La solidaridad como bandera. Lo colectivo como seña de identidad. Los dientes apretados cuando las cosas se ponen difíciles o hay que afrontar la adversidad. El disfrute y el sufrimiento, en partes iguales, durante el camino. Y el Centenario de Uruguay, en el horizonte. Hay muchos puntos en común entre el Estudiantes de La Plata que consiguió, en 1968, su primera corona en la Copa Libertadores, y el actual equipo del Pincha, que jugará la final de la edición 2026 (en vivo por el Plan Premium de Disney+) en el mismísimo estadio charrúa de la primera vuelta olímpica.
Aquel Estudiantes de fines de los años sesenta pasó a la historia por sus tres coronaciones consecutivas en el continente y una victoria épica en la Intercontinental contra Manchester United, en Old Trafford, aunque también quedó en la memoria colectiva como un equipo bautizado despectivamente como “antifútbol”, por su estilo pragmático, con enorme despliegue físico, cierto juego áspero y algunas cuestiones “al límite del reglamento”. No obstante, al posar la mirada sobre las publicaciones de la época es posible advertir que la revolución que encabezó el entrenador Osvaldo Zubeldía tuvo matices y riquezas tácticas y futbolísticas muy distantes a esas etiquetas ofensivas con las que solían “bajarles el precio”.
El Gráfico desmentía el “antifútbol” de Estudiantes
Por aquellos días de 1968, El Gráfico, la revista más leída de habla hispana, hizo una editorial rechazando el concepto de “antifútbol”. Para el prestigioso semanario, era un error calificar de esa manera la propuesta de Estudiantes.
De hecho, remarcó que la prensa extranjera le tributó los elogios más grandes jamás dedicados a un equipo argentino. “Que su juego sea más sólido que bonito, no basta para llamar ‘antifútbol’ a ese auténtico FÚTBOL de producción masiva y resultados convincentes que hace Estudiantes”, escribió Carlos Fontanarrosa, director editorial del semanario. Asimismo, enfatizó que, al recuperar la pelota, el equipo jamás olvidó el arco de enfrente.
“El equipo que vio el Centenario en su noche consagratoria nunca olvidó el objetivo que estaba en la red de enfrente. Sus atacantes arrancaron 50, 100 veces, en piques sin pelota que buscaban la desmarcación, la fabricación de claros, la creación de profundidad ofensiva”, añadió. De la misma manera, El Gráfico desmintió que la combatividad del equipo fuera fruto de un frío cálculo “de laboratorio”.
En ese plano, asignó el éxito al temperamento, la personalidad y la dignidad de hombres fuertes que dejaban todo en la cancha e imponían una auténtica esencia ganadora. “El trasfondo del temperamento, de la personalidad, son los únicos valores del hombre que no se encuentran ni en las probetas de ese famoso laboratorio que ‘le adjudican’ al campeón de América”, completó Fontanarrosa.
La admiración por Estudiantes de la prensa brasileña
Como planteó El Gráfico, la coronación de Estudiantes en la Libertadores 1968 recibió múltiples y variados elogios de la prensa extranjera. Jornal dos Sports, un emblemático diario deportivo brasileño, lo dejó plasmado en el comentario del partido decisivo en el Centenario de Uruguay.
“La victoria de Estudiantes, un equipo sin grandes figuras individuales, reforzó la tesis de que el fútbol avanza vertiginosamente para exigir de los jugadores mucho más que simple calidad y categoría —lo único que Palmeiras pretendió mostrar a los uruguayos, pero que jamás logró, pues su rival simplemente no lo dejó jugar”, afirmó. Lo impactante es lo que sigue: “No fue solo por el fútbol que Estudiantes encantó a la multitud del Estadio Centenario. Confieso humildemente que por primera vez vi a un equipo argentino disputar un partido de principio a fin sin recurrir a medios ilícitos para reforzar su juego o justificar una posible derrota”, precisó.
Al mismo tiempo, el cronista subrayó que allí había una evolución y que, con satisfacción, se marchaba satisfecho por ver que una final entre brasileños y argentinos llegara a su fin sin incidentes de ninguna clase: al contrario, había terminado con abrazos e intercambio de camisetas. “Haciendo una rápida comparación con lo que Palmeiras presentó en Uruguay, aquello fue el llamado fútbol-arte y Estudiantes, vencedor con todos los honores, el fútbol-fuerza”, detalló Jornal dos Sports.
“Entiéndase que el fútbol-fuerza de los argentinos no fue a base de patadas. Jugaron limpiamente, a la pelota, la cual siempre tuvieron en su poder y, cuando no, impedían a los brasileños cualquier libre movimiento”, agregó. Además, el diario deportivo brasileño se refirió al sistema utilizado por el Pincha. En ese plano, destacó que no encajaba en las fórmulas clásicas de 4-2-4, 4-3-3 o 4-4-2, sino que podría llamarse “acordeón”, con una defensa en bloque y un ataque rápido, con desplazamientos constantes y siempre apoyados por el mediocampo y los laterales.
En Inglaterra, Estudiantes no pasó inadvertido
En la edición de julio de la revista inglesa World Soccer, el periodista Gordon Jeffery resaltó que Zubeldía aportó una visión moderna al fútbol sudamericano, mediante un método de entrenamiento y dirección técnica de estilo más europeo. “El círculo exclusivo y, al parecer, firmemente cerrado de clubes como Santos y Palmeiras de Brasil, Nacional y Peñarol de Uruguay, y Racing, Independiente y River Plate de Argentina, ha sido roto por Los Pincharratas”, destacó Jeffery.
“El responsable principal de la mejora de Estudiantes fue el duro entrenador Osvaldo Zubeldía, autor de un libro sobre tácticas de fútbol y un celoso defensor de las virtudes de la disciplina y la aptitud física, virtudes que no muchos jugadores argentinos sabían apreciar”, agregó el mensuario inglés. “Hace apenas un año, cuando ganaron el Campeonato Metropolitano, se podía describir justamente a Estudiantes como un equipo fuerte que jugaba en equipo pero sin jugadores estrella”, precisó.
“Pero los jugadores se han desarrollado a medida que el conjunto ha ganado confianza y entendimiento. Hoy siguen siendo una combinación eficaz que trabaja desde una defensa sólida, pero además los jugadores mismos se han convertido en estrellas”, completó el periodista.
Medina tras los pasos de Zubeldía
Buena parte de aquellas virtudes colectivas y del sello de identidad de Estudiantes volvió a aparecer en el Maracaná, donde Estudiantes logró el pasaje a la final de la Libertadores 2026 luego de imponerse por penales sobre Flamengo. “La sacamos adelante con rebeldía, personalidad y un buen plan de marcaje. Había armado un plan con el cuerpo técnico que estaba bien hasta la expulsión (de Baltasar Rodríguez), que fue un contratiempo grande”, describió Alexander “el Cacique” Medina, entrenador albirrojo.
“Pudimos recomponernos, defender en bloque bajo, que no me gusta mucho. Pero cuando hay un equipo así te lleva a eso, más 11 contra 10. Defendieron con el corazón y dejaron todo adentro de la cancha”, agregó el entrenador. Defensa, corazón y espíritu colectivo. No es difícil trazar un puente que vincule las épocas: de aquel Pincha de Zubeldía, en 1968, a este del Cacique Medina, en 2026. “Me deja orgulloso como técnico que el plan se vea reflejado en el resultado. Flamengo no metió un gol en 180 minutos y tuvo pocas chances”, agregó el DT uruguayo.
Las conexiones entre ambas campañas en la Libertadores
Si bien aquel Estudiantes 1968 se destacaba por su fortaleza defensiva, hay números que realzan su rendimiento y su contundencia. El equipo dirigido por Zubeldía ganó 11 de sus 16 partidos en la Libertadores: se impuso en el 68,75% de sus encuentros, con una efectividad notable. La campaña de 2026 muestra algunos rasgos que, en principio, eran el sello del Pincha de los sesenta: perdió apenas uno de sus 12 partidos de la CONMEBOL Libertadores 2026 y recibió solo 7 goles en contra.
De allí se deriva otra cifra notable: terminó con la valla invicta en 5 de sus 12 cotejos. Lo impactante en ese contexto es que el arquero Fernando Muslera no sufrió goles en 4 de sus 6 cruces eliminatorios y que, en esa racha, logró mantener su arco en cero en tres de los cuatro mano a mano con los equipos brasileños: triunfo 1-0 en la vuelta contra Corinthians, en cuartos de final, y empates 0-0 en La Plata y Río de Janeiro contra Flamengo, en semifinales.
Verón, un apellido para articular la historia
En la Libertadores 1968, el máximo anotador de Estudiantes fue Juan Ramón Verón, quien convirtió 9 goles en 14 partidos. “La Bruja” tuvo un desempeño anotador determinante en las fases de definición, al marcar 3 goles en la serie de semifinales ante Racing y convertir un gol en cada uno de los tres partidos de la final frente a Palmeiras, incluyendo el 2-0 definitivo en el desempate de Montevideo.
La curiosidad de que Verón, que un zurdo, anotara sus tres goles contra Palmeiras con la pierna derecha, quedó inmortalizada en las páginas de El Gráfico. Al finalizar la tercera final en Montevideo, la Bruja le confesó al periodista: “¿Se da cuenta? Mis tres goles al Palmeiras se los hice con la derecha... Las cosas del fútbol...”, y agregó entre risas sobre la definición de su último gol contra los paulistas: “La pelota se me fue hacia mi perfil derecho. Tuve que pegarle con esa pierna. Suerte que estoy practicando siempre con la de palo...”.
En la serie final, la Bruja había anotado un tanto clave a los 83 minutos del partido de ida, en La Plata, para el empate transitorio 1-1. Luego el «Bocha» Flores marcaría el 2-1. En la revancha, en San Pablo, sacudió la red a los 36 minutos el descuento de Estudiantes, que perdió 1-3. En el Centenario de Montevideo, a los 82 minutos, selló el 2-0 de la primera consagración en la Libertadores del equipo platense. Nació de una corrida individual tras dejar en el camino al zaguero Osmar.
Al salir Valdir a achicarle el ángulo, Verón amagó ir hacia la izquierda, pero al ver la reacción del arquero, enganchó hacia su derecha para ensayar la “gambeta larga” que le exigía Osvaldo Zubeldía. Como el balón se le abrió, sacó otro remate con “la de palo” para mandarla a la red y liquidar la final.
La mística copera de Estudiantes
Así como Verón tuvo la frialdad en pleno pique para “cambiar de idea” ante el movimiento del rival, el Estudiantes del Cacique Medina ha demostrado una capacidad similar de adaptación en momentos límite, como el hecho de reestructurar el plan de juego para resistir con 10 hombres en el Maracaná ante Flamengo.
De la misma manera en la que Verón atribuyó su gol consagratorio al trabajo diario y silencioso con su pierna menos hábil, la mística del club y la convicción del plantel de Medina mantuvo la perseverancia en los detalles y el apoyo mutuo, lo que les permitió la revancha de figuras como el arquero Muslera, gran figura en la tanda de penales en Río contra el Mengao.
Ahora, en 2026, “la Brujita” Verón, el hijo del formidable goleador, es el presidente del club y fue quien se decidió por Medina luego del alejamiento de Eduardo Domínguez. Marcos Angeleri, director deportivo del club, sugirió al uruguayo ya que había tenido al Cacique como entrenador cuando jugó en Nacional de Montevideo en 2018.
La Brujita apostó por Medina y el entrenador uruguayo cumplió con las expectativas: el técnico “charrúa” fijó la Libertadores casi como una obsesión y llevó al León hasta la final 2026. “En este tipo de torneos, el peso de la historia juega en esto. Y Estudiantes, en este tipo de competiciones, dio la talla”, dijo Verón después del triunfo por penales en Río de Janeiro y la clasificación a la final.
“Tenemos un buen plantel y un muy buen cuerpo técnico, que está en los detalles”, dijo a ESPN el presidente de Estudiantes en esa entrevista. Hay, por supuesto, un legado que genera orgullo en ese León que ruge en la Ciudad de las Diagonales.
