Más que Lamar Jackson, el triunfo de Ravens es la confirmación de un proyecto

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Ravens vs Bills será un partidazo con el duelo de mariscales más intrigante (2:15)

Sebastián Martínez-Christensen augura un gran duelo de QBs talentosos entre Lamar Jackson y Josh Allen. (2:15)

El triunfo de Baltimore en la Ronda de Comodines legitima el trabajo de la franquicia en torno a su pasador, como sucedió también en Buffalo y Cleveland

La victoria de Ronda de Comodines de los Baltimore Ravens a domicilio sobre los Tennessee Titans por 20-13, generó de inmediato una reacción generalizada en redes, más o menos homogénea.

La narrativa nueva fue que Lamar Jackson había destruido la narrativa previa de que no podía ganar en postemporada. Olvídense por un momento de que en tres años, de los cuales había iniciado como titular en dos y medio, había metido a su equipo a la postemporada tres veces antes de cumplir los 24 años de edad. Básicamente, parecía que estábamos ante un escenario en que Jackson corría el riesgo de que --insisto, antes de cumplir los 24 años de edad-- jamás en la vida iba a poder ganar un partido de playoffs.

Típicamente, los jugadores dirán que no prestan mucha atención a lo que se dice en los medios de ellos, y eso usualmente no es verdad. Sabemos que Jackson sí presta atención a lo que se dice de él, como queda de manifiesto con su aseveración de "Nada mal para un corredor", en el vestidor de los Ravens, después de una actuación de cinco pases de touchdown frente a los Miami Dolphins en la Semana 1 del 2019, para abrir una temporada que culminó con el segundo nombramiento en la historia de la liga unánime para Jugador Más Valioso.

Debemos suponer que Jackson había escuchado, antes del encuentro, a por lo menos algunos de los que dudaron, sin mucha sustancia, que podía ganar alguna vez en su carrera un partido de playoffs --cuando lo correcto, quizás, sea siempre aclarar 'liderar a su equipo a una victoria de playoffs' porque, después de todo, es un deporte de conjunto--.

De cualquier manera, Baltimore --como conjunto--, dio el paso al frente. A diferencia de la derrota de la Ronda Divisional del año pasado, la defensiva aportó esta vez un robo de balón, y esa intercepción de Marcus Peters no pudo llegar en mejor momento. Además, a diferencia de lo que ocurrió en el encuentro de la Semana 11 de la pasada temporada regular, los Ravens no dejaron de ser físicos en contra de Derrick Henry y A.J. Brown.

Más importante que la narrativa en torno a Jackson, quien se lució con una escapada de touchdown por tierra de 48 yardas que fue clave en la remontada de los Ravens, todavía hay otro factor a considerar: el triunfo sobre Baltimore supone una confirmación de proyecto actual en Baltimore, con el versátil quarterback como el rostro más visible, pero que engloba también el trabajo de armado de plantilla, desde la gerencia, y de los sistemas de juego, ofensivo a cargo de Greg Roman, y defensivo a cargo de Wink Martindale.

Los Ravens han intentado apostado todo a construir una ofensiva alrededor de las habilidades únicas de un quarterback seleccionado en primera ronda, y una defensiva que complemente a un ataque capaz de desgastar rivales y controlar el reloj de juego. Muchos recuerdan a Baltimore como la ofensiva más prolífica en puntos anotados y en juego terrestre el año pasado, pero también fueron el mejor ataque de la NFL en tiempo de posesión, con un promedio de 34:47. En el 2020, los números cayeron un poco, pero la identidad es la misma. Los Ravens fueron la sexta mejor unidad de la NFL en tiempo de posesión promedio, con 31:30, solamente un escalón por debajo de sus rivales en turno para la Ronda Divisional, Buffalo Bills.

Aquí es donde reside realmente la importancia de haber superado a los Titans --encima, fueron los Titans, de entre todos los rivales posibles-- en la Ronda de Comodines. Antes del partido del pasado fin de semana, Baltimore no había podido descontar una desventaja de dos dígitos para ganar un juego en los últimos tres años. Una parte de ello se explica porque los Ravens han ganado muchos partidos en ese lapso, por lo que no se han visto en desventaja de doble dígito muy frecuentemente. Otra, se explica porque, precisamente el proyecto que han construido alrededor de Jackson requiere para su óptimo funcionamiento que el equipo no caiga en desventajas amplias. Dicho de otro modo, está hecho para jugar estando adelante en el marcador.

Se trata de un proceso que no ha culminado. Incluso, si llegan a caer el fin de semana próximo ante los Bills, se habrá dado un paso importante, pero está claro también lo que falta: añadir esa dimensión adicional al juego aéreo --comenzando por el personal, que es bastante limitado en la posición de receptor abierto-- que permita atacar a las defensivas rivales desde otras situaciones de partido.

No obstante, esas piezas adicionales se pueden, y deben, añadir en torno a lo ya edificado, y con las habilidades únicas de Jackson como sustento del ataque. No se trata de un cambio de identidad, sino una evolución a lo que ya existe porque está claro: nunca estará más vulnerable una defensiva rival al juego aéreo, que cuando están enfocados en frenar el juego terrestre.

Los Ravens no están solos

Uno de los aspectos más curiosos de lo que se dijo y se escribió después de la Ronda de Comodines, es que cualquier argumento que se pudo esgrimir respecto a Jackson 'finalmente' ganando un partido de playoffs, es que no se dijo mucho de lo mismo respecto a Baker Mayfield de los Cleveland Browns y Josh Allen de los Bills. Después de todo, se trata de tres mariscales de campo con los mismos años de experiencia en la liga y que llegaron a la misma Ronda de Comodines con el mismo número de victorias previas en postemporada.

Incluso, Mayfield y Allen llegaron a esa instancia con mayor edad, más inicios en la liga, y menos reconocimientos individuales. Mayfield todavía no sabe lo que es una invitación al Pro Bowl, y Allen recibió su primera este año. Jackson lleva una, con una designación de All-Pro de primer equipo, y con el mencionado premio de Jugador Más Valioso. Allen, como Jackson, tuvo una salida bastante lejos de la perfección en los playoffs del año pasado, cuando Buffalo cayó ante los Houston Texans.

Si nos vamos a una métrica como Total QBR, para las últimas tres temporadas combinadas, Jackson aparece tercero con un 71.8, únicamente por debajo de Aaron Rodgers y Drew Brees. Allen es N° 13 con 64.3, y Mayfield es N° 21 con un 59.9.

Pero, por algún motivo misterioso, sus carreras no estaban --aparentemente-- en tan grave riesgo como lo estaba la de Jackson, hasta este fin de semana. Incluso, una derrota para cualquiera de los tres, difícilmente se habría tenido que considerar un final de carrera. Después de todo, Peyton Manning inició su trayectoria con registro de 0-3 en playoffs, y no ganó su primer encuentro de postemporada hasta su sexto año en la liga, a los 27 años de edad. Steve Young no ganó su primer juego de postemporada hasta los 31 años de edad, y lo que hizo a partir de ese momento en la NFL le alcanzó para llegar al Salón de la Fama, casi similar al de Warren Moon, quien también ganó por primera vez en playoffs de la NFL a los 31 años de edad.

Dejando de lado esas cuestiones, está claro que Mayfield y su nuevo head coach Kevin Stefanski, han desarrollado una química admirable. Eso es notable considerando que Mayfield lleva cuatro head coaches --incluyendo interinos-- en tres años en la liga. Cleveland llega a la Ronda Divisional en papel de víctima de cara a su visita a los campeones reinantes del Super Bowl, Kansas City Chiefs, pero --como en el caso de Baltimore-- está claro que la flecha apunta hacia arriba con este conjunto, sobre todo después del salto cualitativo de la línea ofensiva en el 2020.

Y en el caso de Allen, es una pena que no exista un reconocimiento oficial para el jugador que mayor progreso demuestre de un año a otro, porque el quarterback que vimos en el 2018 y 2019 se parece muy poco al que vimos en el 2020. No recuerdo ningún caso de un quarterback que haya elevado por más de 10 puntos porcentuales su porcentaje de pases completos de un año a otro, al tiempo que casi duplicó sus pases de anotación, sin dejar de lado también lo que aporte por tierra --sí, la habilidad de Allen de ganar yardas terrestres es parte importante de su ecuación como quarterback--. Como en el caso de Baltimore, el proyecto de Buffalo camina hacia adelante a todo vapor, y los Bills entregaron extensiones de contrato recientemente al gerente general Brandon Beane y head coach Sean McDermott.

De cualquier modo, el futuro es brillante en la AFC con la posición de quarterback en manos de estos tres, sin descontar desde luego al cuarto quarterback de la conferencia que veremos en acción en la Ronda Divisional, Patrick Mahomes. A esos nombres hay que sumarle a Deshaun Watson, y los muy prometedores proyectos a futuro Justin Herbert y Joe Burrow, para entender que lo que viene pinta de maravilla en la Conferencia Americana.