Peleadores de leyenda: Sandy Saddler vs. Willie Pep

“Tal vez nunca pueda volver a caminar, asi que debería ir pensando en abandonar el boxeo”. La frase le hizo daño y hubo un largo silencio. El hombre, tendido en la cama, la escuchó seguramente sin comprender. Pero había en su corazón, una llama que no pudo apagar nadie: la de la esperanza.

El 5 de enero de 1947, el avión que cubría el tramo entre Miami y Hartford, Connecticut, se vino abajo en la zona de Nueva Jersey. El impacto fue tremendo y murieron varios pasajeros. Uno de los sobrevivientes era Gugliermo Papaleo, un descendiente de italianos. Tuvieron que ponerle una especie de armadura en el tronco superior debido a las múltiples lesiones. Entre otros problemas, tenía dos vértebras rotas. “Agradézcale al Cielo de que está vivo”, le dijeron.

Sí, estaba vivo, pero para Papaleo, faltaba algo más. Volver al boxeo. Se trataba de Willie Pep (ese era su nombre de batalla), y era el campeón mundial de peso pluma desde junio de 1046, cuando venció a Sal Bartolo en el Garden.

Su arte de trasladarse en el ring era considerado único, pues con hábiles desplazamientos laterales, desorientaba a los rivales y le permitía contragolpear desde ángulos inéditos. Además de mostrar una cintura prodigiosa –los golpes cruzados de sus adversarios generalmente terminaban en la nada-, poseía certeras combinaciones de golpes ascendentes.

El boxeo era su vida. ¿Podría volver? Tal vez nunca dudó de que lo fuera a conseguir. Solamente una voluntad de hierro más duro que el corsé que paralizaba su cuerpo iba a lograr el propósito.

No solamente volvió a los cinco meses, sino que continuó su racha ganadora.

Hasta que llegó Sandy Saddler. Su verdadero nombre era Joseph. Lo llamaban “Sandy” (pelirrojo) porque a un promotor se le ocurrió vestirlo como un escocés y ponerle una peluca: excelente truco para que no pasara inadvertido.

Pegaba como una mula, especialmente con el gancho al hígado. Se entrenaba junto a su mentor y amigo, el gran Archie Moore. Eran otros tiempos. Para tener su chance mundialista, tuvo que hacer 93 peleas, hasta que le llegó el turno frente a Willie Pep, el 29 de octubre de 1948 en el Madison Square Garden.

Conformaron entre ambos una de las rivalidades más extraordinarias del boxeo, porque conformaron tremendas batallas, que fueron más allá de la técnica del pugilismo.

La primera pelea marcó la séptima defensa de la corona de Willie Pep. Fue considerada “La pelea del año” por la revista “The Ring”. Pep, el maestro de la defensa, el hombre que habia sobrevivido a un desastre aéreo, no pudo sostener el ataque de Saddler, quien lo derribó dos veces en el tercer asalto y lo noqueó con un gancho en el cuarto round.

Vino la revancha, al año siguiente, en lo que fue la primera defensa de Sandy Saddler, también en el Madison de Nueva York.

Esa noche, la del 11 de febrero de 1949, en medio de la sangre y la furia, Willie Pep logró recuperar su corona mundial, contra la mayoría de los pronósticos que lo daban ya por acabado. Se vendieron casi 20.000 entradas y el resultado abrió las puertas para –por lo menos- un tercer capítulo. Pep ganó ampliamente y por supuesto, utilizó todos sus trucos, incluyendo el poner la palma del guante izquierdo en la cara a Saddler para no dejarlo ver y, de paso, rasparlo un poco. Se bajó del ring ovacionado.

De la tercera edición se cumplieron 70 años: el 8 de septiembre de 1950, en el Yankee Stadium, en el Bronx de Nueva York, Willie Pep impuso su mejor boxeo. O, para ser más precisos: iba imponiendo su mejor boxeo, hasta que la pelea se terminó.

Era la cuarta defensa de Willie en su segundo reinado.

Asistieron 38.781 personas, y aunque era el campeón Pep, estaba 8-5 abajo en las apuestas.

En el tercer asalto se vivió el primer momento dramático, cuando tocado por un gancho de izquierda, el campeón se vino al suelo. Sin embargo, no solamente se recuperó Pep, sino que recurrió a todas sus mañas, incluyendo utilizar los pulgares, empujar al rival y, de paso, pisarlo. Sin embargo, y aunque había recuperado terreno, la pelea no había terminado…

Pep estaba imponiéndose en las tarjetas. Para Ruby Goldstein, el referí, por 5 asaltos a 2 igual que el jurado Young Otto, mientras que para Frank Forbes iba arriba 4-2 y un empate.

Pero… En medio de un tremendo clinch, algo ocurrió. Terminó el séptimo round y Pep se fue a su esquina mostrando un problema en un hombro. Debió subir el médico, el doctor Vincent Nardiello. El diagnóstico fue dislocación del hombro izquierdo. Pep quedó sentado en su banquillo mientras, al comienzo del octavo round, se proclamaba la victoria de Sandy Saddler, de nuevo campeón mundial. Cuando le dijeron que la lesión de Pep era en un hombro provocada seguramente por alguno de sus forcejeos y palancas, Saddler se encogió de hombros: “Yo creo que fue por lo que le pegué en los riñones, pero da igual”.

Corrían los años 50, y el boxeo estaba en su apogeo. Reinaban Ezzard Charles en los pesos completos, Jim Norris, presidente del IBC (International Boxing Club) era prácticamente el dueño del boxeo, y las “Friday Night Fights” por televisión, auspiciada por Gillette, empezaba a alejar a los espectadores de los estadios.

Ray Robinson y Jake LaMotta, sin embargo, atraían multitudes y el correr del tiempo le daría lugar a los Rocky Marciano o Floyd Patterson. Joe Louis, el dueño de los 40, intentó un regreso que como suele ocurrir, fue inútil…

La tremenda rivalidad entre Willie Pep y Sandy Saddler obligó a una cuarta edición, celebrada el 26 de septiembre de 1951, en el Polo Grounds de Nueva York.

Apenas unos meses antes, Saddler se habia paseado junto con su amigo Archie Moore por Argentina y Chile. Lo de paseo es literal: fue eso. Hizo tres combates en el Luna Park. El 2 de junio, noqueó en 4 asaltos a Alfredo Prada y el 16, noqueó en el primero a Oscar Flores. Se dio una vuelta por Santiago de Chile y el 22 de junio, noqueó en 5 a Mario Salinas. Y, finalmente su gira terminò el 30 de junio, otra vez en el Luna Park, cuando noqueó en 5 a Angel Olivieri. Total, cuatro peleas en el mismo mes.

Quedaría como “sello propio” de Saddler aquel tremendo gancho al hígado en su pelea con Alfredo Prada. El General Juan Domingo Perón estaba en la primera fila y antes del encuentro saludó a Prada, deseándole suerte.

Con un giro habilidoso, Saddler busco el ángulo y lo puso nocaut al argentino con un hook al hígado dejándolo semi colgado de las cuerdas, justamente de frente al General…

La cuarta y última edición de Saddler-Pep fue una batalla sucia. Durante un clinch anduvieron por el suelo los boxeadores y el referí, Ray Miller, como en un encuentro de lucha libre… y no mezquinaron nada, ni codazos, ni agarrones, ni golpes ilegales. Saddler, que estaba arriba 3-1 en las apuestas, lo tuvo por el suelo en el segundo asalto. Un corte en el ojo derecho de Pep –producto de un gancho izquierdo en ese mismo asalto- se convirtió en un factor de riesgo. Cuando terminò el noveno round, iba adelante en dos tarjetas: Ray Miller, 5 rounds a 4 y Artie Aidala 8 a 6, mientras que Frank Forbes llevaba 5-4 para Saddler.

Cuando estaba por sonar la campana llamando al décimo asalto, Pep no pudo seguir.

La pelea fue tan sucia que la Comisión de Nueva York le quitó la licencia a Pep y sancionó a Saddler.

Willie Pep jamás volvió a tener una gran oportunidad y siguió peleando: se fue con 229 peleas ganadas, 65 por nocaut, 11 derrotas y un empate, tras 26 años de profesionalismo. Debutó en 1940 y su última pelea fue en 1966.

Sandy Saddler, a su vez, tenía 144 peleas con 103 nocauts, 16 derrotas y 2 empates cuando colgó los guantes en 1956. Había debutado en 1944. Falleció en 2001, a los 75 años. Su primo, Dick, fue entrenador de George Foreman junto a Archie Moore.

Willie Pep murió a los 84 años, en el 2006. Está considerado entre los mejores sino el mejor peso pluma de la historia.

La leyenda cuenta que ganó un round sin lanzar un solo golpe, tal era su habilidad defensiva. Fue el 25 de julio de 1946, cuando derrotó por nocaut técnico en 8 a Jackie Graves. No quedan registros reales de aquella pelea. Se dice que antes de subir al ring se lo anunció a los periodistas presentes. Iba a ganar el tercer asalto sin lanzar un solo golpe de poder. Tal vez por eso lo llamaban “Will o the wisp”, que significa “Fuego Fatuo”, que se puede ver, pero que es inalcanzable como lo era en el ring.

Como se afirma en “Un tiro en la noche”, una película dirigida por el gran John Ford: “Cuando la leyenda es más fuerte que la realidad"… ¡Se imprime la leyenda!