Por qué el mercado de pases y los gastos siguen envueltos en secretismo

En términos de agentes de fútbol, Giovanni Branchini no sólo es de la vieja escuela. Es la auténtica piedra que fue extraída para construir la vieja escuela allá por 1968.

Algunos puntos destacados:

  • Llevó a Romario y a Ronaldo (el original) a PSV Eindhoven y luego a Barcelona (y, en el caso de Ronaldo, a Inter de Milán también).

  • Mucho antes del hoy famoso amistoso contra Sporting CP, le dijo a Sir Alex Ferguson que Cristiano Ronaldo sería un excelente reemplazante para David Beckham en Old Trafford -- y luego le recomendó a un prometedor agente llamado Jorge Mendes que, si bien otros clubes estaban ofreciendo más dinero, Manchester United era el lugar indicado para el desarrollo de su estelar cliente.

  • Cuando Pep Guardiola estaba en su año sabático tras dejar Barcelona, fue Branchini --con la bendición de Bayern Munich-- quien viajó al Upper West Side de Manhattan y lo convenció de que, si quería un desafío en el máximo nivel, debía hablar con Uli Hoeness y Karl-Heinz Rummenigge.

Así que cuando Branchini habla de agentes e intermediarios, como lo hizo en un episodio reciente de "Gab & Juls Meet", lo hace en calidad de experto que conoce y entiende el sistema. Sabe de lo que está hablando; cree que debería haber reglas claras para los agentes, y que la FIFA cometió un error terrible cuando desreguló el negocio en 2015.

La FIFA cree lo mismo, sobre todo después de que sus cifras revelaran que más de 500 millones de dólares fueron pagados a agentes e intermediarios en pases internacionales en 2021. Esto es particularmente impactante considerando que representa un leve aumento sobre el año anterior, a pesar del hecho que el valor total de los pases internacionales disminuyó en un 13,7 por ciento.

El último conjunto de reglas, que entraría en vigor en 2022, se enfoca en poner un tope a las tarifas pagadas a intermediarios y agentes, y suspende la práctica de un solo agente representando a todas las partes de un acuerdo. Probablemente no le sorprenda a nadie que Branchini no esté de acuerdo con diversos aspectos de las nuevas reglas, y con el proceso de asesoría que condujo a ellas. Pero puede que sí resulte sorprendente que, como agente, le encantaría que todos los detalles --desde el valor de los pases y los contratos, hasta los honorarios pagados a los intermediarios-- fueran públicos.

"Lo que ayudaría mucho al fútbol es que todo sea completamente transparente", dice. "Le hemos rogado a la FIFA que haga obligatoria la publicación de todos los detalles de una transferencia. Tenemos que saber exactamente cuánto se pagó por cada pase, cada intermediación, cada representación... Todo debería ser público".

Él sostiene lo que vengo diciendo desde hace años: todo tiene que ser público. El sol es el mejor desinfectante, pero hoy por hoy, el fútbol opera en la oscuridad. Los salarios y los contratos de los jugadores individuales, el valor de los pases, las comisiones pagadas a los agentes para facilitar los acuerdos están envueltas en misterio, excepto por un puñado de clubes que están inscriptos en la bolsa y por lo tanto deben revelar dicha información.

Cuando vemos cifras, en la gran mayoría de los casos son conjeturas fundamentadas o están basadas en reportes de los medios de comunicación. Y como todo está envuelto en secretismo, no sólo abundan las oportunidades de conductas indebidas --o hasta delictivas-- sino que tampoco hay rendición de cuentas.

Si supiéramos cuánto nuestro club le pagó a un agente por un acuerdo en particular, o por qué involucraron a un determinado intermediario en la transacción (a menudo hay más de uno) o si simplemente supiéramos exactamente cuánto pagaron por incorporar al nuevo centrodelantero, podríamos hacerlos responsables. Nosotros, tanto los medios como los fans, podríamos hacer las preguntas incómodas. Podríamos comparar las decisiones con aquellas tomadas en otros clubes. Podríamos tener cierta medida de responsabilidad, más allá de simples resultados en la cancha -- que, por cierto, siempre acaban sobre los hombros de los DTs y los jugadores y no sobre los de aquellos que decidieron emplearlos.

Branchini dice que son los clubes los que no quieren transparencia, sobre todo porque es más fácil apuntar con el dedo a los agentes como la fuente de todos los problemas del fútbol.

"Aquí hay un punto que todos pasan por alto", dice. "Cuando un agente recibe una comisión exagerada, es porque el club está dispuesto a pagarla. Cuando se quejan de que un agente está forzando un pase o no está respetando un contrato, no es porque el jugador se está yendo a Marte, es porque hay otro club que está dispuesto a ofrecer ciertos términos que su club actual no está dispuesto o no puede ofrecer. Pero, obviamente, nunca es la culpa del club, siempre de los agentes".

Branchini coincide en que el sistema de pases actual está roto, es turbio y disfuncional. Pero las normas sólo regulan una parte del sistema, a los agentes.

"Si un sistema no está funcionando, hay que revisar todo el sistema y arreglarlo", dice. "No sólo un componente. Y, curiosamente, el componente que recibe toda la culpa es una parte del sistema que no se considera partícipe, y que no está sentada a la mesa donde se toman las decisiones: los agentes".

FIFA dice que consultó con una serie de agentes, tanto individualmente como a través de las asociaciones de agentes de distintas partes del mundo, y que aún recibe sugerencias. Sin embargo, Branchini siente que no es más que una formalidad, y que algunas medidas, como poner un tope al monto pagado a los agentes, "se tomaron incluso antes" de formar el grupo de trabajo.

Para ser justos, el tope al monto pagado a los agentes parece una demagogia. Si crees en el libre mercado, probablemente creas que un intermediario debería cobrar lo que la gente esté dispuesta a pagarle, siempre que haya transparencia.

Si el director deportivo A del club B quiere pagarle al agente C una suma de 10 millones de dólares por el pase de 5 millones de dólares del jugador D al club C, debería ser asunto suyo, provisto que esté dispuesto a justificarlo ante los hinchas y los accionistas. Pero como no tenemos transparencia, nadie más que un puñado de directivos del club y tal vez el propietario se enterarán de ese pago de 10 millones.

Esa falta de información no sólo abre las puertas a toda clase de jueguitos --desde lavado de dinero hasta sobornos-- sino que también significa que nadie se hace cargo de las malas decisiones. Si todo fuera transparente, habría vigilancia pública. Porque esos 10 millones de dólares podrían ser una ganga si el jugador D termina ganando el Balón de Oro y convirtiendo 40 goles, o bien un colosal desperdicio por incompetencia -- o peor.

Éste es el asunto: FIFA dice que le encantaría que haya más transparencia. De hecho, sus nuevas reglas imponen estrictos requerimientos de informes para los pases internacionales. Para que un pase sea aprobado, hay que brindar todos los detalles de quiénes reciben pagos, por qué se les paga, y cuánto se les paga. ¿El problema? Sólo la FIFA puede ver esa información.

Cuando le pregunté a la FIFA por qué simplemente no la hace pública, me dijeron que les encantaría que fuera completamente pública y accesible a todos, pero en Europa, donde se llevan a cabo la mayoría de los pases internacionales, hay leyes muy estrictas de privacidad y protección de datos. Efectivamente, la información se maneja según el principio de la "necesidad de conocimiento".

La FIFA sostiene que necesita saber, y supone que los tribunales europeos lo van a aceptar --aunque ya ha sido demandada por esto y espera más juicios-- pero en este momento no hay posibilidades de que un tribunal acepte que el resto de nosotros (los medios y los hinchas) también "necesitamos saber". Así que terminamos con un sistema que es "transparente" para un puñado de funcionarios de la FIFA. Puede que sea mejor que nada, pero a la larga hace poco para resolver el verdadero problema.

Los clubes se quejan de que los agentes y los intermediarios piden honorarios excesivos y tienen demasiado poder. Pero los clubes no están dispuestos o son incapaces de regular ellos mismos, por ejemplo, el no pagar semejantes cifras y no darles el poder a los superagentes. Los clubes tampoco están dispuestos a introducir auténtica transparencia en el sistema, lo que ciertamente mitigaría el problema. En cambio, se apoyan en la FIFA para que haga cosas como poner topes a los honorarios y limitar la representación múltiple.

¿Son soluciones populares que pueden venderles a los medios y los fans? Seguro. ¿Pero realmente atienden los problemas de fondo? No, no lo hacen, sobre todo si no están acompañadas de una auténtica transparencia.