Hay arqueros que se destacan por reflejos. Otros, por liderazgo, seguridad, presencia, consistencia o experiencia. Thibaut Courtois reúne todo eso en un cuerpo que impone incluso antes de empezar el partido. Su altura destaca (dos metros) y hoy, a los 33 años, continúa en lo más alto de su carrera. Una trayectoria desarrollada en la élite absoluta. Pero su historia rumbo al Mundial 2026 no se explica solo por estadísticas o títulos. Es, sobre todo, la historia de una pausa incómoda… y de un regreso necesario.
Con más de 100 partidos con la Selección de Bélgica, Courtois debutó en 2011 y rápidamente se convirtió en una pieza central de la generación dorada. Fue protagonista de tres Copas del Mundo (Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022) y dos Eurocopas. Su punto más alto con los “Diablos Rojos” llegó en Rusia 2018: tercer puesto histórico y el Guante de Oro al mejor arquero del torneo, un reconocimiento que confirmó lo que ya se intuía, que Bélgica tenía bajo los tres palos a uno de los mejores del planeta.
El conflicto que alejó a Courtois de Bélgica
Sin embargo, no todo fue continuidad. Desde mediados de 2023 hasta marzo de 2025, Courtois estuvo ausente de la selección por un conflicto con el entonces entrenador del seleccionado, Domenico Tedesco.
La ruptura lo dejó afuera incluso de la Eurocopa 2024, en lo que parecía un quiebre definitivo. Bélgica tuvo que reinventarse sin su figura más confiable, mientras el debate crecía: ¿podía el equipo competir al máximo nivel sin su arquero estrella? ¿Y merecía Courtois cerrar su ciclo internacional de esa manera?
En junio de 2023, en medio de una fecha FIFA y antes de su lesión, Tedesco tomó la decisión de quitarle al arquero la capitanía del equipo por un partido para otorgársela a Romelu Lukaku, algo que a Courtois no le gustó y abandonó la concentración. "Juntos decidimos que Romelu sería el capitán contra Austria y Thibaut contra Estonia. Eso estuvo bien para todos, pero después del partido de repente quiso hablar conmigo y dijo que se iba a casa porque estaba decepcionado y se sintió ofendido", reveló el entrenador.
Después de esto, Courtois subió un posteo a sus redes sociales en el que decía: “Lamentablemente, tras los acontecimientos con el entrenador y luego de mucha reflexión, decidí no volver a la Selección Belga bajo su dirección. En este asunto, acepto mi parte de responsabilidad. Sin embargo, de cara al futuro, mi falta de confianza en él no contribuiría a mantener el clima de cordialidad necesario”.
Dejando su postura muy clara, el encargado de defender el arco de Bélgica por tantos años, ya no lo sería, y dejaría una duda sepulcral entre los periodistas, sus compañeros, y principalmente, los aficionados que tanto anhelaban el éxito de su selección.
Más adelante, el oriundo de Limburgo declararía: "¿El tema del brazalete de capitán? Ese no era el gran problema, sino más bien la gota que colmó el vaso".
Courtois, de los títulos con los clubes a la ilusión en el Mundial 2026
La respuesta, como tantas veces en su carrera, llegó desde el rendimiento. Porque mientras la selección transitaba la incertidumbre, Courtois seguía acumulando méritos en clubes.
Campeón de la Champions League, de la Europa League, de la Premier League. Además, se consagró campeón de LaLiga, tanto con el Atlético Madrid como con el Real: una hazaña que muy pocos han podido lograr. Su palmarés es el de un arquero que no solo compite, sino que gana, y mucho.
En 2022 también recibió el Trofeo Yashin, un premio que otorga France Football, misma revista que se encarga de entregar el Balón de Oro, y terminó séptimo, justamente, en el Balón de Oro de aquel año, un logro poco habitual para alguien en su posición.
A pesar de todo esto, había una historia inconclusa. Y por eso su regreso en 2025 no fue un simple retorno: fue una reconciliación con su propio lugar en la selección. Sin grandes declaraciones, sin gestos exagerados, Courtois volvió a hacer lo que mejor sabe: atajar. Y con cada intervención, con cada partido sólido, reconstruyó esa confianza que parecía extraviada.
A su vez, esto provocó el retiro de la selección de otro de sus arqueros. Koen Casteels, quien fue suplente durante la ausencia de Courtois se bajó de la convocatoria al enterarse que el arquero de Real Madrid regresaria. "Es extraño que Courtois pueda decidir por sí mismo cuándo volver. Me parece raro que le pongan una alfombra roja" declaró.
Hoy, Bélgica ya no es exactamente la misma. Algunos referentes se fueron, otros están en la última etapa de sus carreras, y una nueva generación intenta consolidarse. En ese contexto, la figura de Courtois adquiere un valor aún mayor. No solo por su experiencia, sino por lo que transmite: seguridad, orden, templanza. En un equipo en transición, su presencia es un punto de apoyo.
El Mundial 2026 aparece entonces como una última gran oportunidad. No solo para Bélgica, que busca dar el salto definitivo tras años de protagonismo sin título, sino también para Courtois. A diferencia de otros momentos, ya no carga con la presión de demostrar. Su legado está asegurado. Pero el fútbol, caprichoso como siempre, le ofrece una posibilidad más: la de convertir una carrera brillante en una historia inolvidable.
Porque si algo ha definido a Courtois es su capacidad para aparecer en los momentos decisivos. Para sostener cuando el equipo sufre. Para convertir lo improbable en rutina. Y en un torneo donde cada detalle cuenta, tener un arquero así no es un lujo: es una ventaja. Porque hay carreras que parecen completas, pero que guardan un último desafío. Porque hay arqueros que brillan en los clubes, pero se consagran en los mundiales. Y porque el fútbol, a veces, ofrece segundas oportunidades.
Bélgica lo recuperó a tiempo. Y Courtois, con la calma de quien ya lo ha visto todo, parece listo para lo único que le falta: Ganar el Mundial 2026.
