El Covid 19 y las lecciones de la historia

ESPN

La pandemia del Covid-19 ha sido un hoyo negro para el futbol mexicano: canceló el torneo de Liga; devoró el trabajo de cientos de futbolistas de la Liga de Ascenso; puso puntos suspensivos a la Copa MX y desapareció al Morelia, un equipo con cuatro décadas en el futbol mexicano. Ya hay muchos damnificados, pero son apenas los avisos de la crisis que viene.

Aunque ya hay algunas respuestas (cuándo regresará el torneo y cómo) muchas preguntas complicadas se tendrán que responder hacia adelante.

Es difícil dar el primer paso después de una larga enfermedad. El cuerpo y la mente dudan para bajar el primer pie de la cama, a pesar de un alta médica que certifique el bienestar. Los primeros pasos son lentos, miedosos. Lo mismo sucederá cuando termine este largo encierro. Las ciudades tardarán en retomar la confianza y, por supuesto, eso también sucederá con el futbol.

Es muy difícil encontrar el momento justo para la vuelta a la "nueva normalidad". La historia lo demuestra con dos ejemplos deportivos.

El primero tiene que ver con lo difícil que es detenerse. Sucedió hace más de 100 años, en la Inglaterra de la Primera Guerra Mundial.

Era 1914. Cuando el futbol daba sus primeros pasos hacia el profesionalismo, muchos de los jóvenes de las escuelas de tradición fueron obligados a participar en las trincheras y no regresaron de los campos de batalla. Algunas estadísticas negras las incluye Richard Sanders en su libro Beastly Fury, un historia sobre los orígenes del juego, donde recapitula los dolores de la Gran Guerra: "De los 5 mil 650 Old Etonians (una de las escuelas precursoras del futbol) que sirvieron en la guerra, mil 157 murieron". Es decir, según esos números, uno de cada cinco nunca volvió. Y eso sucedió en muchas escuelas más.

Las bajas humanas iban mucho más allá, pero aun así, el balón tardó en detenerse porque los clubes tenían contratos anuales firmados con sus jugadores (hasta de 8 libras por mes), que debían concluirse.

El futbol profesional inglés finalmente dio por terminadas las actividades a finales de la temporada 1914-1915. Parte de la prensa titulaba ya entonces: "Cada club que emplea a un jugador profesional afecta las necesidades de reclutamiento y cada aficionado que paga su boleto ¡está contribuyendo a una victoria alemana!". Para el momento en que se decretó parar la Liga, gran parte de la sociedad inglesa ya percibía el futbol como un deporte antipatriótico, que no había respondido a las necesidades de la crisis. Así lo vio por más de una década.

El segundo ejemplo pone el acento en lo que puede suceder cuando se forza un regreso prematuro.

Casi al mismo tiempo de lo que sucedió en Inglaterra, cuando apenas se iba el jinete de la guerra, llegó el de la enfermedad. La primera ola de la llamada fiebre española golpeó con fuerza el mundo. Era 1918 y todo se detuvo. El deporte, que apenas empezaba a vislumbrarse como un gran negocio, se hacía las mismas preguntas: en medio de las estadísticas fatales cómo podía volver a la normalidad. La NHL fue el triste ejemplo de una vuelta desafortunada. Era apenas su segunda temporada y se enfrentaban en la serie final los Canediens de Montreal contra los Metropolitans de Seattle. A pesar de las recomendaciones sanitarias, la serie se llevó a cabo, en medio de lo que parecía una nueva normalidad. Pero no fue así.

El sexto y definitivo juego, programado para el 1 de abril, tuvo que ser suspendido por un brote de la enfermedad dentro de los equipos. Varios jugadores estaban en el hospital con fiebres que llevaban a tope los termómetros. Días después, Joe Hall, uno de los jugadores más visibles, murio de neumonía. Ese año no hubo campeón, pero eso es lo menos importante.

De las lecciones debe tomar nota el deporte de hoy. Alemania es el tubo de ensayo del balón en el mundo, pero sabe que camina sobre el filo de un cuchillo. Un error mínimo regresará a todos a los vestidores, a pesar de las burbujas artificiales para evitar las infecciones. México tomó una decisión correcta para detenerse y cancelar el torneo. Lo que nadie sabe es si podrá seguir adelante con sus planes para volver. Los pasos deben ser cuidadosos para dejar atrás la enfermedad. Ya hay fechas y protocolos a seguir, pero todo dependerá del enemigo invisible. Y del sentido común de los directivos para tomar las decisiones más adecuadas.