en la cifra récord de $310.6 millones y siguen contando con una de las cinco mejores camadas de prospectos de toda la liga, según los datos de MLB.com.

Probablemente, todo eso le suene muy bien a los seguidores del Chelsea; pero al menos hasta ahora, el flamante dueño del club de la Premier League Todd Boehly no ha contratado a otro Friedman para remozar el último club deportivo en formar parte de su portafolio de propiedades. De hecho, actualmente Boehly es su propio Friedman. En el mismo comunicado en el que se informó detalladamente de la partida de la veterana directora Marina Granovskaia, publicado la semana pasada, el club anunció que Boehly también serviría como director deportivo interino.

Una pequeña cantidad de informaciones periodísticas tempraneras sugieren que Boehly quiere explotar un mecanismo que su equipo de béisbol utiliza frecuentemente; sin embargo, casi nunca es utilizado por los clubes de fútbol: cambiar jugadores. Todo ello despierta una interrogante que quizás se haga el propio Boehly: ¿Por qué los clubes de Premier League no hacen cambios más a menudo?

Pues bien, porque los cambios no existen

En la mayoría de los deportes estadounidenses, se pueden cambiar jugadores independientemente de si la idea les gusta o no. Mientras una pequeña cantidad de figuras tienen cláusulas negociadas en sus contratos que les dan el poder de vetar cambios, la mayoría de los jugadores pueden ser cambiados de un equipo a otro, siempre y cuando su contrato encaje dentro de la plantilla de su nuevo club de una forma que no viole la estructura de topes salariales de la liga a la que pertenece.

"Para poder mover un jugador en el fútbol europeo, se requiere el consentimiento del deportista", afirma el abogado deportivo Jake Cohen. "Por ende, el jugador debe estar de acuerdo con cualquier traspaso, bien sea de forma permanente o mediante cesión, lo que le dificulta un poco a los equipos el cambio de jugadores, tal como lo hacen en el deporte estadounidense. En el fútbol europeo, es obligatorio [contar con] el consentimiento de los jugadores para ser transferidos, y eso no es negociable. Es una especie de derecho fundamental garantizado por la FIFA".

Por ejemplo, los Dodgers adquirieron al jardinero Mookie Betts, ganador del Más Valioso de la Liga Americana en 2018, proveniente de los Boston Red Sox (propiedad del Fenway Sports Group, también dueño del Liverpool) mediante un cambio a principios de 2020. Posteriormente, convinieron con Betts una extensión por 12 años y $356 millones que lo mantiene atado con la organización californiana hasta 2032, cuando tendrá 40 años. El contrato de Betts no contempla una cláusula de veto a un cambio tentativo; por ende, si por alguna razón los Dodgers eventualmente deciden cambiarlo a, por ejemplo, los Kansas City Royals, Betts no podrá hacer nada al respecto. Se le pagará el mismo sueldo, solo que lo hará un nuevo equipo. Ojalá le guste el asado.

Comparemos la situación de Betts con la de Romelu Lukaku. No sólo el Chelsea le pagó al Inter Milan $124.3 millones por su pase en 2020. También le dieron a Lukaku un contrato por cinco años con valor total cercano a $85 millones. Si el mundo del fútbol operara bajo las mismas condiciones del Béisbol de Grandes Ligas, quizás el Chelsea pudo haber canjeado a Lukaku por otro jugador estrella este verano; sin embargo, tendrían que haber conseguido un equipo que quisiera adquirir a Lukaku con ese mismo contrato. Por el contrario, primero Lukaku tenía que acceder a su cesión al Inter de Milán por una temporada, para que después Chelsea e Inter pudieran negociar una cifra distinta por su pase.

¿Y qué hay de los cambios de jugadores más dinero?

Pues es cierto: se han producido transacciones conocidas en el fútbol europeo como "swap deals", en las cuales dos jugadores cambian de equipo, típicamente con un monto monetario adicional, pagado por el equipo que adquiere al jugador con mayor valor de mercado. En 2009, Inter y Barcelona canjearon a Samuel Eto’o y Zlatan Ibrahimovic. El club catalán pagó €45 millones adicionales para hacerse con los servicios del atacante sueco. En 2011, el Chelsea adquirió a David Luiz pagando al Benfica €20 millones y entregando a Nemanja Matic, que volvería a los Blues tres años después. En enero de 2018, el Manchester United intercambió a Henrikh Mkhitaryan por el chileno Alexis Sanchez, y ambos jugadores fueron considerados de idéntico valor por ambos clubes, ya que el contrato de Sánchez se vencía a finales de temporada. Y más recientemente, en 2020, la Juventus pagó €12 millones para adquirir a Arthur (valorado en €72 millones) al Barcelona mientras entregada a Miralem Pjanic (€60 millones).

Reiteramos: es importante recordar que estas transacciones se concretaron únicamente porque todos estos jugadores accedieron dejar sus respectivos clubes para firmar nuevos pactos con otros.

"Cuando se produce un traspaso, usualmente se debe a que un jugador cambia de equipo por cierta cantidad de dinero, y se producen algunas negociaciones colaterales", afirma Cohen. "Tenemos la negociación entre club comprador y club vendedor relativa al valor del jugador, o sobre el precio de su pase. Y tenemos una segunda negociación, que se produce colateralmente entre club comprador y jugador relativa a los términos del nuevo contrato laboral de dicho futbolista".

Esa es la razón por la que se caen tantas operaciones y no pasan de ser más de un rumor: hay dos negociaciones simultáneas que deben llegar a feliz término. Hipotéticamente hablando, digamos que existe una probabilidad 50-50 de que cualquier negociación sea exitosa. También tenemos la probabilidad de que se concrete un traspaso determinado: tanto ambos clubes deben llegar a un acuerdo, al igual que el jugador con su nuevo club. Dicha probabilidad sería de apenas el 25% (Para aquellos que no son muy duchos en matemáticas: 0.5% x 0.5% = 0.25%). Si se hace un cambio de jugadores más dinero, ahora se necesitan concretar cuatro negociaciones separadas y eso baja la probabilidad de éxito en nuestro mundo hipotético hasta apenas el 6%.

"En vez de dos negociaciones simultáneas, ahora tienes cuatro negociaciones concurrentes", afirma Cohen. Con el Jugador A, tienes la negociación entre club comprador y el valor de dicho jugador. Con el Jugador B, tienes una segunda negociación con respecto al valor de ese futbolista. Necesitas que ambos clubes acuerden sobre los valores y cómo se compensarán entre ambos. Después, Jugador A y Jugador B deben pactar cada uno los términos de sus nuevos contratos con sus respectivos nuevos clubes".

Sin embargo, también existen una quinta y sexta variable para ambos lados.

"Si los agentes se enteran de que existe un tentativo cambio de jugadores más dinero, éstos intentarán aprovechar la circunstancia al máximo para beneficio de su cliente jugador", afirma Cohen. "Saben que: ‘Oh, si cambian al Jugador A, pues el Jugador B será la clave de todo este proceso. Por ello, queremos un aumento del 20% en el paquete total de remuneraciones’. Si el Jugador B no cambia de equipo, eso impacta el potencial de un traspaso del Jugador A".

Aparte de todas las complicaciones de estas transacciones, también hay una lógica interrogante, una muy simple, inmersa en todo esto. Ninguna de las grandes ligas de los deportes profesionales estadounidenses tiene más de 32 equipos. Si se es un equipo grande, se es una tercera parte de esos equipos que no harán canjes contigo porque eres competidor directo. Por eso, sólo hay un pequeño grupo de equipos de béisbol/fútbol americano/baloncesto profesional dispuestos adquirirte.

En el mundo del fútbol, existen literalmente cientos de equipos por los que teóricamente se podría fichar. Los dos mejores equipos de la Premier League (Liverpool y Manchester City) acaban de fichar a dos futbolistas (Darwin Nunez, €75 millones, proveniente del Benfica; y Julián Álvarez, €17 millones, llegado de River Plate) que no jugaban en las "Cinco Grandes" ligas del Viejo Continente. Por su parte, el Real Madrid pactó con Vinicius Junior, autor del gol que le dio la decimocuarta Champions al equipo Blanco, pagando €45 millones al Flamengo de Brasil en 2018. Considerando todo lo anterior, ¿qué probabilidades hay de que el mejor jugador que pueda adquirir el Chelsea por una cantidad determinada de dinero milite con un equipo que tenga la misma percepción sobre uno de los jugadores que actualmente forman parte de la plantilla de los Blues, y del que el Chelsea esté dispuesto a desprenderse?

Si los nuevos propietarios del Chelsea quieren seguir manteniéndose competitivos en los primeros puestos de la Premier League, sin sufrir las cuantiosas pérdidas por fichajes asumidas por Roman Abramovich todos los años; el club tendrá que obtener mayor valor por el dinero invertido en la adquisición de talentos. Limitar tu grupo tentativo de fichajes a jugadores que otros equipos estén dispuestos a cambiar por otros de tu actual plantilla no es la forma en la que obtendrás ese máximo valor. Esa no fue la forma en la que los Dodgers ganaron la Serie Mundial. Y probablemente, tampoco sería la forma en la que cualquier ejecutivo que Boehly contrate esté dispuesto a hacer negocios.