Retiro de Andrew Luck deja la sensación de promesa incumplida

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¿Cuánto pierden los Colts con el retiro de Andrew Luck? (1:35)

Pablo Viruega analiza la situación de los de Indianapolis y lamenta la salida de un jugador que pudo hacer historia en la NFL. (1:35)

Un balde a agua fría ha caído sobre el mundo de la NFL con la noticia del retiro de Andrew Luck, quarterback de los Indianapolis Colts.

Adam Schefter de ESPN reportó en primera instancia que el pasador de 29 años de edad ya ha hablado con la directiva en Indianapolis, y que se esperaba una conferencia de prensa mañana domingo para oficializar la decisión.

Esa conferencia llegó inesperadamente, frente a los medios reunidos en Lucas Oil Field, para el partido de pretemporada entre los Chicago Bears y Colts.

Sin lugar a dudas, se trata de un momento amargo para los seguidores de Indy, pero también para aquellos que admiran el buen nivel en la posición de quarterback. Pero, sobre todo, se trata de la confirmación de una promesa incumplida.

En el 2011, los Colts contaban con el mariscal de campo más icónico de la NFL en ese momento, Peyton Manning- Pero una lesión en el cuello le hizo perderse esa temporada, y alineando una combinación de Dan Orlovsky, Curtis Painter y Kerry Collins, el equipo consiguió terminar la campaña con la peor marca de la liga, un 2-14, y "ganar" la competencia "Suck for Luck", es decir, obtener la primera selección universitaria del siguiente draft con el objetivo de asegurar los servicios del prodigio de Stanford.

Fue un momento crucial en la historia de los Colts. Debieron despedirse del mejor jugador en la historia del club para virar hacia un futuro que prometía ser igual de brillante que el pasado reciente.

Luck fue caracterizado ampliamente como el mejor prospecto en la posición de quarterback desde que el propio Manning dejara Tennessee en 1998, y quizás antes. Nadie dudaba de Luck como una apuesta segura, y ese draft del 2012 fue uno de los pocos en que ni siquiera está en discusión un posible canje por el primer turno.

Luck llegó a la liga y de inmediato fue evidente que poseía el talento, pero además los intangibles, para ser una estrella a largo plazo. Impuso múltiples récords en su temporada de novato, y rápidamente se convirtió en uno de los favoritos de la afición, pese a no poseer una personalidad tan colorida como otras estrellas de la NFL.

Luck se ganó invitaciones al Pro Bowl en sus tres primeras temporadas en la liga, y posiblemente su mejor momento llegó en un partido de postemporada donde logró guiar a sus Colts a una remontada increíble, luego de estar abajo por 38-10 en el segundo tiempo para sacar un triunfo sobre los Kansas City Chiefs por 45-44 en la Ronda Divisional de los playoffs del 2013. Se trató de la segunda victoria por remontada más grande en la historia de la postemporada, solamente por detrás de aquella milagrosa victoria de los Buffalo Bills sobre los Houston Oilers en un Juego de la Ronda de Comodines de 1993.

Parecía, en ese instante, que Luck había arribado, finalmente a ocupar el trono que heredaría de Manning --quien además recomendó su selección en el draft a los Colts, mientras se dirigía a la puerta de salida--, como la nueva cara en la posición de quarterback.

La semana siguiente, Luck fue parte, sin querer, del escándalo, luego de que los New England Patriots superaran a sus Colts por 43-22 en Gillette Stadium en el partido que iniciaría el bochornoso escándalo del "Deflategate".

El problema, es que Luck nunca llegó a sentarse en dicho trono. Las lesiones empezaron a cobrarle factura, comenzando por una en el hombro que habría comenzado en septiembre del 2015. Ese año, Luck se perdió sus primeros partidos de temporada regular, debido a problemas físicos: nueve en total.

Aunque regresó para jugar la temporada del 2016 completa --salvo un encuentro que perdió por conmoción--, el labrum del hombro derecho siguió en mal estado. El equipo hizo todo para esconder o negar abiertamente la condición de su pasador estrella, comenzando por el entonces gerente general, Ryan Grigson.

La situación resultó insostenible, y Luck finalmente se sometió a una cirugía en enero del 2017. El equipo caracterizó la intervención como menor, y quizás lo era, originalmente. Pero la temporada baja no fue suficiente para que se recuperara, y aunque en Indianapolis siempre se guardó la esperanza de que regresara a jugar pronto, eventualmente el equipo debió colocarlo en la lista de reservas lesionados sin que participara en un solo encuentro de ese año. Hubo reportes de que Luck viajó a Europa para someterse a tratamientos con células madre, en su momento.

Luck volvió, todavía de manera muy lenta, y con el equipo operando con mayor cautela bajo el nuevo gerente general, Chris Ballard, para el 2018. Pudo iniciar los 16 partidos de la temporada, ganó su cuarta invitación al Pro Bowl, y consiguió su mayor porcentaje de pases completos como profesional en camino al premio de Regreso del Año de AP.

Todo indicaba que tendríamos al Luck de siempre, nuevamente, jalando del gatillo desde el backfield de los Colts, quienes apuntaban para ser un equipo trascendental para el 2019, según algunos expertos.

No obstante, otra lesión misteriosa volvió a atacar a Luck, esta vez, en la pierna. Reportes de un problema en la pantorrilla comenzaron a circular desde la primavera en Indianapolis, y el pasador se perdió la gran parte del trabajo de la temporada baja, con la más reciente lesión siendo caracterizada por múltiples reportes también como un esguince en la parte alta del tobillo, o un problema óseo en el tobillo, lo que solamente añade al misterio.

Luck estuvo presente, mirando desde la banca --no jugó en lo que va de la actual pretemporada-- el encuentro entre los Bears y los Colts en Lucas Oil Stadium este sábado por la noche, y la frustración de los fanáticos presentes fue evidente cuando, enterados de la noticia, abuchearon al pasador mientras salía del campo cuando dejaba el terreno de juego.

Ciertamente, se trata de una reacción ingrata por parte de la afición para un quarterback de quien no puede culparse que no lo dio todo cuando estuvo sobre el campo. Además de los problemas descritos arriba, Luck también se sobrepuso a un riñón lacerado y un problema en un músculo abdominal durante su tiempo en Indy.

El "problema", es que Luck nunca se convirtió en el siguiente Manning, un título que parecía imposible de conseguir desde el principio, sin importar cuán bueno resultara Luck. Manning fue un talento generacional, y Luck pintaba para serlo, también. Las lesiones se entrometieron, y no solamente impactaron a Luck en lo físico, sino en lo mental, una de las razones que señala Schefter en su reporte como motivo para el abrupto retiro.

La liga pierde a una de sus mejores apuestas a largo plazo en la posición de quarterback --la más importante, tanto dentro como fuera del campo--, pero Luck planea recuperar tranquilidad y salud. En algún momento, fue el quarterback mejor pagado de la liga, y merecidamente. Su casamiento reciente y la espera de su primer hijo tendrían que haber influido, también, en la decisión de Luck. Después de todo, también es humano.

"Es la decisión más difícil de mi vida, pero es la decisión correcta para mí", dijo Luck ante reporteros al término del juego de este sábado por la noche. "Por los últimos cuatro años de mi vida, he estado en este ciclo de: lesión, dolor, rehabilitación, lesión, dolor, rehabilitación... El único modo en que veo la salida, es dejar de jugar al fútbol americano. Me ha quitado la alegría en torno a este juego".

No hay mucho por reprocharle a Luck: nuevamente, hay que decir que le dio todo lo que tuvo a los Colts. Los convirtió en equipo de playoffs incluso jugando detrás de una de las líneas ofensivas más porosas de la liga, sin grandes opciones en el arsenal aéreo, y sin gran apoyo defensivo.

Luck valió el boleto de entrada cuando jugó, y se despide --espero-- con la satisfacción de un trabajo cumplido.

¿Promesa incumplida? Sí, quizás, porque quizás la vara que la liga y sus seguidores le impusieron desde que llegó de Stanford siempre iba a ser imposible de alcanzar.