LOS ÁNGELES -- Del Purgatorio al Limbo. Diego Cocca ya dio sus primeros pasos sobre las brasas festivas de ser técnico de la Selección Mexicana. De la inevitable satanización a la inaplazable sanitización, aunque esta palabreja la tolere, pero no la apruebe, la Real Academia de la Lengua Española.
En el lúdico carnaval de las redes sociales, Diego Cocca ya fue incluso despedido. El #FueraCocca pululó desde antes de su presentación. Se convirtió por horas, en el tipo más impopular de México y Estados Unidos.
Cocca purgó pecados ajenos. No es él, el blanco del tsunami de embestidas, ataques y leperadas. Él recibe mentadas e injurias por fechorías ajenas. Se trata de su entorno y de sus padrinos, algunos de los cuales operan como ladronzuelos de poca monta, como desahuciados de un casting de El Padrino.
No es Diego Cocca, ni son sus virtudes, sino los vicios de sus mecenas con oficio de alcahuetes. Poco agradan sus nexos con el promotor Christian Bragarnik, de quien hace ya años se advirtió aquí de la forma oscura y reptiliana en que se inmiscuía en el futbol mexicano, con sus primeros escarceos vinculados a un lavandero de dinero espurio, como Tirso Martínez, “El Futbolista”.
No es Diego Cocca, son sus mecenas. Tras los aires de purga que sufrió en Pumas, Rodrigo Ares de Parga se asentó en Querétaro, bajo las órdenes de Bragarnik y del Grupo Caliente. Nunca el puesto de director de Selecciones Nacionales estuvo en peores manos, de dudosa catadura moral, pero el servilismo es una inconfundible fuente de empleo. Ahora es el valet, también, de Grupo Orlegi y Grupo Azteca. La UNAM lo había arrojado entre estiércol y azufre. ¿El premio? El Tri.
No es Diego Cocca, es su docilidad para ser instrumento de venganza. Grupo Orlegi, Grupo Azteca, Grupo Caliente, Grupo Televisa, y Amaury Vergara como pajecito, más que como cómplice, terminan por ahuyentar a Grupo Pachuca, que, sabido es, no es una hermana de la caridad, porque también tiene esqueletos embodegados en el armario de su conciencia y su consciencia.
No es Diego Cocca, sino usurpar un sitio que popularmente era bendecido para un Marcelo Bielsa, quien tuvo interés, pero se puso roñoso y exquisito al saber con quién debía negociar un proyecto. El hampa no comulga con su código moral. Y claro, Guillermo Almada, técnico campeón y que ha convertido a Pachuca en el único equipo por el que vale la pena pagar un boleto, además de propulsar al jugador joven mexicano.
Y no es Diego Cocca, es el atropello del poder, por encima de la congruencia, cuando México tiene una posibilidad histórica en el Mundial 2026, habida cuenta que jugará de local en el Estadio Azteca y después en cualquier escenario de Estados Unidos.
Y tampoco es sólo culpa de Diego Cocca y de algunos facinerosos que lo rodean, porque al final los dueños de equipos marginados del aquelarre electoral, títeres de su propia cobardía, solamente asintieron de rodillas. Ya se sabe, la cobardía es tan culposa como la obra. ¿Los Colosos del Norte? Espíritus liliputienses.
¿Fracasará Diego Cocca? Ciertamente hay quienes lo desean. El principal es Yon de Luisa, borrado brutal y humillantemente de la escena. Estaba advertido ya sobre un fracaso en Qatar. Ahora sólo desea que México tropiece en la Liga de las Naciones y la Copa Oro, más un par de ridículos en los amistosos de fin de año, para emancipar a Miguel Herrera y sacarlo de la perrera tijuanense. La realidad es que el presidente de la FMF ya no tiene a quien presidir ni a quien mandar.
En el proceso de satanización de Cocca, en aspectos de futbol, ciertamente, también se ha usado sólo un lado de la moneda. Su Atlas Bicampeón tenía una base sólida de futbolistas extranjeros, desde el excepcional Camilo Vargas, hasta un definidor como Julio Furch, pasando por el festivo futbol potente de Julián Quiñones.
Sin embargo, es necesario reconocer que a los importados los dimensionó a un estrato de mayor rendimiento, y cuando debió meterse al cunero de los Zorros sacó a algunos cachorros y a otros ya corriditos, les sacó virtudes que parecían ya momificadas, a los Jeremy Marquez, Diego Barbosa, Jesús Angulo, sin dejar fuera a Javier Abella, Luis Reyes y a Aldo Rocha en su mejor versión futbolística.
No es, Diego Cocca, un formador nato, pero sí es un forjador innato. Es capaz de convencer, como lo hizo con 17 mexicanos que deambularon en su gestión por Atlas, y ya había iniciado un proceso en Tigres, ya trunco, para rescatar a Sebastián Cordova, Diego Reyes y el recién llegado Diego Lainez. Al menos, es evidente, sabe meterse en la cabecita dispersa, confundida y analfabeta, tácticamente, del jugador mexicano.
Recuérdese que todo lo citado en párrafos anteriores nunca lo consiguió Gerardo Martino. Incluso, el Tata fue ridiculizado con la aseveración de Almada, de que había ido a implorarle sobre cómo conseguir intensidad, concentración y devoción, porque él, con los jugadores del Tri, había fracasado en todas esas líneas. Sí, de acuerdo, usar a Martino como referencia es miserablemente desventajoso.
Satanizado también por el estilo de juego, con tintes muy ratoneros, sin llegar a la exposición extrema del pánico de un Tuca Ferretti o un Víctor Vucetich, se desata una encrucijada.
1.- ¿Alcanza al jugador mexicano para jugar tú a tú en una Copa del Mundo e ir más allá de unos Octavos de Final? Sí, con once Rafa Márquez, once Hugo Sánchez u once Cuauhtémoc Blanco, tal vez el Tri podría codiciar un sitio de privilegio, pero su realidad es otra, en una etapa además de transición. ¿Será que llegó el momento de dejar de pedirle peras milagrosas al manzano clandestino de la mediocridad?
2.- A estas alturas, tras sus fracasototototes en Santos y Xolos, y su éxito en Atlas, Diego Cocca habrá aprendido algo que duele como genotipo y fenotipo del futbolista mexicano: no es el más hábil, ni el más veloz, ni el más atlético, ni el más disciplinado, ni el más inteligente, ni el más potente, ni el más técnico, ni el más habilidoso, ni el más resistente, pero con algunas de esas piezas, se ha armado un rompecabezas competitivo si se le detona la pasión, la intensidad y el compromiso, algo que fue evidente, Martino nunca pudo, y parece, sólo parece, que Cocca podría conseguir.
Además, en el proceso de satanización, a Cocca se le critica su origen: argentino. La reciente exposición del Tri del Tata ante la Argentina campeona del mundo en Qatar, llevó a que Martino fuera considerado como un crápula y traidor, especialmente cuando los albicelestes como Lionel Messi reconocieron que fue el partido más sufrido de la competencia. ¿Entonces, si Guillermo Almada hubiera llegado a enfrentar a Uruguay se desconfiaría de él? Cierto, el nacionalismo de los argentinos los habilita como sospechosos, pero Ricardo LaVolpe tuvo en un puño a sus paisanos en Alemania 2006, hasta que surgió el milagro en la zurda de Maxi Rodríguez.
A todo este coctel, agréguese que Cocca se relame con la posibilidad de los naturalizados, especialmente si en el eje del ataque se dispone de Julio Furch, aunque, debe recordarse que todos los no nacidos en México que han ido al Tri han fracasado, y la más ominosa prueba es la reciente caricaturización de Funes Mori en Qatar.
Pero, ¿hay riesgo de que algún o algunos naturalizados se los imponga su capataz Bragarnik? La sospecha lo irá acompañado en el proceso.
Al menos, con Cocca, hay una estabilidad garantizada. No se tomará un año sabático como el Tata en 2020, aún cuando la FMF le ofreció un vuelo privado para reducir riesgos de contagio, y en el Apertura 2022, cuando cambiaba pañales en lugar de intercambiar opiniones con la Liga MX ya en competencia.
Entonces, tras ese inevitable proceso de satanización, vendrán, por lo pronto en marzo, ante las potencias de Surinam y Jamaica, las primeras oportunidades de su sanitización, aunque esta palabreja la tolere, pero no la apruebe, la Real Academia de la Lengua Española.
