Posiblemente ni los más entuasiastas imaginaban que un jugador irrumpiría en el circuito masculino para competirle de igual a igual al suizo Roger Federer y al español Rafael Nadal, y adueñarse de gran parte de los récords de la historia del tenis como lo haría el serbio Novak Djokovic (3°) en las últimas dos décadas, marcando un antes y un después en la Era Abierta.
Pese a sus innegables condiciones en la materia, el nacido en Belgrado, de 38 años y dueño de 101 títulos en el circuito masculino, atravesaría complicadas situaciones en sus inicios antes de transformarse en profesional, tal como las guerras yugoslavas y su traslado a la academia del reciente fallecido Nikola Pilic en Múnich, Alemania, con apenas 12, entre otras, siendo de vital importancia el incondicional apoyo de sus padres, Srdjan y Dijana.
"Estoy seguro de que cometí errores a lo largo del camino. Lo hice varias veces durante su desarrollo, tanto como persona como como deportista. Sin embargo, no cambiaría nada. Lo volvería a hacer todo exactamente de la misma forma", confesó el exesquiador y entrenador de esquí, el cual reconocería el talento de su hijo gracias a las sabias palabras de la extenista Jelena Gencic, acerca de los comienzos del principal rival de la nueva generación encabezada por Carlos Alcaraz (1°) y Jannik Sinner (2°), en declaraciones a la Fundación Novak Djokovic.
Posteriormente, aquel que pediría préstamos y arriesgaría el bienestar económico de la familia haría hincapié en su seguridad sobre el éxito del ahora dueño de 24 trofeos de Grand Slam: "Sin esa dureza, sin esa perseverancia, sin esa fe inquebrantable que yo tenía en que todo saldría bien, en que él tendría éxito (una creencia que he basado en la opinión de varios expertos a lo largo de todo el mundo), nada de esto habría pasado. Nadie creyó tanto en él como yo lo hice, ni tan siquiera él mismo. Ni él mismo tuvo tanta fe en él".
