Adam Wainwright es la gran estrella monticular, mientras que Matt Holliday y Jhonny Peralta son sus bates más poderosos, pero el cerebro y corazón de los Cardenales de San Luis es Yadier Molina.
Desde que el receptor puertorriqueño alcanzó las Grandes Ligas en el 2004, San Luis ha jugado en los playoffs en ocho de 11 temporadas, ha jugado cuatro veces en la Serie Mundial y agregó dos campeonatos a su cosecha, que con 11, lidera la Liga Nacional.
Molina, quien ha ganado seis Guantes de Oro consecutivos, es por mucho el mejor receptor defensivo del béisbol, y en los últimos seis años se ha convertido en un arma ofensiva más que eficiente, al punto de quedar tercero en la votación para el Jugador Más Valioso del viejo circuito el año pasado. Su imagen ha crecido tanto, que alcanza niveles históricos, de acuerdo a Tony LaRussa, quien dirigió a Molina por los primeros ocho años de su carrera.
"El juego nunca ha visto un mejor catcher que Yadier Molina", dijo LaRussa.
Cuando Dodgers de Los Ángeles y Cardenales se trasladaron a San Luis con su Serie Divisional empatada 1-1, la atención de la mayoría se centró en los lanzadores abridores de los próximos partidos, y, por supuesto, en Molina. El boricua enfrentó al inicialista mexicano Adrián González durante una discusión en el primer juego.
"Nunca había tenido la oportunidad de jugar con él y no entendía mucho sobre la leyenda de su importancia. Estando adentro, puedo decir que es el alma del equipo", dijo Peralta, quien llegó en el invierno como agente libre desde Detroit. "Tengo 11 años en el equipo, conozco la organización, que es tremenda. Me han dado el apoyo, han creído en mi", dijo Molina a ESPNdeportes.com. "Soy un jugador fuerte que, trato de ganar todo el tiempo y aunque [mis compañeros] no me vean así, siento que me ven así", apuntó.
Molina tiene un peso específico tan grande dentro del cuadro de los Cardenales, que cuando el receptor seis veces Todos Estrellas tuvo que someterse a una operación del pulgar del pulgar derecho, que se quebró durante un deslizamiento en tercera base en un juego en casa contra Pittsburgh el 9 de julio, muchos creyeron que la temporada de San Luis estaba perdida.
Afortunadamente, Molina, quien bateaba .287 con 16 dobles y siete jonrones al momento de la lesión, regresó a la acción el 29 de agosto, justo a tiempo para la parte más importante de la carrera por los puestos a la postemporada.
Al momento de la lesión, San Luis había ganado tres partidos consecutivos para poner su marca en 50-42, a dos juegos de Milwaukee en la batalla por el primer lugar de la División Central y empatado con Atlanta y Cincinnati en el segundo comodín de la Liga Nacional. Cuando Molina regresó, San Luis (71-62) estaba a 1.5 en la división.
Con Molina en su posición habitual como comandante del pelotón en el campo, San Luis tuvo marca de 17-9 en septiembre para ganar el título divisional por segundo año consecutivo, por tercera vez en seis años y el décimo en su historia.
"Para mí, lo primordial era regresar lo más pronto posible. Mi preocupación era regresar lo antes posible porque sabía que estaríamos en pelea para cuando regresara", dijo Molina, quien terminó la temporada bateando .282 con 38 impulsadas y 40 anotadas en 110 juegos y con un 48% (23 de 44) de corredores retirados en intento de robo. En su carrera, Molina batea .284 y tiene un promedio de 45 por ciento de corredores puesto out en las bases.
"Es el mejor receptor del béisbol, sin dudas", dijo Peralta.
"Quiero seguir ganando, representando bien a la familia Molina y a los latinos, pero más importante, seguir ganando", dijo Molina sobre lo que busca en el béisbol.
