Lo que deja el Superclásico: Boca afianza su crecimiento y River da un paso atrás

No estuvo ni cerca de ser una actuación consagratoria para uno ni una derrota dramática para el otro. Sin embargo, el Superclásico siempre genera consecuencias y hoy Boca ha logrado reafirmar sus buenas sensaciones, mientras que River subraya sus dudas y eleva sus preocupaciones en el comienzo de Eduardo Coudet.

Lo primero que se puede decir es que en el partido jugado en el Monumental quedó claro que hoy Boca es mejor equipo que River. Está más sólido, más afianzado en sus virtudes y más confiado en sí mismo. Desde luego que está en formación y que el proceso no está ni cerca de completarse, pero también lo es que ganar el clásico sirve como motivación y como una certificación de que va por el buen camino.

Ya nadie duda de la continuidad de Claudio Ubeda y el entrenador encuentra en esa confianza una base para trabajar con tranquilidad. Logró formar un mediocampo que es su principal virtud. Por individualidades y por funcionamiento colectivo. En el Monumental superó una gran prueba de carácter. Ninguno de los cuatro centrocampistas brilló, pero con Leandro Paredes como líder anímico logró afirmarse en campo visitante. Es un paso más de la evolución.

En cambio, River retrocedió unos casilleros. Coudet recién llega y este fue apenas su octavo partido. Pero sufrir su primera derrota en el Superclásico es en sí mismo una dificultad que deberá superar. Más allá del comienzo lleno de energía ofensiva, el equipo nunca encontró la forma de dominar a Boca y por momentos repitió errores de la época de Marcelo Gallardo: poca profundidad y menos movilidad de lo que necesita la idea.

Son dos equipos en plena formación y este Superclásico les servía para afianzar el proceso. Sin demasiada importancia en la tabla de posiciones del Apertura, el duelo entre gigantes tenía más valor desde lo futbolístico y anímico que desde lo numérico en la campaña del primer torneo del año. Por eso, Boca sale favorecido.

Ya se mencionó lo bueno de la línea media de Boca, que incluso en un partido más luchado que jugado cumple. En cuanto a la defensa, el equipo de Ubeda puede celebrar haberse ido de Nuñez con la valla invicta. Leandro Brey brindó seguridad como pocas veces y Lautaro Di Lollo fue figura. Lautaro Blanco dio la profundidad de siempre y no sufrió tanto en el retroceso. Para ellos también esta victoria representa un paso adelante.

En ataque, Boca concreta menos de lo que genera. Miguel Merentiel fue uno de los mejores jugadores del partido, pero más por lo hecho fuera del área que dentro. El caño contra Aníbal Moreno quedará en el recuerdo y también fue importante para aguantar. Necesita ser más contundente si de verdad quiere pelear por el título en la CONMEBOL Libertadores.

En cuanto a lo colectivo, Boca puede estar tranquilo porque demostró su capacidad para competir en escenarios hostiles. No solo por jugar el Superclásico sin su público, sino porque se bancó la alta temperatura del encuentro y hasta usó eso a su favor. Para un equipo de Boca con aspiraciones, esta es una de las cualidades más trascedentes.

Coudet, por su parte, tiene mucho trabajo por hacer. Le faltan variantes cuando tiene problemas de lesiones y también necesita consolidar la idea. Está claro que el DT busca un equipo dinámico, vertical y ofensivo. Para eso, no solo necesita trabajar en el funcioamiento colectivo, sino también encontrar intérpretes y, sobre todo, regularidad. River no tiene continuidad y sí buenos momentos, algo que volvió a quedar de manifiesta. Extender esos momentos debe ser el objetivo del cuerpo técnico.

En definitiva, Boca aprovechó su oportunidad con el penal de Paredes y también aprovechó este Superclásico para afianzar su crecimiento y su evolución. River, en cambio, podría ponerlo en valor si lo ve como una oportunidad de encontrar las falencias y trabajar en cómo resolverlas.