Mundial cada dos años: ¿buena idea?

En el papel no sería tan complicado llevar a cabo un Mundial cada dos años, pero queda claro que si no hay un consenso total, esta revolucionaria idea jamás prosperará

MÉXICO -- La FIFA dio a conocer esta semana su intención de celebrar la Copa del Mundo cada 2 años, en lugar de los tradicionales y antiguos cuatro. La noticia levantó la ceja de más de uno e inmediatamente nos pusimos a imaginar cómo sería nuestra vida como aficionado si tuviéramos que esperar sólo la mitad del tiempo al que nos hemos acostumbrado por el máximo evento a nivel de selecciones nacionales y que vivimos todos, propios y ajenos, de una manera muy especial.

El máximo organismo rector del futbol nos ha sorprendido con la anterior idea, la cual que ya se ha transformado en un proyecto que va en serio.

Celebrar un Mundial de manera bianual, a partir de la cita del 2026, es una auténtica revolución que ha sorprendido a todos los involucrados. No sé si la pandemia haya sido la principal culpable de semejante propuesta para transformar la agenda balompédica mundial, pero me da la impresión de que tantas cancelaciones a las competencias ya establecidas en 2020 y su posterior desahogo en el presente año, empujaron a los altos mandos radicados en Zürich a replantearse la periodicidad del máximo evento.

Por otro lado, las pérdidas millonarias que causaron tanta e inesperada inactividad, son un aspecto que no hay que dejar de lado. El futbol es un negocio y necesita responder con la debida celeridad a la ley de la oferta y la demanda.

Otro asunto que es fundamental para entender el proyecto que presentó el extécnico francés, Arsene Wenger, es el que tiene que ver con la carga de trabajo a la que se someten los jugadores profesionales. Según el exentrenador del Mónaco de Francia y Arsenal de Inglaterra, se ha tomado en cuenta, y mucho, la preocupación que existe por la cantidad y calidad de los partidos que se celebran a lo largo de un año.

Las continuas ventanas internacionales perjudican a los futbolistas. Hacer menos viajes y reducir el impacto de los cambios climáticos es una demanda que tienen los verdaderos protagonistas de este deporte. La saturación es un aspecto que impacta negativamente en la salud y bienestar de ellos, lo que afecta en consecuencia el espectáculo dentro del terreno de juego.

Se habla de que el calendario se encuentra desfasado. Con esta propuesta, se pretende reagrupar las fases de clasificación para evitar viajes. Por ejemplo, se dejarían los meses de agosto y septiembre para los clubes y el mes de octubre para la clasificación de las selecciones, retomando el mes de noviembre y hasta el final de temporada para que los clubes cumplan con sus objetivos en sus respectivas ligas y compromisos continentales.

En el papel no sería tan complicado llevarlo a cabo, pero queda claro que si no hay un consenso total y definitivo con esta cirugía mayor que se pretende hacer al calendario de futbol a nivel de clubes y selecciones nacionales, esta revolucionaria idea jamás prosperará.

Sin embargo, y más allá de todo, estará usted de acuerdo conmigo en que luego de vivir un mes en torno a un Mundial, con todos y cada uno de sus partidos, con sus grandes jugadas, goles excelsos, monumentales atajadas, momentos inesperados y su natural dosis de emociones, alegrías y frustraciones que, inevitablemente, llegamos a sentir, un dejo de nostalgia nos envuelve cuando todo acaba, quedándonos con ganas de que ese estado emocional se mantenga casi de forma permanente en nuestras vidas.

Esto es lo que me sucede cuando llega el momento en que el campeón del mundo recibe ese precioso trofeo áureo que hipnotiza a medio planeta.

A estos naturales y comprensibles sentimientos y emociones que nos acompañan por espacio de un mes (y que son exclusivos de todos aquellos quienes amamos al futbol), debo añadir que hay una cuota que históricamente y de manera obligada debemos de pagar: esperar casi un lustro para volver a experimentar esa alegría que nos regala el máximo evento futbolístico internacional.

Para mi, y seguramente para muchos, resulta un tributo excesivo que irremediablemente se ha tenido que pagar con la permanente incertidumbre de saber si el destino (o como quiera usted llamar) nos permita llegar o no a la siguiente cita mundialista.

Muchísimas preguntas quedan todavía en el aire, pero… ¿a usted le gustaría esperar menos tiempo para disfrutar de un nuevo Mundial? ¿Considera que todos estamos preparados para vivir y, sobre todo, disfrutar de un evento de esta magnitud cada dos años? ¿Cuántas naciones estarían en condiciones financieras, económicas y sociales para organizarlo? ¿Logrará la FIFA unificar criterios para cristalizar esta idea?

Entre miles de interrogantes y sus respectivas respuestas que aún flotan el aire, de lo único que estoy seguro es que usted y yo estaremos esperando pacientemente el tiempo que haya que transcurrir para disfrutar de una Copa del Mundo y todo lo mágico y maravilloso que se cierne en torno a esta maravillosa celebración deportiva. Y si es menos, mejor.