Cartas desde Barcelona: Las quejas de Zidane... ¿Jugamos?

BARCELONA -- Habrá que preguntarle a Zinedine Zidane si el campo está a su gusto. Ni demasiado mojado ni muy seco. Embarrado por supuesto que no y menos aún nevado y algo duro por el hielo, ni que sea mínimamente como en Pamplona el sábado. Habrá que preguntarle al presidente de LaLiga si debe acordarse con el entrenador del Real Madrid las condiciones climatológicas adecuadas, mínimas, para poder jugar a su satisfacción. No de los demás, no. A la suya.

Será que el césped de El Sadar no era el mismo para el Madrid que para su rival y que los jugadores de Osasuna no tuvieron sus mismas dificultades para jugar. Será...

A la que el Barça enlazó tres victorias consecutivas y el frío congeló al Real Madrid en El Sadar la Liga dejó de ser un festival para convertirse en un torneo sospechoso. "Las condiciones no eran buenas para ver un partido de fútbol" argumentó Zidane para explicar que el partido no debió jugarse... A pesar de que a priori nada había dicho ni el entrenador ni el club ni nadie y quizá olvidando, no hay que ser mal pensado, que en años anteriores se jugaron en la Liga partidos en iguales o peores condiciones.

Bajo la nieve, sobre terrenos impracticables por la lluvia, el barro o el hielo han jugado el Barça, el Valencia, el Atlético, el Betis... Y también el Madrid a lo largo de los años sin que ello provocase quejas de ningún tipo. No debió ser cómodo para los jugadores del Madrid pasarse cuatro horas en un avión (instalados en en primera clase, no se olvide), pero llegando a su hotel de lujo en Pamplona pudieron descansar durante todo el sábado. Demasiadas excusas... Y más si se atiende a que conociendo las condiciones que amenazaban ya a Madrid el viernes el club pudo haber viajado horas antes.

Que el Barça ganase 0-4 en Granada, que Messi marcase dos goles para sumar cuatro en dos partidos (y tres remates a la madera), que De Jong ya no sea su mala copia, que Dembélé haya encadenado cuatro partidos a buen nivel... Y que Leo sonría con la compañía de un joven y desatado Pedri, esperando al regreso de Ansu Fati, son demasiadas circunstancias como para que el Real, con el Atlético arriba y con tres partidos pendientes, mantenga la calma. Así se comprende el repentino cambio de actitud en el club merengue.

El Barça ha explicado que es un equipo grande, que no necesita exhibirse para mostrar músculo y que se basta con un buen desempeño global acompañado de los golpes de genialidad de su capitán para recuperar la confianza y mirar el futuro liguero con mejores ojos.

Suficiente para que, de pronto, al Real Madrid le incomode pasarse cuatro horas en un avión (en primera clase, sigamos recordando) y descansar durante todo un día en un hotel de lujo mientras los empleados de Osasuna trabajaban a destajo para dejar en condiciones el estadio de El Sadar.

Seguramente, perdón, con toda seguridad, de haber ganado en Pamplona el Madrid exhibiría hoy músculo hablando de una victoria épica, en condiciones infernales y con renovados ánimos, en una respuesta al Barcelona, convertido en líder y sin rastro de ese "no se debía jugar" que clamó Zidane.