Este jueves por la mañana, Javier Aguirre tendrá definida ya su lista de 26 que jugarán la Copa del Mundo, solo con la reserva del estado físico de los ahora lesionados
LOS ÁNGELES -- ¿Qué consignar del entrenamiento México 4-0 Islandia? Las conclusiones pueden ser sustanciosas para Javier Aguirre, aunque insustanciales, forzosamente, por las condiciones de una Islandia armada al vapor. ¿Qué consignar?
1.- ¿La presencia de la Hormiga González, anotando y agregando un soberbio servicio a Richard Ledezma?
2.-. ¿El peso de Jesús Gallardo, decorado con un gol de cabeza?
3.- ¿La pujanza de Brian Gutiérrez provocando angustias a Carlos Rodríguez, porque además marcando el 4-0 deja más sensación de área que el cruzazulino?
4.- ¿La aparente titularidad de Tala Rangel con la Selección Mexicana a sabiendas de que Guillermo Ochoa puede ser la inesperada sorpresa como fue el inesperado sorprendido en 2010 por el Conejo Pérez?
¿Qué consignar en cancha en un partido entre dos arrejuntados, los verdes con ilusiones de Mundial y los visitantes a pensar –entre sus límites y limitaciones--, en un milagro para 2030?
Este jueves por la mañana, Javier Aguirre tendrá definida ya su lista de 26, acaso condicionada por los reportes médicos de Gil Mora, Santi Giménez, Edson Álvarez, Alexis Vega, Chino Huerta y Rodrigo Huescas.
Las dudas, las vacilaciones, la incertidumbre, son un lujo, un privilegio que no puede darse el Vasco. Debe estar abierto a lo inesperado, pero cerrado a los titubeos.
Islandia fue políticamente correcto. Pujó, repujó y arrempujó apenas unos minutos, como para justificar viaje, viáticos y una jornada de “shopping” martes y miércoles. Sus limitaciones, sin duda, devalúan, deterioran, el marcador y los desplantes de lujo de algunos jugadores de México.
Resaltar el protocolo emotivo previo al partido. Más allá de la evidente falta de educación en tribuna y cancha, especialmente mientras se rendían honores a la bandera, más allá de ese bochorno, la ceremonia completa incluyendo por supuesto la interpretación del Himno Nacional, engendró una vistosa, poderosa y estremecedora sinfonía de sentimientos y rigor castrense. Una ceremonia luctuosa que estrujó corazones. Un minuto de silencio en homenaje a la paz, damnificada por un exabrupto de guerra.
Por otro lado, felicitar la habilidad populista de la Federación Mexicana de Futbol para regalar boletos, poblar el Estadio La Corregidora, y mandar un mensaje de que México, el país, la nación, evidencia, de nuevo, una manifestación colectiva de solidaridad y resiliencia.
Sí, este partido ante Islandia, que llevó a Javier Aguirre a cuestionar en privado sobre si en verdad debía jugarse, no sólo era para cumplir un compromiso adquirido. Sin embargo, la orden directa a Mikel Arriola, llegó directamente del Salón Oval de Televisa, en consenso directo con la Presidencia de México. A jugar.
Porque esta vez, más que cualquier mezquindad económica, la jugada astuta era enviar un mensaje al universo del futbol, en especial a Portugal y a los citados para el repechaje (Nueva Caledonia, Jamaica, RD del Congo, Bolivia, Surinam e Irak), porque la FIFA, se sabe, ni siquiera se ha detenido a cuestionar la sede compartida del Mundial 2026.
¿Y Javier Aguirre? Tratar de leer, husmear, hurgar, en concentración, entrenamientos y partido, detalles específicos de la capacidad emocional y futbolística de sus convocados en esta eventualidad. Por eso, Ledezma, Gutiérrez y Campillo se agregan a la ecuación de dudas que ya embargaba al cuerpo técnico mexicano.
Con el espectáculo global, pobre en cancha, ciertamente, se aplacan las conjeturas, dudas y supuestos de Portugal, rival próximo de México, junto con Bélgica en la fecha FIFA de marzo.
Ahí, ante esos dos rivales europeos y mundialistas, ya Javier no puede darse el lujo de hacer ensayos. Ya deberán verse sus once del patíbulo, pero, cierta e inocentemente, con pretensiones de altar y gloria.
