Sucesos violentos, lamentables y penosos en el Estadio Jalisco

Mexsport

GUADALAJARA -- El estadio Jalisco se ha convertido no solo en el escenario de batallas en el aspecto deportivo. En los recientes cuatro años se registran enfrentamientos violentos que rebasan el plano del futbol.

Los protagonistas de estos choques han sido los grupos de animación de Atlas y Chivas, y en otras con aficionados de equipos visitantes.

La trifulca de la noche del domingo es la segunda que se inscribe en este año y que estuvo cerca de alcanzar niveles de tragedia, muy similar a la que se generó en marzo de este año con barristas de la porra de Chivas contra elementos de la policía municipal, quedando dos de ellos en estado grave, pero que posteriormente se recuperaron de la golpiza a la que fueron sometidos. La otra batalla campal que también le costó un veto al estadio Jalisco, sucedió en noviembre de 2010, cuando policías se enfrentaron a porristas de la Barra 51 del Atlas.

El tema seguridad se ha transformado ya en un factor a tomar en cuenta, ya que un inmueble que en el pasado se caracterizó por ser muy familiar, cada vez hace más frecuente el estallido de la violencia con el argumento de desahogar la frustración de la derrota. A estos sucesos, se agregan otros de menor intensidad, pero en el que finalmente se presentó la violencia.

Noviembre 2010
El 14 de noviembre de 2010, Atlas, ya eliminado del Torneo de Apertura, jugaba su último partido de la fecha 17 ante Tigres. Con nada que perder o ganar de parte de los rojinegros, el ambiente ya se había calentado entre ambas barras, tanto de la Barra 51 como la de Tigres, Libres y Locos, que a través de sus portales ya se habían lanzado agresiones verbales.

En aquella ocasión, de acuerdo a los testimonios de los integrantes de la Barra 51, las fricciones contra los policías municipales se generaron debido a que estos, poco antes de concluir el primer tiempo, les arrebataron sin advertencia sus tambores y mantas que por reglamento de la FMF están prohibido su ingreso. Aparte de no recibir aviso, los guardianes utilizaron de inmediato métodos violentos.

Comenzaron los intercambios de golpes ante la resistencia de no desprenderse de sus objetos, y al prolongarse el pleito más allá de los 15 minutos de descanso de los equipos, el árbitro del partido pospuso el inicio del segundo tiempo por considerar que no había garantías de seguridad.

Poco después se controló la situación cuando la policía arrestó a algunos aficionados, pero la trifulca se reanudó.

Según escribió uno de los integrantes de la 51 en la página barra51.com, los policías se mostraron agresivos desde que hicieron acto de presencia en las tribunas.

"Aquí el único reglamento es nuestra macana bola de pend...". Una señora que estaba en medio de la bronca, pidió calma señalando que había niños, y un policía respondió: "Si no quieren que les peguen, para qué traen a sus familias".

Otro agente de seguridad dijo: "Si por mi fuera les daba unos balazos... pero está cabr..., se enoja, el comandante, así que mejor ábranse".

La violencia se intensificó ya que a 15 minutos de finalizar el partido, los antimotines cercaron a los porristas de Tigres para evitar un ataque de los rojinegros, y los escoltaron a la salida, y a las afueras del estadio estalló otra batalla campal entre los integrantes de ambas barras.

Aquellos sucesos le costaron al club Atlas una doble sanción, una de parte del Ayuntamiento de Guadalajara que consistió en pagar una multa de 16 mil pesos y la clausura temporal del inmueble, y otra de la Comisión Disciplinaria que fue de 168 mil pesos.

Marzo 2014
Es posiblemente, la batalla campal más violenta en las tribunas del estadio Jalisco. La noche del 23 de marzo, se jugaba el Clásico Tapatío entre Atlas y Chivas, y el marcador estaba empatado 1-1.

Ambos equipos estaban conformes con el resultado, y el final del partido se acercaba. Pero los que no estaban contentos con la igualada eran cientos de aficionados de Chivas, ubicados en la parte alta del recinto.

Furiosos con el empate, comenzaron a arrojar bengalas hacia la zona de cabeceras.

Al percatarse de lo que sucedía, de inmediato elementos de la policía municipal se presentaron para controlar a los barristas. A diferencia de los sucesos de 2010, en esta ocasión, los antimotines fueron más prudentes y les solicitaron a los aficionados que entregaran sus bengalas y se calmaran.

Pero los ánimos estaban encendidos, y los porristas e hicieron caso omiso de la indicación, por lo cual cuando los agentes se dispusieron a despojar de las bengalas a los jóvenes, explotó una trifulca en la que los policías se vieron superados en número y dos de ellos resultaron gravemente heridos.

De aquella guerra sin cuartel, los policías lograron detener a 20 presuntos implicados en el pleito. Sin importar que los causantes de la violencia habían sido gente de la porra de Chivas, el estadio Jalisco recibió otra sanción de clausura temporal y de veto por un partido.

Noviembre 2014
La violencia se presentó de nueva cuenta la tarde del pasado domingo nuevamente con los aficionados del Atlas.

Ahora el argumento no fue que la policía utilizara la violencia como primer recurso para defenderse de sus ataques. Ahora el pretexto fue no soportar la eliminación en los cuartos de final a manos del Monterrey.

Al terminar el partido, varios aficionados fueron en busca de quienes consideraban responsables de su derrota, y golpearon a algunos seguidores de Rayados, en un pleito de callejón que dejó un saldo de 20 lesionados, entre ellos una mujer policía que fue descalabrada.

Las calles aledañas al Jalisco fueron el escenario del choque entre aficionados y policías que se vieron obligados a lanzar gas lacrimógeno.

Para proteger a los aficionados del Monterrey, los agentes de seguridad los trasladaron a la cancha.

Esta vez parece que el club Atlas se salvará del veto al estadio, ya que los sucesos violentos fueron a las afueras, y ahí ya la seguridad ya no es su responsabilidad.

Muy lejos está el aficionado y el estadio de mostrar el concepto que describe el escritor uruguayo, Eduardo Galeano en su texto "El hincha", de su libro "El futbol a sol y sombra".

"Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria, qué goleada les hicimos qué paliza les dimos, o llora su derrota, otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego audaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de ceniza después de la muerte del carnaval".

Ya no hay alegría, solo tristeza y melancolía por los tiempos en los que las familias podían asistir a un partido de futbol y apoyar sin temores al equipo de su preferencia.