México: Rafa Márquez, el mismo Káiser, pero versión Ibero

play
Rafa Márquez aplica filosofía del 'Piojo' Herrera (0:31)

Márquez ha pasado por talleres para moldear al tipo que debe aparecer ante los medios, especialmente ante momentos de crisis, como el 3-0 ante USA


LOS ÁNGELES -- Rafa Márquez no quiere que el Mr. Hyde que todo ser humano lleva dentro lo destruya. Por eso, construye su propio Frankenstein. No quiere ser esclavo de ese Mr. Hyde, por eso libera a su propio Frankenstein.

Rafa Márquez ha pasado por talleres para moldear al tipo que debe aparecer ante los medios informativos, especialmente ante momentos de crisis, como el 3-0 ante Estados Unidos. Y no sólo aparecer, sino comparecer.

Se trata de hacer creer que si el Tri-tanic se hundió habrá cadáveres pero no víctimas; habrá enjuiciamientos pero no culpables; habrá críticas, pero no funerales.

Y hasta el momento, ha funcionado.

Fue una decisión del propio técnico de la Selección Mexicana. En julio, llegando a México para hacerse cargo del Tri, un reportero de Fox aguardaba en el aeropuerto. La reacción de Rafa Márquez fue de silencio, molestia y una mímica exasperada. El tsunami de críticas lo hizo detonar la ventanilla de emergencia.

Rafa Márquez entendió que necesitaba ayuda. Entendió que el recorrido exitosísimo con el Barcelona, el León, y los momentos polarizados que había vivido con el Tri, hasta ser el futbolista mexicano que sí puede codearse con Hugo Sánchez, entendió pues, que no bastaba para asumir el banquillo con más movimientos trepidatorios de México, ese banquillo, el de la Selección Nacional.

La Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México ofrece Diplomado con Certificación en diversos métodos de coaching. Desde cómo encarar y controlar a una Asamblea General de Accionistas bajo histeria, hasta cómo confrontar a los medios, sin histeria, cuando una selección nacional sucumbe 3-0 ante Estados Unidos.

Rafa Márquez explicó a la gente de la FMF que, en un momento de exaltación o algidez, en el clímax profano y oscuro de un revés, diría lo que no debía decir. Pidió ayuda, por él y por el entorno de los futbolistas. “En algún momento voy a perder la cabeza. No quiero que ocurra”, dijo.

Está dispuesto a ser Poncio Pilato, pero no Caifás. Lo demostró al resguardar al Tala Rangel, a Santi Giménez, a Diego Campillo, a Mateo Chávez, cuando la turba mediática y tribunera exigía sangre. Y Rafa Márquez se sacó del bolsillo un Barrabás innegociable, conformado con un discurso plano, ambiguo, conciliador. Sí, habrá cadáveres, pero no habrá víctimas.

El técnico del Tri ya soportó el primer vendaval. Ese 3-0 ante E.E.U.U., lo capoteó de manera magistral. Sus adiestradores académicos le perfuman la toga y el birrete. Cruzó el pantano sin mancharse las alas.

Si como futbolista Rafa Márquez decía abiertamente lo que sentía, lo que debía, lo que podía y lo que quería, hoy eligió la burbuja más poderosa: la del silencio. Responde sin responder, contesta sin contestar. Es un rebatir sin debatir.

Antes de la conferencia de prensa de este lunes en las entrañas del BMO Stadium, otros reporteros advirtieron. “No contesta nada, no sale nota de aquí”. Pero casi todos los reporteros lo intentan: tiran anzuelos, buscapiés, le ponen en bandeja el lucimiento mediático.

Sin embargo, Rafa Márquez come con palillos chinos. Es capaz de felicitar el proyecto de formación de futbolistas de la MLS, antes que masacrar públicamente el exterminio de la Liga de Ascenso. Elogia la paja en el ojo ajeno, para no tener que hablar de la viga en el propio.

Su semblante es inalterable en las conferencias de prensa. Los brazos sobre la mesa. Los puños ligeramente apretados. Una sonrisa y una mirada indulgente mientras escucha la pregunta. Y una sonrisa y una mirada muy diferentes al responder.

Hay, al contestar una complicidad entre solidaria y cínica. Esa mímica podría interpretarse puntual e inequívocamente como un “pa’ que me preguntas eso, güey, si tú ya sabes la respuesta, pero yo no te la voy a dar”. Y mantiene la sonrisa y esa expresión victoriosa en la mirada. Responder sin contestar.

Tras la conferencia de prensa de ayer y los videos de las anteriores, Rafa Márquez debió graduarse con honores en la Ibero. Hay elementos para detectar a quien se siente frágil y amenazado, a la defensiva.

No es su caso. No se cruza de brazos; no rehúye las miradas; no mantiene las piernas cruzadas; no bebe agua ni le gustan las botellas sobre la mesa; no se reclina ni se perfila de lado; no se frota el cuello ni la nuca, ni mantiene las mandíbulas en tensión constante.

No, Rafa Márquez no disfruta las conferencias de prensa, pero tampoco las teme. Sí, tiene recato ante las tentaciones que le ofrecen los medios, en una poderosa pasarela, ante el riesgo de un arranque feroz: decir todo lo que sabe, todo lo que siente, todo lo que quiere y todo lo que debe. Pero, para él, no es el momento de dinamitar su propia estatua por calenturas ajenas.

Además, tiene un grupo a su lado. La oficina de medios, encabezada por Salvador Aguilera, no lo deja salir desnudo al ruedo. Antes de los citatorios ante la prensa, le ofrece la posible temática del emplazamiento público en las sesiones de preguntas y respuestas.

Así, Rafa Márquez quien dice no estar involucrado profundamente en lo que se dice de él y de su selección en redes sociales y medios informativos, sabrá como rebatir sin debatir conociendo el posible menú de un linchamiento fallido.

Durante la Copa América en Chile, Rafa Márquez sólo jugó un partido, el primero, ante Bolivia. Ya traía molestias musculares, pero aun así aceptó la convocatoria del Piojo Herrera, que tuvo que llevar un Equipo B a la contienda sudamericana, para que el Equipo A participara en la Copa Oro, que termina ganando entre polémicas arbitrales.

Ese día, ante Bolivia, Rafa Márquez ofreció un concierto de cómo ganar sin ganar. Durante grandes lapsos del partido, sin cruzar la media cancha, el Káiser trasladaba la pelota detrás de su línea defensiva de costado a costado de la cancha. Un péndulo adormecedor. Entregaba, se movía, recibía. Fue el futbolista que más posesión de pelota tuvo, hasta que debió salir por lesión fibrilar al minuto 67. Aquello terminó empatado sin goles. México regresaría de inmediato, con dos empates y una derrota.

Rafa Márquez gestiona hoy las conferencias de prensa como gestionó aquel partido: sin ceder la pelota, pero sin esconderla; sin correr riesgos, pero sin provocarlos. Va a ganar sin ganar. A contestar sin responder.

¿Cómo va a gerenciar al grupo de jugadores? Sencillo: ahí no necesita esconder ni a su Mr. Hyde ni a su nuevo Frankenstein. El reclusorio solidario, íntimo, fraterno, del vestidor permite todo tipo de tormentas. Ahí, el Káiser podrá ser de nuevo el Káiser, versión Ibero, pero Káiser, con todo y su “Zepter” (bastón de mando) y su “Reichsapfel” (orbe imperial).

Sin embargo, al final, el Káiser Silencioso sabe que los resultados en la cancha llegarán a rebasarlo. Para bien o para mal. Los desfiles silenciosos son aburridos. Pero, los funerales también.