Cuauhtémoc Blanco: Una historia de '10'

Cuauhtémoc Blanco se despidió de América jugando contra Morelia. imago7

CIUDAD DE MÉXICO -- César Luis Menotti dijo alguna vez que el futbol tiene sólo tres misterios: “espacio, tiempo y engaño. El resto son números de teléfono”.

Cuauhtémoc Blanco dominó los tres. Jugó hasta los 42 años y siempre lo acompañaron la sabiduría que hace al genio, la velocidad de mente que forma al virtuoso, y el talento del inmortal.

Recorría los campos con una figura poco estética y parecía que padecía los partidos; sin embargo, la realidad es que no los concebía de otra forma: el insulto al rival e inmediato confrontamiento, las protestas interminables a los árbitros, rodar 10 metros tras una falta de rutina y contagiar a los suyos de que en cada batalla ganar era la única alternativa, fueron su estrategia.

En sus últimos compases dentro del futbol ya corría poco; en un juego con gran desgaste físico desaparecía por momentos, pero lo único que nunca dejó de hacer fue pensar. La poca claridad que tuvo con las palabras la compensó con un cerebro privilegiado; antes de que el balón llegara a sus pies para dejarse seducir, él ya había trazado el plan maestro.

A una acción sin claridad le daba rumbo y era capaz de dibujar un lienzo hacia el gol con un pase inverosímil, e incluso con más de cuatro décadas resultaba frecuente encontrarlo en romance con el gol.

Algunos lo creyeron en el exilio por jugar varios en la División de Ascenso; otras voces rompieron con la belleza del silencio para pedir su retiro; lo cierto es que siguió hablando como mejor le salía: con la pelota en los pies, y volvió al Máximo Circuito para decir adiós en una Final (Campeón de Copa con Puebla).

La carrera de Cuauhtémoc Blanco escuchó sus últimos compases; siempre resultó un privilegio gozarlo, dejó herencias indelebles, pues con pies, corazón y cerebro fue capaz de regalar alegría a todo un pueblo, a su pueblo.

Menotti también dijo que “ser jugador de futbol significa ser un intérprete privilegiado del sentimiento y la ilusión de muchísima gente”…

En 23 años de trayectoria, Temo entendió a carta cabal esta sentencia.