La llegada del tercer Mundial de Rugby a Sudáfrica fue todo un acontecimiento social para ese país. La exclusión de toda competencia deportiva internacional por el Apartheid había dejado a los Springboks fuera de los primeros dos Mundiales.
El cambio político que consagró después de las primeras elecciones libres a Nelson Mandela, el primer presidente de color, revolucionó a un país que estaba ávido por tener la RWC en su territorio.
El formato fue similar al de los otros Mundiales, con 16 equipos y el local preclasificado por ser el anfitrión. Los Pumas llegaron luego de conseguir un lugar con angustia ante Uruguay, en un accidentado encuentro en Montevideo.
El local, luego de superar al último campeón, Australia, por 27-18 en el debut, se hizo sólido en su juego hasta llegar al cotejo decisivo con el candidato a ganar el torneo: Nueva Zelanda. En una final pareja en la que las defensas prevalecieron sobre los ataques, en el tiempo suplementario un drop de Jeol Stransky le dio el título a los Springboks por 15-12.
La imagen del capitán local, Francois Pienaar, recibiendo la Webb Ellis de manos de Nelson Mandela, y la irrupción de un joven de 20 años, Jonah Lomu, a los primeros planes del rugby mundial, fueron los recuerdos más salientes de la competencia.
LAS FIGURAS
El neozelandés Jonah Lomu fue el hombre destacado. Su notable actuación en la victoria de semifinales ante Inglaterra, 45-29, al anotar cuatro tries, fue la que lo catapultó a los primeros planos a nivel internacional.
En el equipo local, que daba pasos hacia una integración que el país entero le reclamaba, la cara visible fue el wing Chester Williams: luego de estar lesionado volvió en los cuartos de final ante Samoa y le marcó cuatro tries. También el capitán Francois Peinar fue uno de los emblemas del equipo campeón.
LA SORPRESA Y LA DECEPCIÓN
Entre las sorpresas hay que nombrar a Samoa, que llegó por segunda vez consecutiva a los cuartos de final, y en el aspecto negativo al último campeón, Australia, que por primera no superó esa instancia, ya que cayó ante los ingleses por 25-22.
Argentina cayó en los tres encuentros. Perdió en el debut ante Inglaterra -24 puntos de Rob Andrew- y luego contra Samoa, que volvió a derrotar a Los Pumas como en 1991, esta vez 32-26.
EL MEJOR PARTIDO
La gran victoria de Nueva Zelanda ante Inglaterra, 45-29, fue uno de los puntos salientes del certamen. El gran arranque de los All Blacks, que sacaron ventaja rápidamente, y la notable producción de Jonah Lomu, serán recordados como uno de los hechos más importantes en la historia de la Copa del Mundo.
La semifinal de Sudáfrica contra Francia fue uno de los partidos que marcó mayor tensión en el torneo. Una tormenta inundó el estadio en Durban, y faltó muy poco para que no se jugara el partido. Finalmente, bajo una lluvia impresionante, y en un encuentro con polémica, porque el árbitro no sancionó un try francés que pareció legítimo, los Springboks vencieron 19-15.
MÁS DATOS CURIOSOS
Por primera y única vez en la historia de los Mundiales, se necesitó tiempo extra para definir el título de campeón: un drop de Joel Stransky a seis minutos del final le dio el triunfo al equipo local por un agónico 15-12.
Efraím Sklar representó a Argentina en el arbitraje y lo hizo en el partido en el que Gales derrotó a Japón, por 57-10.
Ya eliminados del torneo, Los Pumas jugaron el último partido ante Italia, y en la derrota 31-25, fueron dos jugadores surgidos en Argentina los que marcaron puntos para la Azzurra: el cordobés Diego Domínguez (un try, dos conversiones y cuatro penales) y el rosarino Mario Gerosa, un try.
