Rangnick, el reformador que Austria necesitaba para llegar al Mundial 2026

Ralf Rangnick ve un problema y lo resuelve. Rápido. Así lo hizo el año pasado, en Bosnia, durante un partido de Eliminatorias. Un tobillo dolorido le impedía caminar. ¿La solución? Viajó con una bicicleta para cubrir las largas distancias entre los vestuarios y el banco de suplentes de Austria. Esa mentalidad directa, reformadora, es la que aplica este DT alemán para devolverle al fútbol austríaco su vieja gloria. Para llevarlo, otra vez, a una Copa del Mundo. Para proponerse hacer ruido en este Mundial 2026.

Los amplios neumáticos dejan su marca en el campo de juego. El entrenador de Austria va en bicicleta para hablar rápidamente con sus jugadores. El mensaje llega. Su equipo gana y se acerca a la clasificación. La imagen es, de todos modos, peculiar. Fue "un poco extraño e inusual", recuerda Christoph Baumgartner, pieza clave en el seleccionado de Rangnick. “Pero sin duda había una razón”, agrega. Había una situación que resolver. “Hace unos días que sé que las distancias aquí son considerables”, explicó el entrenador. Pensó y lo hizo.

El método Rangnick reformó por completo al fútbol austríaco en cuatro años. Así son los alemanes. Lo sabemos desde Lutero en adelante. Con menos seriedad, pero con la misma devoción por sus ideas, Rangnick le devolvió a Austria su añeja gloria. Algo de la movilidad define su forma de gestionar: la necesidad de avanzar. De hacerlo rápido. Así comenzó todo, cuando Peter Schöttel, director deportivo de la selección, lo llamó por teléfono, desde su auto, para contratarlo. El alemán estaba en Manchester, bajo asedio, como DT interino del United. Necesitaban un entrenador para los primeros partidos de la UEFA Nations League. Rangnick, que acababa de perder 4-0 el clásico con Liverpool, precisaba una vía de escape. "Seguí mi corazón", explicó mucho después. Asumió como entrenador de Austria en abril de 2022.

Qué encontró Rangnick en Austria

Austria vive del pasado. Mucho de su identidad está puesta en lo que hicieron hace muchos años. Su música clásica, su viejo imperio. En el fútbol, esa nostalgia es aún más poderosa. Recuerdan que el Wunderteam era una potencia europea en los años 30. Aún celebran el triunfo 3-2 ante Alemania en Córdoba, durante Argentina 1978. Pero, sobre todo, no se olvidan de las derrotas. Una, vergonzosa, ante Islas Feroe en 1990. Y todas las que siguieron para faltar en cada Mundial desde 1998.

Rangnick asumió en Austria con el objetivo de cambiar esa mentalidad evocadora. Entendió que había material dentro del plantel para construir nuevos recuerdos felices. Figuras como David Alaba, ahora en Real Madrid; Marko Arnautovic, el goleador histórico; y Marcel Sabitzer, una estrella de la Bundesliga, entre otros. Y aquellos que ya habían incorporado su reconocido estilo de juego de presión y velocidad en la academia de RB Leipzig: Konrad Laimer, Xaver Schlager, Nicolas Seiwald y Stefan Lainer. Solo faltaban unos pocos ajustes. Un cambio de enfoque.

Los resultados acompañaron y los austríacos también lo hicieron. "Tengo la impresión de que están muy involucrados emocionalmente. Esperan con ilusión los partidos y se identifican con el equipo”, afirma Rangnick. La identificación de los hinchas llegó rápido y sorprendió gratamente al entrenador. “Lo percibo en todas partes, ya sea paseando por la calle Getreidegasse en Salzburgo o yendo a un restaurante en Viena. La gente me dice: ‘¡Entrenador, siga así! ¡Lo apoyamos! ¡Es un placer verlos jugar!’", relata que le dicen.

El estilo de Rangnick siempre fue el mismo. Se llama Gegenpressing. Comenzó a aplicarlo en el ascenso alemán, en el Ulm. Lo contó todas las veces que pudo en televisión. Así se ganó el apodo de “El profesor”. Defensa de cuatro y presión asfixiante. La intención de ir a ganar, a marcar goles, todo el tiempo. Cuanto antes.

Austria no era un lugar extraño para este alemán, que cumplirá 68 años durante el Mundial. En 2012 comenzó ahí el proyecto futbolístico de Red Bull. Ese éxito le permitió consolidar la fama que había conseguido en la Bundesliga, donde ascendió a Hoffenheim, fue campeón de Copa con Schalke y estabilizó al RB Leipzig. Su carrera no se explica sin su paso por Salzburgo. "Ahora vivo allí de nuevo. Me siento increíblemente a gusto y diría que soy medio austríaco”, admite. Y esta Austria no se puede entender sin la influencia de Rangnick. "Sin el desarrollo en Salzburgo, la selección no estaría donde está hoy”, afirma.

Cómo Rangnick reformó al fútbol de Austria

Como en su estilo de juego, Rangnick mira hacia adelante. Quiere que Austria abandone el pasado y construya un futuro con la misma velocidad con la que sus jugadores deben presionar a los rivales. "El equipo no se ha labrado un nombre desde hace bastante tiempo. ¿Desde cuándo exactamente? ¿Desde Córdoba 1978?", afirmó al asumir. Desde el inicio, la mentalidad debía ser otra. “Podés celebrar una victoria un día o dos, pero después tenés que mirar hacia adelante de nuevo”, repite Rangnick para consolidar su mensaje.

“La ventaja de clubes como Salzburgo, Hoffenheim y Leipzig es que no hay leyendas que quieran dar su opinión”, dijo Rangnick alguna vez, explicando el beneficio de conducir clubes sin historia. Algunos podrían pensar que Austria sería similar. Sin embargo, el alemán soportó su buena cuota de críticas hasta llegar al consenso de resultados actual. Hans Krankl, histórico goleador de aquel Córdoba 1978, por ejemplo, no es su fan. "Rangnick cree que inventó el fútbol", afirmó hace un tiempo. El seleccionador evita las polémicas. “Siempre habrá quienes discrepan”, asegura. Prefiere concentrarse en reformar el fútbol austríaco.

Primero, dentro de la cancha. El estilo de Rangnick es perfecto para Austria. Su propuesta enamoró a los austríacos que anhelaban un equipo veloz y ambicioso. Lo otro fue ubicar a los futbolistas en sus posiciones naturales. El caso más claro es el de Alaba, que volvió a ser defensor central. "Tiene que desenvolverse en el centro, en la construcción del juego y en la organización de la defensa. Es el capitán”, explica Rangnick. Mejor ubicados, los jugadores de Austria están más cómodos para tomar decisiones rápidas y cumplir con el plan del entrenador. Rangnick no pretende que piensen ni que improvisen. Sin dudas, hay menos margen para el error. Su juego parte desde la presión tras pérdida. Con Rangnick, Austria recupera la posesión mucho mejor. "Nos enseñó una nueva forma de pensar. Ya no nos orinamos en los pantalones", explica Baumgartner con vulgaridad.

Tanta presión mejoró los porcentajes de posesión de Austria, en especial contra algunos rivales menores como los que enfrentó en las Eliminatorias. También en esta faceta, la selección creció. El equipo muestra paciencia con la pelota y está dispuesto a correr riesgos para abrir a defensas numerosas. "Nuestro estilo de juego proactivo busca controlar al rival, independientemente de si tiene el balón o no”, detalla Rangnick. La clave es la presión, no la posesión: “Cuando vencimos a Alemania, Italia o los Países Bajos, no deslumbramos con regates ni con un fútbol vistoso, sino forzando errores y creando oportunidades durante las transiciones”, agrega. Su equipo debe sonar como una banda de heavy metal o rock 'n' roll. Hay que llegar al arco rival con la menor cantidad de pases posible. “Tenemos que presionar constantemente y mantener el ritmo”, repite como un mantra.

“¡Todo se trata de control!”, sentencia Rangnick. Es el resumen de una mentalidad ambiciosa. Su obsesión por el control lo lleva a exceder los atributos de un entrenador. Desde su llegada, intervino en todas las áreas del fútbol austríaco. Promovió un nuevo sistema de captación de talentos. Impulsó la construcción de una base de entrenamiento propia. También propuso que Austria remodele el estadio Ernst Happel. Incluso, se involucró en la tumultuosa renovación de la presidencia de la Federación. Klaus Mitterdorfer, quien lo contrató, debió dejar el cargo tras distanciarse del seleccionador. Ahora el cargo lo ocupa Josef Pröll, con el condicionado respaldo de Rangnick. “Es mi quinto presidente; eso lo dice todo. Espero que sea el último, no porque no piense quedarme mucho más tiempo, sino porque sería beneficioso para la federación”, afirmó.

La influencia de Rangnick en Austria es total. Que el seleccionado tuviera una canción propia para la Euro 2024 también fue idea suya. "Tras una victoria contra Italia, volvimos al hotel en autobús. Todos cantamos a coro. Fue tan fantástico que le dijimos al conductor: '¡Vamos, demos otra vuelta!'. Viajamos otros 45 minutos", recuerda. Habitualmente, los austríacos se contentaban con cantar la Marcha Radetzky y el himno "Soy de Austria", pero todo eso sonaba muy viejo para este moderno entrenador. De esa noche surgió el pegadizo "Hoch gwimmas (n)imma". El título viene de una famosa frase de Toni Pfeffer durante el descanso en una humillante derrota 9-0 ante España en la Euro 2000. En dialecto austríaco sería: “Ahora sí lo ganamos”. Para Rangnick es un título perfecto: "Si, contiene autoironía. Pero, también, es una declaración sobre el futuro".

Austria vuelve al Mundial 2026 para dar el golpe

Otra noche ante Bosnia, ahora en casa, en noviembre de 2025, terminó de sellar la clasificación de Austria. El equipo de Rangnick arrancó abajo en el marcador y el miedo al fracaso de los austríacos volvió a emerger. "Muchos dudamos de nosotros mismos durante un rato", admitió Alaba. La agonía que dominaba en el Ernst Happel duró hasta el minuto 77.

El héroe de la clasificación fue Michael Gregoritsch, un esforzado delantero que protagonizó varias de las frustraciones recientes de Austria. Su gol para el 1-1 fue suficiente para lograr el objetivo. "Este es el mejor día de mi vida futbolística. Ninguno de nosotros había vivido algo así antes; éramos demasiado jóvenes en 1998", aseguró, recordando la última clasificación. "Nos lo merecíamos", dijo Alaba, que ya lo había intentado tres veces.

Los festejos sirvieron para cerrar un ciclo de traumas para el fútbol austríaco. Sabitzer se quedó sentado, con la mirada incrédula, por un buen rato. Gregoritsch celebró con su familia sobre el césped. Arnautovic habló con la prensa y pidió que el gobierno decrete un día festivo. Alaba buscó al único alemán dentro del campo. Sin Rangnick nada de esto hubiera sido posible. "Este éxito está al mismo nivel que los ascensos o las copas que he ganado", dijo el entrenador con mesura.

Para conseguir ese éxito, el regreso de Austria a la Copa del Mundo, Rangnick transformó su forma de trabajo sin perder su obsesión por el control. Vio un problema, lo resolvió. "Como seleccionador, solo cuentas con los jugadores de forma esporádica. Mi experiencia me enseñó que, físicamente, menos es más. El entrenamiento mental, transmitir nuestra filosofía, suele ser mucho más importante". Los espaciados encuentros con sus futbolistas se transformaron en una especie de seminario sobre Gegenpressing. Además del trabajo de campo hay un video de bienvenida, corto y subtitulado, con un resumen de los entrenamientos previos. "Una especie de curso intensivo, para que sepan inmediatamente al llegar”, explica el Profesor Rangnick. Cuando están en sus clubes, reciben mensajes personalizados en WhatsApp y visitas de los integrantes del cuerpo técnico. “De lo contrario, no nos vemos durante meses”, lamenta el DT.

Consolidada su idea de juego, Austria se ganó la clasificación al Mundial y la etiqueta de equipo molesto. De cara a la Copa del Mundo, donde enfrentarán en el grupo a Argentina, el último campeón, Rangnick propone fortalecer ese perfil intenso y asfixiante. "Nuestro enfoque será perfeccionar aún más nuestro Plan A", explica. De aquí al Mundial 2026, Rangnick solo piensa en potenciar a su selección. "Se trata de seguir mejorando y fortaleciendo lo que nos ha traído hasta aquí", explica. Todas las reformas necesarias ya se hicieron. "No hay razón para que cambie nada en la defensa de cuatro", asegura. Desde ahí se construye la presión que identifica a sus equipos. "Creo firmemente en mantener lo que ha demostrado ser efectivo", insiste.

En Austria, ya no hay dudas sobre su efectividad. Estos cuatro años transformaron a Rangnick en el mejor entrenador en la historia del seleccionado. Ninguno antes consiguió tantos puntos. Los registros del alemán lo ubican incluso delante del histórico Hugo Meisl, el entrenador del "Wunderteam", que ganó la Copa de Europa de 1932 y brilló en el Mundial de 1934.

La ambición de control de Rangnick puede provocar algunos rechazos. Pero los resultados en el campo, y las reformas realizadas en las estructuras de la selección, hacen que la mayoría de los austriacos pidan su renovación. El alemán triunfó donde varios habían fracasado. Tomó una estructura valiosa pero deficiente y la reformó hasta hacerla funcionar, incluso mejor de lo imaginado. "El potencial siempre estuvo ahí, pero nos faltaba alguien que pudiera unir las piezas del rompecabezas", resume el capitán Alaba.

"Si jugamos así, como equipo, no tenemos por qué temer a nadie. Los jugadores lo han asimilado”, dice este reformista alemán. Convenció a sus jugadores de que son capaces de ganarle a cualquiera. Les explicó cómo. Demostró que pueden hacerlo. Ahora, tienen la oportunidad de confirmarlo en el escenario más grande de todos. Austria vuelve al Mundial 2026 para dar la sorpresa. Rangnick ya lo tiene planeado.