El amor y la pasión por el equipo no cambiarán

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El amor por un equipo no se cambia de la noche a la mañana y la pasión es como una llama que crece ante los grandes momentos y en la adversidad. No solo se enciende en los triunfos y éxitos, así como no se apaga con las malas rachas, si eres aficionado de hueso colorado, fiel, siempre está ahí, para apoyar a todo pulmón y de corazón a tu equipo. En mi caso a los Washington Redskins.

Ya les conté en mi columna “Deportes, lo que el coronavirus me arrebató”, el primer acercamiento que tuve con el equipo, cuando mi padre me trajo un banderín del Super Bowl XVII celebrado en el Rose Bowl, en el que Washington se impuso a los Miami Dolphins. Ese obsequio fue como la cerilla que encendió mi pasión por los Redskins y que sigue más viva que nunca.

Hoy, el equipo está pasando por un momento que podría provocar un cambio importante en su historia, pues estaría analizando seriamente la posibilidad de modificar su nombre, debido a que es señalado por connotaciones racistas. Lo que es una realidad es que, sin importar si deciden dejar atrás el nombre o el escudo, yo jamás dejaré atrás todos los recuerdos que he almacenado en mi memoria.

SUPER BOWLS INOLVIDABLES

Cuando me preguntan cuáles son los Super Bowls que más recuerdo, en seguida vienen a mi mente el Super Bowl XXII y XXVI, siempre. Los tengo muy presentes en la memoria.

Cómo olvidar aquel partido contra Denver Broncos en San Diego, California, en el que Washington empezó perdiendo 10-0 en el primer cuarto y el entonces quarterback del equipo, Doug Williams, quien además fue el primer mariscal de campo afroamericano en iniciar un Super Bowl nos dio un susto tremendo al salir del campo adolorido de la rodilla. Todo parecía ir en picada.

Sin embargo, Williams se recuperó, volvió al partido y vivimos el mejor cuarto en la historia del Super Bowl. El mariscal tomó los controles de nueva cuenta y lanzó cuatro pases de anotación, y el novato Timmy Smith corrió más de 50 yardas para poner a mi equipo con una ventaja de 35-10. El juego terminó 42-10 y significó el segundo campeonato de los Redskins.

Cuatro años después, el equipo me regalaría una temporada llena de alegría, pues en la campaña ’91 estuvieron muy cerca de terminar con récord perfecto, pero una derrotas en las últimas cinco semanas contra Dallas Cowboys y Philadelphia Eagles se lo impidieron, aunque esta última no importaba mucho ya que mi equipo había segura si el número uno en la Conferencia Nacional, la derrota ante Dallas dolió un poco, pero ese dolor se esfumó cuando Washington se impuso 37-24 a los Buffalo Bills en el Super Bowl XXVI. Esa misma temporada fue la primera ocasión que pude ver a Washington Redskins en vivo, un 1 de Diciembre de 1991 ante los Rams de visita donde Washington ganó 27-6

Fueron excelentes años para un aficionado de los Redskins.

PERO TAMBIÉN HA HABIDO LLANTO

Los Washington Redskins me han dado muchas alegrías, tristezas, decepciones e ilusiones, pero han sido contadas las veces que he llorado por el equipo. Una de ellas, cuando lograron ganarse un lugar en los Playoffs de la temporada 2005 tras imponerse en el último partido de la temporada 31-20 a Philadelphia en un juego muy emocionante y en el que Sean Taylor recuperó un fumble y lo llevó hasta las diagonales, jugada que selló la victoria. Lloré de emoción, pero dos años después, lloraría de tristeza por el mismo jugador.

Estoy por escribir las siguientes líneas y el frío recorre mi piel de solo recordarlo, la respiración se me corta y el pecho se estremece, pero no se compara con lo que sentí aquel noviembre de 2007, cuando nos enteramos de la trágica noticia de la muerte de Sean Taylor, un joven safety con una carrera prometedora, una figura en ciernes, a quien le arrebataron la vida cuando apenas jugaba su cuarta temporada en la NFL.

Me destrozó la noticia de su muerte, cuando un intruso se metió a su casa y le disparó, provocando que perdiera demasiada sangre y cortando una carrera brillante, además de dejar sin padre a una niña de apenas 18 meses.

Aún duele recordarlo, se siente en la piel, en el corazón.

MILAGRO Y REGALO

El destino me permitió estar en uno de los momentos más memorables de los Washington Redskins, en el Monday Night Miracle. Era la temporada 2005, mi equipo perdía 13-0 contra Dallas Cowboys, pero en el último cuarto y en los minutos finales dos pases de Mark Brunell a Santana Moss, uno de 39 yardas y otro de 70 me hicieron brincar y gritar de alegría. ¡Fui testigo de un milagro!

Los Redskins también han estado presentes en los mejores momentos de mi vida, por ejemplo, mi boda. En 2007, dos semanas antes de casarme, mi hermano me dio uno de los mejores regalos y me llevó al primer juego de la temporada 2007, en el que Washington se impuso 16-13 a Miami Dolphins.

La última alegría que me regaló el equipo fue en 2015, cuando se ganaron su pase a playoffs consiguiendo una racha de cuatro victorias en los últimos cuatro partidos al imponerse a los Bears, Bills, Eagles y Dallas siendo el partido en Filadelfia el más importante de esta racha donde el quarterback Kirk Cousins tuvo uno de sus mejores juegos con este equipo.

¿QUÉ PASA SI CAMBIAN DE NOMBRE?

Si algo me ha enseñado esta pandemia, es que vivimos en tiempo en los que debemos aprender a acoplarnos a cualquier cambio y si los Redskins deciden que es momento de rediseñar el nombre, no importa, yo seguiré amando a este equipo.

Pase lo que pase, mi amor y pasión por el equipo de Washington seguirá intacto y estaré apoyándolos en el estadio, en casa o a la distancia. Mi amor no es por el nombre, sino por el equipo con el que he crecido, el amor que me ha infundado mi familia y el mismo amor que le he enseñado a mis hijas.

Esta pasión trascenderá en las diferentes generaciones.