Freddy Sosa: El capitán que no necesita brújula para volver a casa

En las latitudes donde el frío dicta las reglas, el hockey indoor se vuelve un lenguaje de resistencia. No es solo un deporte. Allí, Freddy Sosa ha construido un legado que trasciende los títulos. A pocos días de cumplir 32 años (este próximo 21 de mayo), el número diez de la Selección Argentina y referente de Chaltén se detiene a mirar el camino recorrido. No lo hace desde la soberbia del tricampeón, sino con la pausa de quien sabe que la mayor inversión de su vida no se cuenta en trofeos, sino en afectos.

El pulso de lo natural

A los 31 años, el cuerpo ya no necesita órdenes externas; responde a un instinto pulido durante décadas. Para Freddy, la disciplina dejó de ser un peso para convertirse en su estado natural. En este tramo de su carrera, la evolución no es solo física, sino una adaptación constante para seguir habitando la élite sin perder la esencia. "Son muchos años de dedicarle tiempo al hockey y a mi cuerpo para que se acostumbre; hoy ya es lo cotidiano. Todo lo que enfrento me sale natural porque lo practico desde los 9 años. Uno no piensa en el retiro; uno va creciendo y evolucionando en el deporte, encontrando siempre la vuelta para seguir estando al máximo en diferentes facetas".

La unión en la adversidad

El reciente tricampeonato con Chaltén no fue el resultado de una racha de suerte, sino de una herida que sanó en grupo. Sosa identifica un punto de quiebre hace cuatro años, cuando una lesión personal terminó de amalgamar la voluntad de sus compañeros. Allí aprendieron que la verdadera fortaleza de un equipo se mide en cómo gestionan la realidad cuando las luces de la cancha se apagan. "Hace tres o cuatro años me lesioné y ahí el equipo se volvió más unido, verdaderamente sólido para afrontar las cosas, para juntar dinero para los viajes y participar en las ligas del sur. Cuando hacés buenas cosas fuera de la cancha, adentro no hay nada más que explicar que jugar y entrenar. Nuestro premio al esfuerzo es llegar a la final; si la ganamos es porque nos lo merecíamos. Estábamos confiados porque estábamos bien como equipo por fuera y lo demostramos adentro".

El mapa de los afectos

La carrera de un deportista de élite suele estar marcada por la ambición de las grandes ligas. Sin embargo, Sosa opera bajo una lógica distinta: la del arraigo. Aunque las potencias europeas golpean su puerta, él prefiere los sitios donde se siente en casa. Para Freddy, el éxito es una construcción humana, un intercambio de lealtades que no entiende de mercados de pases. "Tengo ofertas de Alemania y de España, pero mi corazón es el que manda. Si bien aún no definí mi futuro, en Málaga me siento cómodo, es mi segunda familia y mi segunda casa. No necesito probarme nada ni plantearme si voy a la mejor liga o no; simplemente me gusta disfrutar este deporte al máximo y lo hago desde el amor. Nunca sentí que fuera una mala inversión de tiempo; aprendí demasiado en el transcurso de los años, a ganar, a perder y a conocer personas".

La herencia en movimiento

El motor de un atleta cambia con el tiempo. Lo que antes era una búsqueda de gloria personal, hoy es la necesidad de proyectar un camino para quien viene detrás. Su hijo de cinco años se ha convertido en el espectador más importante, aquel que le da sentido a cada viaje y a cada gota de sudor en la pista. "Tengo muchos años más por delante, pero también tengo un pequeño niño que cumplió cinco años. Él está viendo al padre hacer esto y el ejemplo que quiero darle es ese camino: que trate de disfrutar siempre, de priorizarse, y que el resto va a acompañar y entender en su momento. Algo siempre prende la chispa y no podemos dejar de hacerlo".

El barco a la espera

Representar a la Argentina en el hockey indoor es un acto de fe. Sin grandes presupuestos y muchas veces costeando sus propios viajes, el seleccionado nacional se mantiene unido por una mística de hermandad. Freddy describe al grupo no como una estructura estática, sino como un organismo vivo que está listo para zarpar en cuanto el viento sea favorable. "Siempre peleamos de atrás, solicitando colaboración para ir a pelear por Argentina. Estamos unidos, físicamente y mentalmente bien, incluso dispuestos a poner de nuestro bolsillo porque no queremos dejar de representar al país. El barco está listo para funcionar, esperando el momento de que alcen las velas y arrancar. Queremos dejarle el camino más fácil a las generaciones que vienen, para que tengan la oportunidad de ir a muchos mundiales y estar entre los mejores del mundo", finiquitó Sosa.