El paso de Marcelo Salas por River Plate

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A mediados de 1996, Boca Juniors se interesó en Marcelo Salas, un joven delantero que brillaba en la Universidad de Chile. El entrenador Carlos Bilardo aceptó su llegada, pero antes pidió hacerle una prueba. El DT tenía una idea por lo menos discutible: "nunca un jugador chileno ha triunfado en Argentina". Ese concepto enojó mucho al futbolista, que se negó a hacer el "examen" y el pase no se concretó. Pocos días después, River Plate sí decidió ficharlo sin necesidad de prueba alguna. Y el Matador no tardó en convertirse en ídolo.

"Aceptaba que aquí no me conocieran, pero yo ya había metido 99 goles en la U de Chile y no tenía que probarme para nada", declaró al llegar a Buenos Aires quien ya se había ganado el apodo de Matador. River había sufrido su talento en las semifinales de la Copa Libertadores 1996 y conocía a la perfección a la nueva gran estrella del fútbol chileno. Bilardo se arrepintió muy rápido, porque el atacante de Temuco se adaptó enseguida al torneo argentino y fue una de las grandes figuras del campeón.

River pagó 2.600.000 dólares en la que fue una transferencia récord para el fútbol chileno. Con sólo 21 años, Salas era la gran esperanza de la Roja que buscaba regresar a una Copa del Mundo después de 16 años. Por eso, a nadie le sorprendió demasiado el gran nivel mostrado apenas se puso la camiseta rojiblanca. Marcó su primer gol en la sexta jornada, nada más y nada menos que en la Bombonera y frente al Boca de Bilardo. River perdió 3-2 el Superclásico, pero Salas comenzó a transitar su camino goleador en el país trasandino en el juego más importante de todos.

Dos fechas antes, el día de su presentación oficial, el Matador había demostrado toda su personalidad. Partido empatado 2-2 ante Huracán y, a pocos minutos del final, penal para River. Entonces Salas, decidido, tomó la pelota y pidió ejecutar el penal. Sin embargo, Marcelo Gallardo se la quitó y se la entregó a Francescoli, quien marcó el tanto de la victoria. Fue un gesto para demostrar que no venía a Argentina sólo a pasear.

El hecho de que su debut en las redes fuera en la casa del clásico rival hizo que la hinchada riverplatense lo adoptara como uno de los más queridos de aquel plantel inolvidable. River tenía jugadores de sobra y por eso muchas veces Salas comenzaba en el banco de suplentes. Julio Cruz compartía la delantera con Enzo Francescoli y el chileno esperaba sus momentos. Y los aprovechaba. Por ejemplo, contra Platense ingresó y cerró la goleada 4-1, mientras que frente a San Lorenzo también convirtió en el 4-0.

Su primer doblete llegó en un 5-1 ante Ferro, días después de la derrota contra Juventus en la Copa Intercontinental. En aquel partido en Japón, Salas ingresó a los 27 minutos de la segunda parte en reemplazo de Julio Cruz y vio desde adentro de la cancha el golazo de Alessandro Del Piero que le dio el título a los italianos. Fue su primer gran decepción en el club argentino, aunque menos de un mes después vivió una de sus mayores alegrías: convirtió dos goles en el triunfo ante Vélez que le dio el título a su equipo. Aquella noche lluviosa en el Monumental, el crack de Temuco enterró para siempre aquella creencia de que los chilenos fracasaban en Argentina.

El año 1997 fue uno de los mejores de su carrera. Además de conseguir la histórica clasificación para el Mundial con la Roja, ganó tres títulos con el conjunto millonario: el Clausura (marcó 4 goles), el Apertura (10 goles) y la Supercopa, que lo tuvo como gran estrella. Además, fue elegido como mejor futbolista sudamericano del año.

Para todos en River, la Supercopa 97 es sinónimo de José Marcelo Salas. Fue su torneo perfecto desde principio a fin. Aunque no fue el máximo artillero (su compatriota Ivo Basay anotó un gol más), sin dudas se destacó como el mejor jugador del certamen. Anotó por primera vez en la segunda jornada, en la victoria 3-2 frente a Santos de Brasil. Luego, también festejó en el mejor partido de River en la Copa: una gran goleada 5-1 sobre Vasco da Gama. Al mismo rival le convirtió su último gol en la primera fase, en el 2-0 de Río de Janeiro.

Su show fue en las semifinales y en la final. Tanto a Atlético Nacional de Medellín como a Sao Paulo le marcó dos goles y gracias a dicho aporte su equipo levantó el trofeo internacional. Entonces, el Monumental entero festejó la consagración al grito de "chileeeno, chileeeno". Fue su última función de esta etapa en River Plate, porque Lazio pagó la extraordinaria suma de 17.500.000 dólares y se lo llevó.

Tras un lustro agridulce en el Calcio, regresó a uno de sus grandes amores en 2003, cuando todos creían que tenía mucho para dar. Brilló en la Copa Sudamericana de ese año y marcó dos goles en la primera final ante Cienciano, aunque el equipo peruano se quedaría con el título. Se coronó campeón del Clausura 2004 y también se destacó en la Copa Libertadores 2005, en la que River llegó hasta las semifinales. Luego, sus repetidas lesiones no le permitieron mantener el mejor nivel y regresó a la U de Chile.

A pesar de ese final triste del romance, Marcelo Salas siempre será recordado como una figura de uno de los mejores River de la historia. Eso nadie se lo quitará jamás.