Tristón empate de México, entre chiripazos ofensivos y la daga del 'Bruto' Ochoa

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José Ramón calificó de "terrible" la fecha FIFA de México (1:50)

El conductor de Futbol Picante no titubeó al asegurar que el desempeño del Tri fue reprochable ante rivales como Australia y Uzbekistán. (1:50)

Tristón empate de México ante Uzbekistán, entre chiripazos ofensivos y la expresión clásica de Julio César: “Et tu, Brute? (¿Tú también, Bruto?)”, cuando Guillermo Ochoa se traga el 3-3


LOS ÁNGELES -- Debió revolotear en la cabeza de Jimmy Lozano la expresión clásica de Julio César: “Et tu, Brute? (¿Tú también, Bruto?)”, cuando Guillermo Ochoa hace más aspavientos que mímico alucinado de semáforo, pero igual se traga el 3-3 al minuto 92, en un disparo, potente sí, de Otabek Shukurov, pero directo a donde él estaba.

México empata 3-3 con Uzbekistán, y de nuevo su cuadro bajo se muestra plagado de Judas, de tipos entre indolentes, distraídos, temerosos, lentos y hasta bobos, en grado tal que hasta parecerían repudiar del Tri o del entrenador.

Para colmo, el yerro inesperado de Guillermo Ochoa. Todas sus contorsiones y alharacas gesticuladoras sólo hicieron más que evidente que el gol lo recibe por desatención, porque fogonazos similares son su botana diaria defendiendo al Salernitana.

3-3 que acentúa el sabor a almizcle que quedaba del 2-2 ante Australia. Y nuevamente, preocupante, que sea más reactivo que proactivo.

Las taras de México no sólo se deben al mal momento de sus defensas, sino también a su pésima estructura defensiva. Lo primero es perplejidad de los jugadores. Lo segundo es perplejidad del cuerpo técnico.

Futbolistas desconcertados, desordenados, descoordinados, analfabetos en la lectura del rival, eso, es lo que tiene Jaime Lozano en el fondo. Mejorará con César Montes y regresando a Edson Álvarez a la zaga central.

Pero, consolidar el aparato defensivo es responsabilidad del entrenador. Esta vez, antes de Uzbekistán, tuvo al menos una decena de entrenamientos, tomando en cuenta sus dos sesiones diarias de cancha y videos. No se reflejó este martes por la noche.

En los dos primeros goles que recibe México, sus defensores tuvieron la misma exquisitez en la cacería del rival, que histéricas y patéticas cucarachas en quemazón. Sin alarde técnico, sino con una practicidad casi flemática, los remates de Abdikhlikov y Bungoev firmaron ante las inútiles estiradas de Guillermo Ochoa.

Y en semejante confusión no hay inocentes. De nuevo Johan Vásquez lento y bobalicón en la marca, mientras el tibio del Tiba Sepúlveda abdicó totalmente a la Selección Mexicana a pesar de la necedad de Jaime Lozano de mantenerlo cuando hizo su primera ráfaga de cambios.

A Edson Álvarez se lo tragó la responsabilidad extrema de hacer la chamba defensiva de un desastroso Orbelín Pineda, y encima tratar de adivinar los yerros de sus zagueros centrales, además de la deficiencia en coberturas de Jesús Angulo y Kevin Álvarez.

Con el 1-2, Lozano se ve urgido a los cambios. De poco sirvieron. La voluntad de Jordi Cortizo no encontró afinidad en un Luis Romo, además de que el primero sólo fingió un penalti y jocosamente en un fuera de lugar, pide ir al VAR.

El Chino Huerta quiso ser el héroe y abandonó obligaciones colectivas, y con poco sudor y mucha sapiencia, los uzbekos terminaron anulando al Tri, y los goles de Raúl Jiménez fueron flagrantes obsequios de la defensa contraria.

El retoque táctico final llegaría al minuto 77. Lozano abandona su 4-3-3 y con los ingresos de Chiquito Sánchez y Santi Giménez, y ya con Uriel Antuna en la cancha, apuesta por la desesperación del 4-4-2, y finalmente el Tri recupera el control de media cancha.

Y sí, el cuestionamiento es urgente: ¿Por qué como ante Australia, Jaime Lozano necesita esperar tanto los cambios? La ley del embrague o clutch, primero mete la pata y después hace los cambios.

De entrada, en esta gira centavera, varios jugadores renunciaron al Tri (Héctor Herrera y Alexis Vega), mientras otros quedaron cargados de suspicacias, no sólo por su talento, sino por su inexistente devoción, como Johan Vásquez, Luis Romo y Carlos Rodríguez.

Y el 3-2 para México, al 88, llega con ese truculento embrujo del chiripazo. Tras una embestida de Raúl Jiménez, el balón termina con un intento de despeje de los uzbekos que bloquea Uriel Antuna, y la carambola termina en las redes.

Y al final, cuando ya se jugaba por capricho arbitral, aparece Shukurov y la exagerada, culposa, inútil y cachonda pantomima de Guillermo Ochoa que seguramente le plagiará Tom Holland para un momento de comicidad en su próximo Hombre Araña.

Sin duda, el empate tiene más utilidad que lo que eventualmente pudo haber sido una victoria mañosa. Hoy Lozano sabe que hay urgencias y que no deberá ser tan tolerante con los restantes jugadores en Europa, si no quiere llevarse más desaguisados.

Ahora, México aguardará viajar a Charlotte para enfrentar a Ghana, y a Filadelfia, para enfrentar a Alemania. Después vendrán dos compromisos de Liga de las Naciones, válidos para boleto a la Copa América, ante rivales pendientes. Y con calzador, le agregaron un juego ante el arrejuntado emelesero y de Liga Mx contra Colombia, el 13 de diciembre en Los Ángeles.