La inclusión de José Hugo “Tato” Medina fue, en 1968, una de las sorpresas y también de los grandes aciertos del entrenador Osvaldo Zubeldía de cara a la tercera y decisiva final contra Palmeiras, en la que Estudiantes de La Plata obtuvo su primera Copa Libertadores en el Centenario de Montevideo. Ahora, otro Medina, apodado “el Cacique”, dirige al Pincha, que se ilusiona con adueñarse de la Libertadores 2026, casi seis décadas más tarde: el título se definirá contra el mismo rival y en el mismo escenario de aquella épica coronación del equipo platense. El partido se verá en vivo por el Plan Premium de Disney+.
La esforzadísima y celebrada clasificación de Estudiantes a la final de la presente temporada permite unir aquellos dos puntos separados por 58 años a través de un apellido: Medina. Los memoriosos se regodearán con las hazañas de Tato, un conejo sacado de la galera por Zubeldía. Los actuales hinchas del León andarán implorándole al Cacique, el estratega que jugará su ajedrez sobre el césped de un estadio que siente como propio y en el cual podría transformarse en el primer técnico extranjero en ganar la Libertadores con un equipo argentino.
Tato Medina, la apuesta táctica de Zubeldía para ganar en el Centenario
En su juventud, Tato Medina había sido boxeador. Y en ese 1968 en el que lo esperaba la gloria, él acababa de recuperarse en solo 25 días de una operación de meniscos. Por lo general, el tucumano no era titular. Sin embargo, ante la lesión del marcador lateral Eduardo Luján Manera, Zubeldía lo incluyó en el equipo inicial para disputar el desempate decisivo en Montevideo. Para darle lugar a Medina en el lateral izquierdo, el técnico movió a Oscar “Cacho” Malbernat al lateral derecho.
Zubeldía le encomendó a Medina una tarea muy específica y difícil: anular al puntero brasileño Suingue, quien venía de ser una de las figuras más peligrosas de Palmeiras en los partidos anteriores. De acuerdo a El Gráfico, que publicó una crónica detalladísima del partido, Tato mostró solvencia en defensa y disipó cualquier duda ya en los primeros 3 minutos.
A los 25’, Suingue recibió a espaldas del tucumano, pero Medina se rehízo y le quitó limpiamente la pelota. Cinco minutos más tarde, participó del circuito de toque y desmarque por la banda izquierda junto a Carlos Salvador Bilardo, Eduardo Flores y Juan Ramón Verón.
Ya en la segunda mitad, cuando Palmeiras adelantó sus líneas en busca del empate, Tato se asoció con Carlos Pachamé para encimar a Suingue, neutralizándolo por completo. A los 81’ completó una noche inolvidable, al participar de la jugada que originó el 2-0 definitivo. Tras un rechazo largo del defensor brasileño Ferrari, Medina ganó de cabeza en la zona defensiva de Estudiantes. Ese frentazo cayó en territorio vacío, lo que permitió que la Bruja Verón iniciara una mítica apilada en la que eludió a Osmar y al arquero Valdir antes de convertir el gol del título.
Apenas sonó el pitazo final, el arquero Alberto Poletti corrió desesperado para buscar a Medina, con quien se fundió en un abrazo histórico. El Gráfico inmortalizó ese momento: “¡Venga, «Tato»... Venga que somos Campeones de América...!”, decía el epígrafe de una foto imborrable.
La revista también publicó una apostilla titulada “La camiseta del ‘Tato’ Medina”. Aquel texto explicaba de la mejor manera lo realizado por el tucumano: “La noche que siempre esperaba. La revelación que sólo lo fue para los que no lo conocían. ‘¡Como se la jugó Osvaldo por mí! ¿Cómo no iba a dejar el alma en la cancha? ¿Si era la gran oportunidad de mi vida en un equipo donde el titular es un fenómeno como Malbernat...?’ Después defendió la casaca a muerte. Dijo que se la va a llevar cuanto antes a su madre, allá en Tucumán”, publicó el semanario.
Medina hace historia, en Uruguay o Inglaterra
Esa gran actuación en Montevideo fue el antecedente directo que le permitió a Medina ganarse la confianza absoluta de Zubeldía. Meses más tarde, el entrenador le encomendó una tarea épica: una famosa marca personal sobre el legendario George Best en la final de la Copa Intercontinental contra Manchester United en Old Trafford.
En ese juego, tras un desarrollo muy áspero y friccionado, el árbitro yugoslavo Konstantin Zecevic expulsó a ambos futbolistas a los 89 minutos. De esa manera, Medina anuló a Best en la cancha, lo llenó de frustración y se llevó al vestuario junto a él antes del silbatazo final. Tato, de hecho, recordaría cómo empezó aquella disputa, que tuvo su génesis en el partido de ida, jugado en Argentina.
“Recuerdo que fui a cambiar la camiseta con George Best y no me la quiso dar. Entonces, desde ahí empezó un ‘principio de desacuerdo’ en lo deportivo”, inició sus memorias. “Pero de todas maneras seguimos con nuestros valores y el bastón de mando que llevaba Zubeldía... Hoy pienso y sé que marqué a uno de los mejores jugadores del mundo”, completó.
El Cacique Medina y el valor de la resiliencia
Alexander Cacique Medina, entrenador de Estudiantes en la Libertadores 2026, podría sostener una charla hipotética con Osvaldo Zubeldía, el gran técnico de la historia del Pincha, debido a los puntos en común respecto del sufrimiento y las situaciones límite que ambos debieron vivir en sus respectivos caminos en el torneo continental, tanto en 1968 como en 2026.
La primera curiosidad es que ambos eliminaron al campeón vigente en las semifinales: en 1968, los Pincharratas superaron al Racing de Juan José Pizzuti, mientras que en 2026 los platenses derrotaron a Flamengo. “¿Quién nos quita lo vivido? Toda la experiencia desde que empezamos esta Copa Libertadores…”, inició su emocionado recuerdo el DT uruguayo luego de eliminar al Fla en el Maracaná.
“Me acuerdo el gol de Mikel Amondarain en el último suspiro, lo mal que lo pasamos en la altura, los dos partidos con Flamengo por la fase de grupos, el penal de Memphis Depay…”, relató el técnico del León de La Plata. El entrenador de Estudiantes resumía así algunos momentos bisagra de la campaña.
El gol de Amondarain fue un tanto agónico, en el minuto 92, frente a Independiente Medellín, lo que selló la clasificación del León a octavos de final. Luego, un valioso empate 1-1 ante Cusco FC a más de 3.400 metros de altitud, además del empate 1-1 y la caída 0-1 frente al Mengao, con un error de Fernando Muslera. El penal de Depay también había detenido los corazones en la Ciudad de las Diagonales. En el tiempo añadido, en cuartos de final, el atacante neerlandés envió su remate desde los 12 pasos “a las nubes” y evitó que la clasificación contra Corinthians debiera definirse en una tanda de penales.
La lección de Zubeldía para Estudiantes
En El Gráfico, por su parte, Zubeldía confesaba sus sensaciones durante el momento más crítico del partido disputado en La Plata contra Racing, en las semifinales de la edición 1968, la primera que quedaría en las vitrinas de la Ciudad de las Diagonales. “Cuando el tiro de Togneri dio en el palo... Ahí pensé que estaba todo perdido... ‘Si ésta no entró ya no hacemos más goles’, me dije interiormente”, reconoció.
Cuando faltaban 25 minutos, y el marcador aún estaba 0-0, Togneri pateó desde fuera del área y sorprendió al arquero Agustín Mario Cejas. La pelota reventó un poste y, en el rebote, la Bruja Verón no logró definir con comodidad. “Pero fíjese lo que son las cosas: esa oportunidad perdida, en vez de aplastar a Estudiantes, lo tonificó, lo llevó a luchar con más ganas... Creo que ésa fue una de las razones de nuestro triunfo”, dijo Zubeldía.
Pocos minutos después, Estudiantes desató una ráfaga ofensiva con goles de Rodolfo Fucceneco a los 73' y un doblete de Juan Ramón Verón a los 77' y 83': así, el Pincha terminó ganando 3-0 y clasificó al desempate, que terminó en empate y permitió que el equipo platense avanzara a la final gracias a su diferencia de goles en el global de las “semis”. Luego, el técnico del Pincha hizo referencia a la otra clave.
“El equipo no se dejó llevar al clima de fricción donde Racing llevaba todas las ventajas, sino que mantuvo la cabeza fría, concentrada en un solo objetivo: ganar... En el intervalo, insistí en pedirles eso: que no se dejaran llevar al juego de Racing”, remató. El primer cruce de la final contra Palmeiras de 1968 pintaba complicadísimo. En La Plata, la visita se había puesto en ventaja a los 6 minutos y mantuvo la diferencia hasta los minutos finales. Sin embargo, con goles de Verón y Flores, a los 83’ y 88’, el Pincha se impuso 2-1 en casa. “Este partido se ganó por coraje, por no bajar los brazos hasta el último minuto”, aseguró Zubeldía.
Centenario 1968-2026: el escenario donde el pasado y el presente se estrechan la mano
Casi seis décadas después, aquella convicción inquebrantable de 1968 encuentra su eco en 2026. El Estudiantes del Cacique Medina aprendió a habitar el sufrimiento en el trayecto hacia Montevideo, convirtiendo la adversidad en temple colectivo. De la noche de los sofocones con Racing y Palmeiras en el ‘68, al frentazo de Amondarain en el minuto 92 y la heroica resistencia con 10 hombres en el Maracaná, la esencia sigue siendo la misma: en la mística albirroja, las verdaderas gestas no se consiguen sin cicatrices.
El Estadio Centenario vuelve a alzarse como el teatro definitivo donde el pasado y el presente se estrechan la mano. Si en mayo de 1968 Tato Medina fue un hombre que dejó el alma en la cancha, hoy el liderazgo del Cacique Medina encarna esa misma fibra competitiva.
Mismo rival, mismo templo montevideano y otro Medina con la responsabilidad táctica de conducir la ilusión de todo el pueblo rojiblanco. La historia coloca a Estudiantes frente a su propio espejo. No hay verdades absolutas en una final de América, pero sí una certeza labrada en casi 60 años de leyenda: este equipo sabe caminar por el filo y salir fortalecido. Ahora, sobre el césped charrúa donde nació el mito continental, solo queda escribir el último capítulo para que el histórico abrazo entre Poletti y Tato Medina vuelva a repetirse, esta vez con el Cacique al mando.
