BUENOS AIRES -- De las otras carreras de Fangio, fuera de la Fórmula Uno, dos dejaron marcas indelebles en la vida del campeón.
Fueron ocasiones en las cuales su vida corrió peligro, aunque de una con consecuencias trágicas consiguió escapar indemne y animó otra con matices novelescos. Al Chueco lo creyeron muerto el 11 de junio de 1955 en Le Mans.
En cambio, aquellos hombres que lo secuestraron a punta de pistola el 23 de febrero de 1958 en La Habana terminaron siendo buenos amigos del Quíntuple.
Fangio nunca pudo ganar las 24 Horas de Le Mans. Estuvo cerca en 1955, cuando después de diez horas de competencia lideraba con una vuelta de ventaja hasta que Mercedes envió una orden desde Stuttgart para que su equipo se retirara como señal de duelo por lo sucedido horas antes en la pista francesa.
Los alcances de la tragedia de Le Mans empezaban a ser conocidos por todos. Había ocurrido en pocos segundos, cuando iban dos horas y media de carrera y mientras Mike Hawthorn y el Chueco peleaban la punta. La entrada intempestiva de Hawthorn a boxes derivó en una maniobra de Lance Macklin para esquivarlo, debido a la cual el Austin del británico fue embestido por el Mercedes de Pierre Levegh, que tomó vuelo, pegó contra la empalizada y se despedazó.
Mató a más de 80 personas e hirió a otro centenar. Fangio alcanzó a pasar por una hendija detrás del coche de Macklin. Sin embargo, la confusión general llevó a creer que el balcarceño había sido el protagonista de la tragedia y por eso la esposa de Levegh consoló a la pareja de Fangio.
A pesar de las proporciones de aquel drama, la carrera jamás fue detenida. Esto puso a Charles Faroux en el centro de las críticas. Era el director de las 24 Horas, una competencia de larga duración que él mismo había creado en 1923.
Aquella tarde del '55, Faroux entendió que una suspensión de la prueba hubiera provocado un colapso en los caminos adyacentes al circuito, atestado con unas 200.000 personas, lo que habría vuelto muy difícil las tareas de rescate y traslado de heridos y fallecidos.
Fangio siempre creyó que el destino lo había puesto y quitado de cada lugar en la vida. Por eso terminó agradeciéndoles a sus secuestradores cubanos la acción que impidió su participación en 1958 en la segunda edición del Gran Premio reservado para autos sport, en La Habana.
Al principio, el Chueco supuso que todo se trataba de una broma, respuesta a la que le había gastado poco antes a su apoderado Marcello Giambertone. Durante una recepción ofrecida por el general Fernández Miranda, ministro de Guerra del gobierno de Fulgencio Batista, Fangio y otros compinches se habían puesto de acuerdo con funcionarios cubanos que fingieron la detención de Giambertone sólo para mofarse del italiano.
La detención de aquel 23 de febrero, en cambio, fue verdadera. Fangio conversaba en el vestíbulo del hotel Lincoln con Guerino Bertocchi, Nello Ugolini, Alejandro de Tomaso y un amigo cubano, Carlos González. El piloto le comentaba a Bertocchi sobre el mal andar de la Maserati, que se bamboleaba al caer de un desnivel en el Malecón.
Entonces fue interrumpido por Manuel Uziel, quien se identificó como integrante del Movimiento 26 de Julio y, temblando, le apuntó con un arma. "Me va a tener que acompañar", le dijo.
En plena dictadura de Batista, el insurgente Movimiento 26 de Julio pretendía llamar la atención mundial con el secuestro de Fangio, algo que ya había tenido en sus planes un año antes, cuando el argentino ganó esa prueba en La Habana.
Camino a la puerta del hotel, el Quíntuple esperaba que el custodio asignado por Fernández Miranda le disparara a su captor, pero nada de eso ocurrió. En la esquina del hotel, Fangio fue subido a un Plymouth que tenía otros dos ocupantes, uno de ellos con una ametralladora.
Mientras el piloto sospechaba que sería conducido a la Sierra Maestra, sus secuestradores comenzaron a disculparse por las molestias ocasionadas. El campeón fue llevado a la casa de Uziel, donde estaban su mujer y su hijo. Allí firmó un autógrafo para el muchacho, con fecha y todo. Poco después fue trasladado a otra casa en la que permaneció unos minutos antes de ser llevado a una vivienda en el barrio Nuevo Vedado, un lugar de clase acomodada de la capital cubana. Entonces le ofrecieron comida y allí durmió.
Con el desayuno de la mañana siguiente llegaron los diarios que reflejaban la noticia. Fangio pidió a sus captores que le avisaran a su familia que se encontraba bien. La carrera en la que debía participar el argentino había sido suspendida luego de un despiste que derivó en la muerte de media docena de espectadores.
Mientras el grupo discutía cómo liberaría al corredor, éste los interrumpió y sugirió que fuera ante el embajador argentino. Fangio sentía un temor infundido por sus captores: ellos creían que, una vez liberado, los hombres de Batista podían matarlo para cargarlo a la cuenta de los insurgentes.
La liberación ocurrió pasada la medianoche, en un edificio alejado del centro, donde Fangio fue entregado al contraalmirante argentino Raúl Aureliano Lynch, a cargo de la Embajada.
Lynch era primo del padre de Ernesto Guevara, que ya formaba parte de la guerrilla comandada por Fidel Castro. Hombre de confianza del almirante Isaac Rojas -líder de la Marina sublevada contra Juan Domingo Perón-, el pariente del Che había sido condecorado en su juventud por Adolf Hitler y Francisco Franco.
No bien fue liberado, Fangio pidió que llamaran a las agencias de noticias para que difundieran la novedad. El Chueco volvió a ver a sus secuestradores en 1982, durante una visita a Cuba con directivos de Mercedes-Benz para intentar vender camiones en la isla.
Faustino Pérez, el cabecilla del operativo para raptarlo, era entonces ministro de Comercio Exterior y le consiguió al argentino una corta entrevista con Fidel. Poco después, Pérez y Arnold Rodríguez, otro integrante del Movimiento 26 de Julio que luego devino funcionario, le enviaron una nota deseándole a Fangio pronta recuperación luego del quíntuple bypass coronario practicado por el doctor René Favaloro.
La relación se mantuvo y el piloto incluso los recibió en la Argentina. Cuando se cumplieron 25 años de aquella irrupción en el hotel Lincoln, Fangio recibió una nota en Buenos Aires: "En ocasión del 25º aniversario de su histórico encuentro con el Movimiento 26 de Julio, le recordamos amistosamente y le deseamos completa salud y bienestar. Aquel episodio, más que secuestro y detención patriótica, sirvió, junto con su noble actitud y justa comprensión, a la causa de nuestro pueblo, que siente por usted viva simpatía y en nombre del cual le saludamos al cabo de un cuarto de siglo. En espera de verle de nuevo por Cuba: Sus amigos secuestradores".
