Falleció la leyenda del boxeo italiano Nino Benvenuti

Nino Benvenuti fue campeón mundial y rival de Carlos Monzón. -

Nino Benvenuti fue campeón olímpico en Roma (1960) y dos veces campeón mundial, pero quedará en el recuerdo el haber sido ante quien Carlos Monzón se consagró entre los medianos.

“Haber perdido con un gran campeón como Carlos me llena de orgullo”, nos dijo, mirándonos a los ojos. “Triste es perder con un Don Nadie. Me ganó un grande, al que quise mucho”.

Corría mayo de año 2000. Era de mañana temprano en Piancavallo, Pordenone, en la zona del Friuli, en donde había nacido el 26 de abril de 1938. La noche anterior, Michelle Piccirillo le había ganado al argentino Walter Crücce y él había comentado la pelea por televisión.

“El” era, se entiende, Nino Benvenuti.

Esa mañana, después de la pelea, hablando de Monzón, se emocionó y nos emocionó a todos. En el grupo argentino estaba el propio Crücce y su padre, Marcelo y Flavio Pérez, amigo y colega que había transmitido la pelea para Las Flores, Buenos Aires. Escuchábamos en silencio.

“Monzón fue un grande, y viendo el boxeo de hoy y mirando para atrás, uno siente el orgullo de haber pertenecido a una época fantástica de este deporte. Un deporte que amo y que tanto me ha dado…”

No le faltaba razón. Nino fue campeón olímpico en los Juegos de Roma, en 1960, los mismos en los que también brilló un joven poeta-boxeador, llamado Cassius Marcellus Clay.

Nino fue campeón mundial de la categoría de los medianos junior primero y de los medianos después. Elegancia, buen boxeo, desplazamientos rápidos, entrega total a la pelea, porte de campeón. Si los hombres boxean como son, así también era Nino, “Il Bello Nino”, el del hablar pausado y la sonrisa contagiosa.

Se ha ido uno de los nuestros, de nuestro boxeo, el argentino, del boxeo en donde los hombres peleaban y no hablaban (salvo Muhammad Ali, claro).

Enfrentó a históricos como Don Fullmer, Sandro Mazzinghi -otro grande del boxeo italiano, a quien le arrebató la corona mundial mediano junior en Milano por KO en 6, 1965- o al propio Carlo Durán, argentino de nacimiento e italiano por adopción. Y libró tres grandes combates con otro legendario, el eterno Emile Griffith.

Nino le ganó el título de los medianos en abril de 1967 a Griffith y éste se lo quitó en la revancha, realizada en septiembre del mismo año, las dos en Nueva York.

En la tercera pelea entre ambos, fueron figuras en la inauguración del actual Madison Square Garden, en el corazón de la Ciudad que Nunca Duerme. Aquello fue el 4 de marzo de 1968 y el italiano se impuso por puntos.

Nino, “Il Bello Nino”, toda finura y elegancia, un día se enteró de que había un argentino que lo estaba buscando, un tal Carlos Monzón.

“Algo sabía de él, pero no le seguía la carrera, hasta que me dijeron que tenía que pelear con él, porque era el número uno”, contó.

Tras muchos intentos y gestiones, un joven promotor, Juan Carlos Lectoure, portaba carpetas que estaban rotuladas como “Luna Park” y que pugnaba por una chance...

Monzón no era conocido mundialmente, pero seguía subiendo en los rankings, a costa de vencer a diferentes rivales norteamericanos contratados por Lectoure. Y finalmente, la pelea fue aceptada: Monzón llegó al primer puesto del ranking y se convirtió en obligatorio.

Nino estaba en el esplendor de su carrera, aunque se avizoraba, lentamente, el camino otoñal del fin de su época. Filmó junto a Giuliano Gemma (“Vivos o preferiblemente muertos”, 1969) entre otras películas. Y, encima, apareció Monzón.

La historia es conocida. Nino, en el pesaje de la primera pelea, le tocó un glúteo a Monzón, más como broma que amenaza y en respuesta, recibió la ardiente y amenazadora mirada del argentino.

“Me di cuenta de que venía a pelear y no a cumplir”, dijo Benvenuti con los años. “Por supuesto que lo respetaba, pero más cuando peleamos, ese hombre hacía daño pegara en el lugar que te pegara. Era un destructor”

El 7 de noviembre, mientras llovía en Roma, Monzón entró en la historia y la leyenda con un impresionante nocaut, de un derechazo que entró como un rayo en el 12do round.

Ni en Argentina creían en Monzón, que sin embargo, fiel a su libreto, se encargó de destruir a un Benvenuti que ya no fue el mismo. En la revancha, el 9 de mayo de 1971 -en Montecarlo- voló la toalla desde su rincón. Corría recién la tercera vuelta. Era inútil insistir, había terminado un reinado y comenzaba otro, que se mantuvo durante 14 defensas record para la época, a lo largo de casi siete años.

Pero los caminos de la vida nunca los separaron. Monzón siempre respetó a Nino por haberle dado la oportunidad, aunque también supo decir, recordando aquel primer encuentro: “Esa noche, si hubiera podido, a Benvenuti lo mataba”.

Fueron amigos, que se respetaron. La carrera de Nino terminó prácticamente tras la segunda derrota: colgó los guantes con una marca de 82 victorias, 35 nocauts, 7 derrotas (3 antes del límite de las cuales 2 fueron ante Monzón) y 1 empate. Tras la primera derrota ante Monzón, volvió a caer ante otro argentino, el sanjuanino José Roberto Chirino.

Se dedicó a comentar peleas para la RAI y nos encontramos en más de una ocasión.

Este miércoles 20 de mayo dejó de existir a los 87 años. Como aficionado realizó 120 peleas. Conducido por Bruno Amaduzzi, fue campeón mundial welter junior entre 1965 y 1966 y mediano entre 1967 y 1970. En 1968 fue declarado “El Boxeador del Año” por su triunfo ante Griffith y entró al Salón de La Fama de Canastota, siendo el primer boxeador italiano en lograr tal distinción.

Giovanni Benvenuti volvió a la Argentina y, alguna vez, lo seguimos hasta el presidio de Junín, donde estaba alojado Monzón.

Ahora ya no están, pero quedan en la memoria grande del boxeo, cuando los boxeadores no hablaban, peleaban (salvo Ali, claro) y cuando eran aquellas batallas a 15 rounds.

Aquellos grandes que, como suele decirse, aunque sea ya un lugar común, dejaron escritas páginas de oro en el Gran Libro del Boxeo.