Los Cowboys sin su estrella

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Mike McCarthy mandó fuerte mensaje a Zeke Elliott, tras múltiples entregas de balón (0:39)

El Coach de los Cowboys ratificó la titularidad del corredor, pero hizo énfasis en una petición. (0:39)

Podemos reconocer que, al menos con Dak Prescott, Dallas se mantenían en el campo de manera más decorosa e incluso llegaban a salvar partidos

No fue una derrota cualquiera. Fue una humillación escandalosa, y solo porque están en la división más mediocre de la liga, los Dallas Cowboys se mantienen líderes de la División Este de la NFC.

Sabíamos que Dak Prescott corría un riesgo tremendo al haber optado por jugar esta campaña con la etiqueta de jugador franquicia. Apostó por sí mismo y lo que pudiera demostrar durante la temporada del 2020 para conseguir el contrato que él consideraba justo de acuerdo a lo que sabía que aportaba al equipo de Dallas.

La oferta no parecía ser mala. Hasta el pasado 15 de julio, el egresado de Mississippi State tenía sobre la mesa un ofrecimiento multianual de entre 33 y 35 millones de dólares al año, que sonaban como un buen acuerdo para un quarterback que no ha ganado nada. Sin embargo, Prescott sabía que esa cifra quedaría por debajo de lo que marcaría la tendencia de la posición en los años venideros, y sobre todo, sabía de su importancia en los partidos para disfrazar en muchos casos las varias deficiencias del equipo y por ende los resultados.

Y es que Prescott, sin ser un quarterback de élite, no se había perdido ningún partido desde que ingresó a la NFL en el 2016 y dejó gratas sensaciones apenas en su año de novato. Junto con Ezekiel Elliott, la máquina ofensiva funcionaba, dejando una marca de 13-3 para meterse a playoffs y caer en ronda divisional. Desde ese año a la fecha nunca tuvieron temporada perdedora pero ciertamente con Jason Garrett como head coach tampoco pasaban del primer juego en postemporada.

Ya no está Garrett, a quien se le achacaban todos los problemas de funcionamiento en el equipo, y claro, también las malas decisiones en momentos clave. La apuesta fue por un head coach con experiencia y con carácter para lidiar con los egos que van desde la cúpula presidencial hasta el vestidor de uno de los equipos más populares de la liga. Mike McCarthy tomó al equipo y mucho no se le puede reclamar, de momento, pues en su primera temporada encontró un roster prácticamente armado, y ante las condiciones actuales, echó a andar su plan de juego sin pretemporada.

Creíamos que lo peor que podía pasarle a Dak Prescott en este año como jugador franquicia sería una lesión que lo marginara de la competencia y que entonces tuviera que entrar en acción Andy Dalton, supuestamente el suplente más confiable de la liga tras sus nueve años de experiencia como titular con los Cincinnati Bengals.

Ese escenario terrible llegó en Semana 5 con la lesión que todos vimos frente a los New York Giants. No solo significaba el fin de la temporada para Prescott, para ser honestos, también parecía haber terminado con su estancia en Dallas, pues volver a colocarle la etiqueta de jugador franquicia prácticamente a ciegas a un jugador que viene de lesión, era casi impensable, lo mismo que ofrecerle un jugoso y aun mejor contrato multianual. Pero ahora, todo eso cambió, vistos los graves problemas del equipo sin Dak, esto puede jugarle a favor mientras él piensa en su recuperación.

Lo errático que fue Dalton durante todo el juego, los balones sueltos de Ezekiel Elliott, lo endeble de Michael Gallup, la ofensiva fue de pena ante Arizona. Los problemas defensivos no solo siguen presentes, sino que conforme avanzan las semanas van empeorando, son ahora mismo la burla de la liga, no presionan al quarterback rival, no provocan pérdidas de balón, no pueden frenar a ningún corredor, parece un paseo de ratones entre tanto gato perezoso que se queda impávido viéndolos pasar.

Podemos reconocer que al menos con Prescott se mantenían en el campo de manera más decorosa e incluso llegaban a salvar partidos. Hoy lo extrañan más de lo que todos nos imaginábamos y lo que resta de la temporada será duro.

Si son sensatos, la franquicia le dará el contrato que Prescott quiere; para ello ya venían haciendo ajustes laborales a otros jugadores, con el fin de hacer espacio en su tope salarial.

O si los Cowboys vuelven a utilizar la etiqueta sobre Prescott, les costará 37.7 millones de dólares.

“El que hoy no te valora, mañana te extraña”.