Ya pasaron casi 20 años. El 7 de septiembre de 2003, hace ya 19 años, Andy Roddick se adjudicó el US Open, su único título de Grand Slam, y desde ese año ningún otro estadounidense pudo levantar el trofeo máximo en singles en el cuarto y último Grand Slam de la temporada.
Con 21 años y estando entre los mejores del mundo, se presagiaba que aquella hazaña podría repetirse. Pero no fue así. Después, el oriundo de Nebraska, dueño de un fuerte saque, no logró obtener otro Major para llevar a sus vitrinas, pese a jugar más de una final en Wimbledon.
Desde el citado éxito de Roddick en 2003, no hubo otro dueño de casa campeón del Abierto de Estados Unidos, en el caliente cemento de Nueva York. En el medio, solo otras dos finales tuvieron presencia de estadounidenses: Andre Agassi (2005) y el propio Roddick (2006), pero ambos perdieron con el suizo Roger Federer.
Justamente, Federer es uno de los más ganadores del US Open en la era abierta al profesionalismo, que arrancó en 1968, con cinco títulos. Y los "intrusos" extranjeros que ahogaron las esperanzas del tenis estadounidense fueron Federer, el español Rafal Nadal (en cuatro oportunidades), el serbio Novak Djokovic (tres conquistas) y una vez el argentino Juan Martín del Potro, el escocés Andy Murray, el croata Marin Cilic, el suizo Stan Wawrinka, el austríaco Dominic Thiem y el ruso Daniil Medvedev.
Así se repartieron el título neoyorquino en estos 19 años. En este período, Estados Unidos tuvo tenistas de gran nivel que integraron el Top 10 y fueron exitosos dentro del circuito, como James Blake, Taylor Dent y Mardy, por citar algunos ejemplos. Pero la maldición continúa en la Gran Manzana.
En un período de casi dos décadas, además de las finales mencionadas de 2005 y 2006 con Agassi y Roddick como protagonistas, solo Sam Querrey y John Isner pudieron destacarse. El primero fue cuartofinalista en 2017 (perdió con el sudafricano Kevin Anderson) y el segundo alcanzó la misma ronda y tuvo idéntico resultado ante Del Potro.
De todos modos, este Major no es el único que sufre de la pérdida de campeones de su tierra. En Australia, el último fue Mark Edmondson en 1976, en Roland Garros Yannick Noah en 1983 y sólo en Wimbledon se cortó una larga racha, como pasó con Murray en 2013, tras 77 años años sin un británico que festejar en La Catedral.
Esto no se da entre las mujeres. Habrá que ver si 2022 ve coronarse a un anfitrión en Flushing Meadows.
